martes, 6 de mayo de 2014

Acerca de la calidad educativa

El Gobierno realiza una consulta (mediante encuesta, consulta a expertos y estudios complementarios) a la comunidad educativa para que lo ayude a mejorar los aspectos curriculares y administrativos del sistema educativo que, por ellos así concebidos, sería lo mismo que dotar de calidad a la educación  venezolana. Algunos profesores invitados por el Gobierno se han incorporado muy entusiasmados a la consulta, pero otros la han rechazado por considerarla engañosa (más que mejorar busca legitimar) y que, en cuanto tal, sufriría la misma suerte de las consultas anteriores.
En lo personal considero que toda invitación del Gobierno debe ser atendida, e incluso, debe ser aprovechada para trabajar junto a aquel en el mejoramiento del quehacer escolar, aún en el marco de una dictadura como sucedió con Rubén González y Guevara Rojas, ministros de Instrucción del gomecismo, que mejoraron la instrucción pública de la época, en dictadura y sin pretensiones de calidad; algo similar puede hacerse en nuestra dictadura.
Sin embargo, es bueno tener presente que “lo mejor y lo de calidad” no son sinónimos; en este sentido un sistema educativo puede haber mejorado mucho pero no haber alcanzado los estándares mínimos de calidad; y, por otra parte, ciertos colegios tradicionales como Eton (Inglaterra), por ejemplo, no cambian su tradición, ni siquiera para mejorarla, porque ese es su inamovible sello de calidad.

Desde antes del 2007 Venezuela comenzó a negarse la posibilidad de una educación de calidad al descartar, y en algunos casos contrariar, los lineamientos que en materia de educación están contemplados en el Plan de la Nación 2001-2007. En ese plan, y en total concordancia con la Constitución de 1999, se establecen los principales parámetros que enmarcaban lo que pudo ser un sistema de educación de calidad que, básicamente, se cimentaba en dos pilares: democracia y meritocracia.

 Por lo contrario, el camino elegido, Plan de la Nación 2007-2013, descartó la meritocracia  y no prohijó la calidad del proceso revolucionario sino la permanencia en el poder a toda costa y a cualquier costo. Obviamente, la calidad en un proceso como este no sólo pierde relevancia sino que puede convertirse en un estorbo, como de hecho ocurrió con la educación venezolana durante el desarrollo de los planes 2007-2013 y lo que va del  Plan correspondiente al 2013-2019.

Paralelo a la consulta ya aludida se pretende evaluar la calidad de la educación mediante el análisis de los libros de textos (que ya se distribuyeron profusamente) y la Colección Bicentenaria.  Más allá de la ausencia de directrices para manejar los resultados de la evaluación de los libros de textos y la Colección Bicentenaria, confunde que el análisis sea hecho mediante un prorrateo de bondades y defectos en los materiales examinados. Así, hemos oído decir, por ejemplo, que el “culto a la personalidad” está presente, pero que no es tan exagerado como se alega. Una sola manifestación del culto a la personalidad sería exagerada para La Constitución y la Ley Orgánica de Educación, claro, si se estuviese pensando más en la calidad que en la propaganda del Psuv.

Si se quiere mejorar la educación se pueden acordar, o considerar, ciertas acciones entre Gobierno y oposición que logren la mejora institucional y burocrática de aquélla; ejemplo, debería considerarse la eliminación de las misiones educacionales, pues al hacerlas permanentes se reconoce la imposibilidad de institucionalizar el cumplimiento de la Misión; o la solución del problema de “ Las Tres Marías” (escasez de profesores de educación media para las asignaturas de Matemáticas, Biología y Química, y otras).


En este sentido, y a propósito de la Consulta que se ha emprendido, se han publicado algunos trabajos que proponen medidas inmediatas y concretas como las sugeridas por la profesora Nacarid Rodríguez (2-5-2014) en su trabajo: “Consideraciones acerca de la Consulta Nacional sobre la Calidad Educativa” que, en mi opinión, debería ser considerado para su conocimiento y discusión. Tales aportes no comprometerían a ninguna de las partes porque se harían en el marco de las responsabilidades del Estado Docente.

lunes, 28 de abril de 2014

Oposición sin capacidad de diálogo

El pretendido diálogo entre el Gobierno y una parte de la oposición, ni es tal ni puede contribuir al rescate de la democracia. Habrá verdadero diálogo cuando la ganancia de cada interlocutor dependa de la pérdida del otro, es decir, que de no hacerse el costo sería mayor al beneficio. El Gobierno está en su peor momento pues sólo los une el miedo a perder las prebendas políticas y materiales (legado) que el difunto les deparó; unidad chucuta, pero unidad; pero el pedazo de oposición está mucho peor, porque concurre sin el reconocimiento de la facción más activa en la calle, ni el respeto por el organismo (MUD) que los representa, en otras palabras, no exhibe ni una pizca de unidad. Su falta de unidad la condena a sólo perder.

