martes, 10 de junio de 2014

Venezolanizar a Fuenteovejuna

Las resonantes victorias de las alcaldesas de San Diego y San Cristóbal nos llenó de una gran alegría y esperanza porque, además de haberle dado una soberana paliza a Maduro y sus pretensiones hegemónicas, constituía la gran oportunidad para transformar el movimiento opositor en una instancia viable de poder con una amplia base unitaria, sin hegemonía partidista y sin traumas que lamentar; pero muy pronto se fue el gozo al pozo al ver que la victoria de estas damas la pretenden convertir en una continuidad del viejo  movimiento opositor (MUD) en lugar de una oportunidad de transformación como la anteriormente aludida.

En efecto, en los análisis post electorales los diferentes grupos políticos, y algunos que no quieren que se les tilde de tales, se atribuyen su mayor o menor contribución al triunfo en cuestión. Así, la MUD, y dentro de ésta especialmente PJ, UNT y AD; Voluntad Popular y los grupos que revoletearon en torno a la “salida”; los estudiantes, curiosamente sin desprenderse de su militancia partidista; sectores representantes de la llamada sociedad civil; y los radicales, anarquistas de “medio pelo” con su buena dosis de infiltrados, se supone que constituyeron la base unitaria con la que se derrotó a Maduro y que, por eso, hay que mantenerla.

La unidad requerida por la Venezuela de hoy debe ser como aquella que nos pintara Lope de Vega  en su gran obra teatral: Fuenteovejuna, una unidad sin contribuyentes identificados e interesados; por eso, cuando en la obra teatral las autoridades preguntan quién mató al comendador abusador, la respuesta es tajante e inequívoca: Fuenteovejuna, es decir, la comunidad toda.

Las “Fuenteovejuna” de San Diego y San Cristóbal fueron las que pusieron en su sitio a este otro gobernante abusador; y debería ser esta nueva unidad la necesaria para enfrentar electoralmente, y en otros escenarios políticos, en lo futuro a cualquier desmán chavista. La unidad de una comunidad, de un pueblo o de una nación no puede ser la suma de acuerdos con base en intereses partidistas, sino el llamado a defender la ciudadanía, para lo cual lo importante no es el número de remeros, sino lo parejo del esfuerzo.

Ahora se pretende que la oposición se enfrasque en el pugilato de dos opciones (a más de un anarquismo misceláneo) igualmente negativas: el electoralismo “caprilero” y el popular pero ineficiente voluntarismo “lopecista”. Ambos le han hecho un gran daño a la ya maltrecha “unidad” partidista (MUD); uno pretende maniatar y amordazar la protesta, mientras que el otro la quiere lanzar en desenfrenada carrera sin  norte ni propósito. Hagamos como Fuenteovejuna, convirtamos al pueblo en líder y desechemos de una vez estos remedos partidistas.

La victoria en estas alcaldías no se debe a nadie porque se les debe a todos, aún a los que no votaron pero alentaron, por eso la votación de las damas fue superior al de los respectivos conyugues. La afrenta y el abuso fueron nacionales, como nacional debe ser la respuesta; porque si bien los votos tienen la misión muy concreta de reivindicar a Enzo Scarano y Daniel Ceballos, la lección impartida tuvo como principal destinatario a todas las instancias gubernamentales no chavistas a quienes se les recordó que, con una unidad a lo Fuenteovejuna,  ¡si se puede!

Cuando terminaba de escribir estas líneas me entero que dos ciudadanos tachirenses (léase sigüíes maduristas) han introducido un recurso ante el TSJ en contra de la alcaldesa de San Cristóbal con el propósito de amedrentarla y, eventualmente, desconocer su triunfo. Si este despecho trasnochado llegara a consumarse, la Fuenteovejuna criolla tendrá la oportunidad de demostrar en la calle la unidad que ya evidenció en las urnas electorales. Y a todas éstas, ¿qué piensa la MUD al respecto? 

jueves, 29 de mayo de 2014

Nos robaron la oportunidad de ser mejores

La política económica de los gobiernos de los últimos 15 años ha permitido la mayor estafa y despilfarro de toda la historia. Esto ha sido posible porque convergieron en este período la mayor riqueza petrolera  con la mayor impunidad judicial: conculcación de los poderes públicos por parte del Ejecutivo, en otras palabras, robaron tanto como los gobernantes anteriores lo habían hecho, sólo que hubo demasiado para robar y con total impunidad. Se legitimó el robo como mecanismo distribuidor de la riqueza, y la impunidad como patente de corso. Lo que sí puede asegurarse es que son los ladrones venezolanos con la mejor de las suertes.

Quizás el mejor ejemplo de lo anterior sea  Cadivi, porque engloba de manera superlativa las magnitudes de la riqueza mal habida y el nivel de inmoralidad exhibido por parte del Gobierno de turno, de sus  partidarios y hasta de la llamada oposición democrática. A Cadivi le fue estafada en solo dos años (2011-12), según funcionarios del BCV, la cantidad de 20 mil millones de dólares, cifra cercana al 95% de las reservas internacionales. Desde entonces el Gobierno anterior y el actual han prometido una lista de los responsables que, sabemos, no se conocerá porque ambos gobiernos están involucrados. El episodio, más bien, ha ingresado a la lista de “Robos perfectos” de manufactura Socialismo Siglo XXI.

Pero más allá de lo escandaloso del robo (Cadivi  ha pasado a ser emblemático por su  obscenidad e impunidad) lo que más daño causa a la nación es la pretensión de que la práctica corrupta sea legitimada mediante la acción de inscribirla dentro del legado de Chávez porque, de otro modo, los partidarios de la revolución tendrían que admitir que la política “cadivista” no sólo se practicó con conocimiento del líder, sino también con su anuencia. ¿Será por eso que Ramírez, Cabello y Rodríguez, entre otros, pregonan con entusiasmo digno de mejor causa el “éxito” de la actual política económica?

Del desastre económico hay dos cosas que no se pueden negar ni ocultar: su magnitud y su paternidad; es el robo más grande y descarado que haya sufrido el país durante toda su historia y  el padre de la  criatura se llamó Hugo Chávez, dado el carácter personalísimo de sus Gobiernos; y es imposible revertirlo a corto plazo porque los responsables de tal tarea (la revolución ideologizada) no se atreven a cuestionar la raíz del desastre económico. Prefieren una revolución inmolada a una rectificada. Para ellos la revolución, al igual que a la suegra en la canción, “hay que enterrarla boca abajo, por si se quiere salir, que se vaya más pa’ abajo”.


En los últimos 15 años al país le robaron o malversaron cerca de un billón de dólares, pero a la nación le robaron algo mucho más preciado: una revolución que significó la más factible esperanza de un cambio progresista, la revolución chavista ha sido el descrédito de sí misma; por eso, cuando cambie este régimen, porque inexorablemente tendrá que cambiar, ya no se volverá a hablar de revolución, socialismo, ni de nada que recuerde positivamente ni a Chávez ni al chavismo, porque ya nos habrán quitado la posibilidad de ser mejores, es decir, de soñar con otra revolución; a menos que las fuerzas progresistas dentro de ella decidan hacer algo al respecto. ¿La última utopía?

miércoles, 14 de mayo de 2014

Políticamente, son feos los dos

Cuando Luis Piñerúa y Herrera Campins  (1978) compitieron por la Presidencia de la República, Billo Frómeta compuso una melodía en la cual se pretendía, brujería mediante, pronosticar las señas del ganador; pero al final sólo pudo asegurar que el ganador sería feo, porque ambos contendores lo eran; de ahí el título de la melodía: “Son feos los dos”. La guaracha viene a cuento porque después del descalabro de la “salida”, a la oposición sólo le quedaría: “la emergencia de dos oposiciones o la refundición de las que existen en una” (Manuel Malaver, La Razón, 4-5-2014), es decir, elegir entre Capriles y López, juntos o por separado; nosotros sugerimos una tercera opción: ninguno de los dos, porque, políticamente, son feos los dos.