¿Tiramos la toalla? Claro que no, pero hay que comenzar la construcción de una nueva unidad opositora que no esté partidizada (la MUD es un reducto de PJ); que sea incluyente (todo el que se oponga a la política del Gobierno será bien recibido),  y con una dirección colectiva (recordar que el conflicto que se inició el 12-2-2014 fue, y sigue siendo, una contienda entre líderes de PJ). Añádase a esto la aparición de un nuevo elemento opositor que para algunos efectos puede ser de los “buenos” y para otros ser de los “malos”. Me refiero a los estudiantes que, como dice Aveledo, son oposición pero se representan a sí mismos. Pasamos de una sequía opositora a un exceso anárquico de opositores “freelancer”.

Se aprobará lo que el Gobierno quiera y los organizadores de las protestas admitan; lo que apruebe la oposición oficialista no cuenta porque está sujeta a la consideración y aprobación de la disidencia opositora. Los “mudistas” quedarán entrampados: si acuerdan con el Gobierno quedarán mal frente al país; si rechazan lo que el Gobierno ofrece, quedarán mal frente al mundo.

¿Qué puede ofrecer el Gobierno que parezca ceder sin avanzar un milímetro? Una amnistía selectiva que libere algunos políticos, pero deje castigados a los líderes de la revuelta. El adecentamiento de los poderes públicos, así como el Plan de la Patria es materia constitucional que no se ventilará en estos “diálogos” sino en la calle, porque el Gobierno, en esto,  no cederá un ápice.


Las acciones de protesta languidecen sin que se vislumbre una salida honrosa y pragmática, de hecho, la otra “salida” que debía darnos esa satisfacción, murió al nacer. Pero estas escaramuzas nos dejan dos tareas que pueden alentar la esperanza de Pandora: la conquista de la calle (a pesar del despecho de Jorge Rodríguez) y la defenestración de la MUD, acción clave para quitar a este organismo el monopolio opositor. En ambos casos los estudiantes deben llevar la voz cantante porque son los menos partidizados, que no apolíticos, pero sin perseguir hegemonía alguna sobre la dirección colectiva que habrá de establecerse.

miércoles, 9 de abril de 2014

“Ciertas condiciones aplican”

Los cambios políticos acaecidos en los últimos años en los países árabes han logrado patentar un modus operandi para enfrentar dictaduras y gobiernos autoritarios de la región; y la fórmula ha sido tan exitosa que ya se ha exportado a Europa (Ucrania). Básicamente consiste en aprovechar un detonante que justifique una protesta de calle que sea lo suficientemente intensa para generar una represión desproporcionada por parte del gobierno, y tan extensa que en lo inmediato pueda ser sembrada como parte de la solución política que se adopte, aunque ésta no siempre sea inmediata (Siria).

En Venezuela se acaba de ensayar la fórmula porque se consideró que la acción del Gobierno estaba madura para proveer varios detonantes: un país arruinado (alta inflación y frecuentes devaluaciones) a pesar de los ingresos petroleros; que entrega su soberanía política a Cuba, la económica a China y la militar a la camarilla política en el poder; en la que el Ejecutivo ha conculcado los otros poderes públicos y viola reiteradamente la Constitución; y una hipercorrupción dolarizada. Entonces, ¿por qué si los detonantes valen para todo el país, sólo la mitad de él reacciona positivamente ante la protesta que ahora languidece sin encontrar la “salida” que ella misma propuso e impuso?