Uno no ha sabido, ni podido, defender unos resultados electorales (incremento de votos) y, como todo le ha sido dado, recomienda y practica la estrategia de esperar que el maná político le caiga  de las tramoyas partidistas, como ocurriera cuando logró la candidatura de las primarias. El otro recorrió con relativo éxito el acontecer político hasta ganar la batalla de la calle, pero luego se atasca en la “salida” y arriesga  y pierde lo ganado al enfrascarse en escaramuzas callejeras, sin que, a la fecha, haya podido ofrecer una explicación plausible. Vanidad torpemente manejada.

Pero más allá del inventario de cualidades políticas de estos líderes opositores, lo que se evidencia es la ausencia de un organismo que pueda coordinar todas aquellas acciones políticas destinadas a defender la Constitución y adecentar (el término rescatar me resulta retórica pomposa) el proceso democrático que todavía resiste, aunque ya en niveles de “patadas de ahogados”. Porque en  este pugilato de seudolídres no se disputan cambios de Gobierno o régimen sino la hegemonía de agrupaciones partidistas en el campo opositor; ya sea por la estrategia de los dos dedos (uno para mojarlo en tinta y el otro para que lo chupemos), o por la cándida acción de solicitarle al dictador que renuncie.

Hace rato que diversos articulistas vienen planteando la necesidad de transformar o eliminar la MUD (eliminar es lo más apropiado para quienes creemos que transformarla no es ampliarla) para dar paso a un frente opositor, lo más incluyente y representativo posible, que se ocupe no sólo de los procesos electorales sino también de lo que es necesario hacer para llegar a éstos en las mejores condiciones democráticas. La gracia de Capriles y López nos retrotrajo a los momentos pre unitarios; la MUD hizo mitosis,  y ahora contamos con dos MUD (MUD caprilista y MUD lopecista) y ninguna unidad.


Ha llegado el momento de aglutinar y organizar a los que quieren hacerle oposición al Gobierno pero sin aceptar una hegemonía partidista; a PJ, y a todo quien pretenda cobijarse con hegemonías partidistas, hay que echarles un para’o. A los estudiantes, obreros, académicos, profesionales, artistas, deportistas, militantes partidistas, y otros; hay que recordarles que han sido convocados a una mesa de unidad, no por su militancia sino por su gentilicio. Una composición tan variopinta ameritará una dirección colectiva que oiga a todos, pero que controle a los sordos anarquistas. Democracia en las decisiones, y disciplina en su seguimiento y cumplimiento.

martes, 6 de mayo de 2014

Acerca de la calidad educativa

El Gobierno realiza una consulta (mediante encuesta, consulta a expertos y estudios complementarios) a la comunidad educativa para que lo ayude a mejorar los aspectos curriculares y administrativos del sistema educativo que, por ellos así concebidos, sería lo mismo que dotar de calidad a la educación  venezolana. Algunos profesores invitados por el Gobierno se han incorporado muy entusiasmados a la consulta, pero otros la han rechazado por considerarla engañosa (más que mejorar busca legitimar) y que, en cuanto tal, sufriría la misma suerte de las consultas anteriores.
En lo personal considero que toda invitación del Gobierno debe ser atendida, e incluso, debe ser aprovechada para trabajar junto a aquel en el mejoramiento del quehacer escolar, aún en el marco de una dictadura como sucedió con Rubén González y Guevara Rojas, ministros de Instrucción del gomecismo, que mejoraron la instrucción pública de la época, en dictadura y sin pretensiones de calidad; algo similar puede hacerse en nuestra dictadura.
Sin embargo, es bueno tener presente que “lo mejor y lo de calidad” no son sinónimos; en este sentido un sistema educativo puede haber mejorado mucho pero no haber alcanzado los estándares mínimos de calidad; y, por otra parte, ciertos colegios tradicionales como Eton (Inglaterra), por ejemplo, no cambian su tradición, ni siquiera para mejorarla, porque ese es su inamovible sello de calidad.

Desde antes del 2007 Venezuela comenzó a negarse la posibilidad de una educación de calidad al descartar, y en algunos casos contrariar, los lineamientos que en materia de educación están contemplados en el Plan de la Nación 2001-2007. En ese plan, y en total concordancia con la Constitución de 1999, se establecen los principales parámetros que enmarcaban lo que pudo ser un sistema de educación de calidad que, básicamente, se cimentaba en dos pilares: democracia y meritocracia.