Nos luce que los líderes opositores (no sólo los que fracasaron ahora, sino los que tienen quince años haciéndolo) sólo han leído la parte superior de la primera página del folleto de promoción, y no se han percatado que para Venezuela, en nota al pie y letra chiquita, se puntualizan “Ciertas Condiciones que Aplican” para que la aventura tenga la posibilidad de ser exitosa:

  1.       Asegurarse que la oposición está realmente unida. La unidad con base en los partidos políticos no es verdadera porque los intereses partidistas privan sobre los nacionales; como sucede actualmente con PJ, cuyos intereses privan sobre todo lo demás y por eso persigue la hegemonía partidista dentro de la mesa. La unidad partidizada es excluyente.
  2.            Que la oposición esté comprometida con un mismo propósito. Por ejemplo, en las últimas protestas no estaba claro si se quería que el Gobierno cambiara o un cambio de Gobierno. A la postre, ambas posiciones fracasaron. Quienes pretenden que la dictadura cambie sin presionarla; y los que quieren derrocarla sin saber ni tener cómo.
  3.       La oposición debe asegurarse de ser mayoría, y esto no sólo se alcanza por vía electoral, especialmente cuando se lidia con una dictadura.  Actualmente la oposición es mayoría en la calle, pero no puede usufructuar ese capital porque carece de una conducción que sea reconocida y aceptada. En la mayoría deben estar representados todos los estratos sociales.
  4.             La oposición debe contar con una dirección colectiva. Este es el mejor mecanismo para evitar el caudillismo y un liderazgo partidista como sucede actualmente con PJ que se preocupa más por su proyecto particular, que por los efectos de la dictadura que sufrimos. Ningún opositor puede estar por encima de la unidad; aunque puede estar fuera de ella.
  5.             La oposición debe dedicar todo el esfuerzo posible para granjearse el apoyo de la opinión internacional, a pesar de que en América Latina la mayoría de los gobernantes que han recibido ayuda económica de Venezuela son reacios a entender que la gratitud debe ser con el pueblo, no con los gobernantes; en todo caso, los países tienen ex gobernantes y personalidades muy relevantes que no le adeudan petróleo a la dictadura chavista.


Las condiciones del 2 al 5 pueden presentar matices en y para su consecución; ¡pero la primera no! O nos unimos por encima de los partidos políticos, o vegetamos con PJ.


César Villarroel Castillo

domingo, 30 de marzo de 2014

Primero Justicia vs Primero Justicia

En El Universal del 30-3-2014 Luis V. León publicó un interesante artículo titulado: “¿Cambio del Gobierno o de Gobierno?” en el que establece una confrontación entre dos facciones (clúster) de la oposición: “una que tiene por objeto presionar al Gobierno para negociar cambios estructurales”, y otra que es “naive, colaboracionista o ambos”. Tenemos observaciones a estas caracterizaciones tan sesgadas del señor León.

Nos luce que su bosquejo favorece al liderazgo y estrategia de la MUD y de  Capriles; pues bien, cuando vean a la MUD y su candidato presionar al Gobierno para negociar cambios estructurales nos avisan porque será un acontecimiento. De hecho, los acontecimientos del 12-2-2014 se precipitan porque la mayoría de la oposición decidió competir por la calle en contra de Capriles y su estrategia soporífera. La pretensión de volver a la misma no solo es errónea sino vergonzosa. Por eso resulta absurdo acusar de colaboracionista a López y Machado; es Capriles quien es, y debe ser, historia.

¿Por qué la facción naive no aprovechó el torpe manejo de la situación por parte del Gobierno? Porque no era tan naive; de hecho, tenía una agenda oculta que entre lo más sencillo de sus peticiones incluía la cabeza de Maduro. Esto generó una confusión que hizo posible que el Gobierno jugara su mejor carta: la guarimba violenta y anárquica. En este sentido, no hay que olvidar que los primeros muertos (12-2-2014) los puso y los mató el oficialismo para culpar a una oposición que, secretamente, también buscaba eso. Nos sonsacaron con una “salida”, pero solo cambiaron la combinación de la cerradura.

Curiosamente,  en esta escaramuza política la contienda se da entre liderazgos de una misma cepa: Primero Justicia. Esta agrupación política ha sido el partido madre de la MUD, tanto, que durante la realización de las primarias de la oposición, en la misma noche en que fueron evaluados los méritos de los candidatos, Leopoldo López declinó su candidatura en favor de Capriles por temor a que resucitaran la inhabilitación que pendía sobre su cabeza. Desde ese momento la MUD fue controlada por PJ que trabajó, y trabaja, para que uno de los suyos sea el próximo Presidente de Venezuela.


Lo anterior no es criticable si  no fuera por la circunstancia de que estamos padeciendo una dictadura que nos exige centrarnos en la derrota del régimen y no en el desarrollo político de algunos de los líderes. Después que esto pase, López se convertirá en el líder indiscutible de los guarimberos violentos porque acepta sin criticar sus desmanes; pero ser líder de la oposición es otra cosa, y creo que López con su actitud de ahora se ha alejado mucho de esa posibilidad. Como refiere La Razón en su edición del 30-3-2014: “Capriles, Machado y López (y la MUD) son los sepultureros de la Mesa de la Unidad Democrática”

miércoles, 19 de marzo de 2014

Y ahora, ¿seguiremos con la MUD?

Escribo estas reflexiones cuando las guarimbas sólo han dejado cenizas no renovables por el Ave Fénix, y la tarea humillante de barrerlas por parte de los alcaldes opositores. Una vez más la oposición venezolana se ha derrotado a sí misma, pero contabiliza en su haber dos victorias no desdeñables: reconquistó la calle y nucleó la idea de que es imprescindible reorganizar la oposición. La protesta con la calle, que no callejera, nos dará la magnitud del respaldo popular a nuestros reclamos. En una dictadura la calle es el principal espacio opositor, sin embargo, la oposición actual ignoró ese principio porque todavía no admite la existencia de la dictadura. La MUD cree, todavía, que se puede dialogar con los colectivos armados y con el Ño Pernalete de la AN. Es el momento de escribirle su epitafio.    

La oposición está tan acostumbrada a la derrota que luce ocioso analizar sus causas; en este caso, sin embargo, la derrota extingue la vieja oposición y nos exige una nueva; por eso aventuraremos algunas hipótesis con relación a sus causas. La que más resalta es que la oposición no ha podido, más bien no ha sabido, aprovechar las ventajas que le depararon las circunstancias políticas, y hasta la providencia, porque durante todo este tiempo  creyó, o quiso creer, que adversaba a un gobierno democrático y participativo; de ahí que su accionar se concretó en la espera de elecciones orquestadas y desarrolladas por los partidos políticos; sólo ahora se habla de dictadura, aunque todavía quedan algunos Julio Borges que recomiendan pisar quedo, no vaya a ser que se despierte el “gigante”.  

Con base en lo anterior, la oposición venezolana centró su esfuerzo en aceptar y preparar un partido político (PJ) para que, eventualmente, asumiera las riendas de un gobierno post Chávez; cuya  estrategia se caracterizara no por bregar el poder sino por esperar que se lo dieran; su juventud era (¿es?) su principal arma, por eso, al igual que el potro de “caballo viejo”, podía dar tiempo al tiempo porque le sobraba la edad. Pero advinieron las sobrevenidas: la muerte del caudillo y de la democracia venezolana. La dictadura, desnuda, se hizo más nítida y obscena. Frente a esto, una parte de la oposición  decidió, asumiendo los riesgos, abandonar el chinchorro y protestar en la calle y con la calle, para hacer verdadera oposición. Muchos les creímos y apoyamos.

La reconquista de la calle fue todo un éxito, aunque ensombrecido por el número de víctimas (heridos, muertos y detenidos); cada marcha superaba la anterior hasta llegar a la apoteósica del 2 de  marzo. Sin embargo, en cada nueva marcha los propósitos y mecanismos de la protesta también fueron cambiando; algo parecido a una consigna del “mayo francés de 1969”: “Cuando ya sabíamos todas las respuestas, nos cambiaron las preguntas”. Fuimos convocados para tomar la calle, y terminamos queriendo tomar el Gobierno; nuestra fuerza comenzó por evidenciar la magnitud de la marcha, y terminó por hacer proliferar, sólo en el este de Caracas, la inútil y perjudicial guarimba. Los líderes que convocaron a reconquistar la calle son responsables de que ese propósito se haya desvirtuado.

Los acontecimientos políticos de los meses febrero y marzo terminó siendo una escaramuza entre dos fracciones al interior de la MUD, o mejor, al interior del partido PJ y sus aliados por cuestiones de liderazgo; el enfrentamiento con el Gobierno fue un intento por, como se dice en ajedrez, “comer al paso”. Sus resultados permiten  identificar a los perdedores irreversibles: la fracción que representa al sector oficial de la MUD y, especialmente, la estrategia desarrollada por Capriles: paciencia y votos. En el futuro político inmediato, esta posición ya es historia.

Por la otra, la fracción que reivindica la calle como espacio más idóneo para enfrentar una dictadura. Liderada por López, Machado y Ledezma enarbolaron, a las primeras de cambio,  la bandera de reconquista de la calle, pero rápidamente fue arriada a mitad de camino creando mucha confusión y anarquía. De esta posición debería rescatarse la concepción de la calle como espacio anti dictatorial, pero rechazar la falta de planeamiento que raya en la irresponsabilidad. Como se ve, ambas estrategias fracasadas demandan con urgencia una reorganización de la oposición.  No hace falta una nueva MUD, sino una nueva oposición.

lunes, 10 de marzo de 2014

Rebeldes: con causa pero sin liderazgo

Las protestas que comenzaron el 12-2-2014 continúan (9-3-2014) con más pena que gloria. Con pena porque el movimiento devino en uno anárquico que desvirtuó su propósito, si es que alguna vez lo tuvo, y desacreditó su estrategia y tácticas, perdiéndose el efecto de la reconquista de la calle mediante las grandiosas marchas del 12, 18, 22 de febrero  y la apoteósica del 2 de marzo; y se adoptara la guarimba violenta y estúpida como el signo más visible de la protesta. Con gloria,  porque internacionalmente se pudo demostrar, sin ningún género de dudas, que el gobierno de Venezuela es dictatorial y forajido, porque no sólo oprime a sus ciudadanos sino que no respeta el derecho internacional.

¿Cómo llegamos a estos resultados? Por falta de liderazgo. Leopoldo López y María Corina Machado nos engañaron al convocarnos para reconquistar la calle y luego cambiaron el propósito hacia el derrocamiento de Maduro. El objetivo inicial era despertar a la oposición del letargo en que la MUD y Capriles la habían sumido. Este objetivo se logró con creces pero para entonces, tercera marcha, ya había dejado de ser el objetivo. El movimiento se anarquizó y respondió a la violencia de la represión gubernamental con la de la guarimba; que los líderes (tanto caprilistas como lopecistas) no se atrevieron a  condenar ni desafiar y, en algunos casos, hasta la justificaron.

La mayoría de los análisis sobre el futuro de la oposición política conducen a una misma conclusión: ella deberá reorganizarse. ¿Cómo? Ya se asoman algunas ideas, por ejemplo, la de unir en un solo movimiento opositor a caprilistas y lopecistas; unión que podría sellarse con un abrazo y una moneda para lanzarla y saber a quién corresponde la presidencia en el nuevo gobierno. La ironía no evidencia burlona seguridad sino real preocupación, pues por esta vía podría llegarse a un paralelismo político entre Gobierno y oposición: en el Gobierno, Cabello y Maduro como presidentes eternos; y en la oposición Capriles y López como eternos candidatos. 

Sin embargo, hay quienes consideramos que la MUD y las políticas y hombres que las llevaron a cabo ya cumplieron su ciclo vital, ya no dan, ni deben dar más. La MUD no debe ser maquillada sino transformada; y esa transformación debe tener como eje la ausencia del monopolio de activistas políticos en las instancias de dirección. La historia de la MUD es la de un eterno forcejeo entre las diferentes fracciones políticas que la integran, por proporcionar a sus parciales prebendas o posiciones que le depararan ventajas políticas al partido que representan. ¿Anti política? No, anti politiquería.


Una reorganización de la oposición pasa, primero y prioritariamente, por definir y caracterizar la naturaleza política del Gobierno: ¿Es o no una dictadura? De la respuesta que se dé a esta interrogante dependerá el rostro y accionar de la nueva oposición; una respuesta que debería darse en un espacio inclusivo y diáfano para que en lo adelante cada quien sepa a que atenerse.  ¿Quién tomaría las riendas de esa reorganización? En mi opinión hay que darle a la MUD una última oportunidad para que se vaya por la puerta grande, y que sea ella misma quien convoque a los representantes de los diferentes sectores que habrán de transformarla. Una nueva oposición así concebida se confundiría con una verdadera unidad nacional.

domingo, 2 de marzo de 2014

Oposición, otra vez entrampada

Las concentraciones opositoras de los días 12, 18 y 22 de febrero nos ilusionaron porque se había reconquistado la calle y, aparentemente, se había preservado la unidad; y si bien el voluntarismo de tales acciones resultaba bastante riesgoso, lo justificamos porque, como escribió Moleiro, “la gestión política de la oposición no podía seguir metida en oficinas; tenía necesariamente que salir a la calle” (1), por eso dijimos en nuestro blog (2) que la acción había sido una “Imprudencia necesaria”; pensábamos, entonces, que Leopoldo López antes de entregarse había convenido con María Corina y los estudiantes hasta donde llegaba el movimiento en términos de naturaleza, duración y logros.

Al pasar de los días nos hemos dado cuenta que no hay nada pensado ni planeado; por ejemplo, el pliego de peticiones para discutir con el Gobierno es de lo más variopinto: Capriles tiene uno, Aveledo tiene otro, Ledezma aboga por el suyo y los estudiantes, junto a María Corina, tienen un rosario de peticiones muy poco viables porque no descartan el derrocamiento de Maduro, por eso amenazan seguir con las guarimbas “hasta que sea necesario” ¿Qué vaina es esta?, ¿con este despelote opositor se pretende cambiar al Gobierno? Si los llamados líderes de la oposición no reparan en  lo que lograron y ahora arriesgan torpemente, no merecen que se les considere como tales.

¿Qué se logró? El regreso a la calle por la puerta grande; cierto, esta particularidad no es exclusiva de la oposición, pero a ésta le cuesta menos llenarla y hacerla vibrar que al sector oficialista que para asistir debe ser bozaleado e intimidado, y siempre que no se cometa el error de Capriles de considerar estos apoyos de masa como un depósito a plazo fijo que sólo se moviliza en el momento de una elección. La calle opositora de ahora en adelante debe convertirse en la principal instancia de contraloría social y política, hasta que se restaure la democracia y volvamos a tener una contraloría decente.

El otro logro muy significativo es que la ocasión permitió desnudar internacionalmente el carácter  represivo del régimen; por supuesto esto no es un haber de la oposición sino un error garrafal del oficialismo al tratar de censurar a las agencias internacionales de noticias, especialmente lo sucedido con CNN que durante estos días privilegió en su parrilla de noticias los sucesos de Ucrania y Venezuela, estableciendo veladamente (a veces no tan velada) un paralelismo entre ambos gobiernos. Ahora el Gobierno de Maduro ha recibido una repulsa internacional que no lo saca del poder pero que lo impregna del tufo totalitario de los Estados forajidos. 

Lo anterior fueron grandes logros, pero a un costo exorbitante. La presencia de muertos y heridos nos debe hacer recordar que ellos no tienen filiación porque su condición común es la de víctimas. En lo que respecta a la oposición debe planificarse muy bien para reducir al mínimo el número de ellas. Sabemos que en las acciones de calles siempre encontraremos Guardias Nacionales y sicarios motorizados y de a pie; por eso hay que extremar las precauciones y, sobre todo, no darles oportunidad a los violentos, ni mucho menos imitarlos con acciones, retaliativas o no, que sólo ayudan al régimen a “justificar” su represión. No se pretende evitar la protesta sino hacerla más eficiente y eficaz, en suma, más inteligente.

La oposición reconquistó la calle pero no preservó la unidad, para ello debemos caminar por la misma acera aunque nos vistamos de diferentes colores pero uniformados en un mismo propósito. Ella no pertenece  a personalidades ni grupos; ni a Capriles ni a su partido; ni a Corina, Ledezma o López; ni a los valientes estudiantes a quienes queremos pero a los que no reconocemos derechos particulares en la defensa del país; cuando pretendamos hablar en nombre de la oposición recordar que en esta hora aciaga lo hacemos en nombre del país y sus ciudadanos. Por eso, la respuesta a las reiteradas invitaciones a dialogar por la Paz que nos hace el Ejecutivo; sólo debe ser atendida por una oposición reorganizada.

El Gobierno aprovecha la desunión opositora y los está invitando, con nombre y apellido, a un supuesto diálogo que no tiene otro propósito que el de atenuar la imagen totalitaria del régimen. Ante esto sólo cabe la creación de un frente no chavista, con un liderazgo compartido, que incorpore a los auto nombrados  líderes e incluya nuevos representantes de la sociedad civil. Cuando le demostremos al Gobierno que estamos unidos, a éste no le quedará otra que implorar el diálogo verdadero. Del Gobierno se ha dicho que cambia, o lo cambian; de la oposición también.    

(  1)    Moleiro, Alonso. El derecho y el deber de protestar. TalCual. 15-2-2014

(  2)    cvillarroelc.blogspot.com