 Por lo contrario, el camino elegido, Plan de la Nación 2007-2013, descartó la meritocracia  y no prohijó la calidad del proceso revolucionario sino la permanencia en el poder a toda costa y a cualquier costo. Obviamente, la calidad en un proceso como este no sólo pierde relevancia sino que puede convertirse en un estorbo, como de hecho ocurrió con la educación venezolana durante el desarrollo de los planes 2007-2013 y lo que va del  Plan correspondiente al 2013-2019.

Paralelo a la consulta ya aludida se pretende evaluar la calidad de la educación mediante el análisis de los libros de textos (que ya se distribuyeron profusamente) y la Colección Bicentenaria.  Más allá de la ausencia de directrices para manejar los resultados de la evaluación de los libros de textos y la Colección Bicentenaria, confunde que el análisis sea hecho mediante un prorrateo de bondades y defectos en los materiales examinados. Así, hemos oído decir, por ejemplo, que el “culto a la personalidad” está presente, pero que no es tan exagerado como se alega. Una sola manifestación del culto a la personalidad sería exagerada para La Constitución y la Ley Orgánica de Educación, claro, si se estuviese pensando más en la calidad que en la propaganda del Psuv.

Si se quiere mejorar la educación se pueden acordar, o considerar, ciertas acciones entre Gobierno y oposición que logren la mejora institucional y burocrática de aquélla; ejemplo, debería considerarse la eliminación de las misiones educacionales, pues al hacerlas permanentes se reconoce la imposibilidad de institucionalizar el cumplimiento de la Misión; o la solución del problema de “ Las Tres Marías” (escasez de profesores de educación media para las asignaturas de Matemáticas, Biología y Química, y otras).


En este sentido, y a propósito de la Consulta que se ha emprendido, se han publicado algunos trabajos que proponen medidas inmediatas y concretas como las sugeridas por la profesora Nacarid Rodríguez (2-5-2014) en su trabajo: “Consideraciones acerca de la Consulta Nacional sobre la Calidad Educativa” que, en mi opinión, debería ser considerado para su conocimiento y discusión. Tales aportes no comprometerían a ninguna de las partes porque se harían en el marco de las responsabilidades del Estado Docente.

lunes, 28 de abril de 2014

Oposición sin capacidad de diálogo

El pretendido diálogo entre el Gobierno y una parte de la oposición, ni es tal ni puede contribuir al rescate de la democracia. Habrá verdadero diálogo cuando la ganancia de cada interlocutor dependa de la pérdida del otro, es decir, que de no hacerse el costo sería mayor al beneficio. El Gobierno está en su peor momento pues sólo los une el miedo a perder las prebendas políticas y materiales (legado) que el difunto les deparó; unidad chucuta, pero unidad; pero el pedazo de oposición está mucho peor, porque concurre sin el reconocimiento de la facción más activa en la calle, ni el respeto por el organismo (MUD) que los representa, en otras palabras, no exhibe ni una pizca de unidad. Su falta de unidad la condena a sólo perder.

¿Tiramos la toalla? Claro que no, pero hay que comenzar la construcción de una nueva unidad opositora que no esté partidizada (la MUD es un reducto de PJ); que sea incluyente (todo el que se oponga a la política del Gobierno será bien recibido),  y con una dirección colectiva (recordar que el conflicto que se inició el 12-2-2014 fue, y sigue siendo, una contienda entre líderes de PJ). Añádase a esto la aparición de un nuevo elemento opositor que para algunos efectos puede ser de los “buenos” y para otros ser de los “malos”. Me refiero a los estudiantes que, como dice Aveledo, son oposición pero se representan a sí mismos. Pasamos de una sequía opositora a un exceso anárquico de opositores “freelancer”.

Se aprobará lo que el Gobierno quiera y los organizadores de las protestas admitan; lo que apruebe la oposición oficialista no cuenta porque está sujeta a la consideración y aprobación de la disidencia opositora. Los “mudistas” quedarán entrampados: si acuerdan con el Gobierno quedarán mal frente al país; si rechazan lo que el Gobierno ofrece, quedarán mal frente al mundo.

¿Qué puede ofrecer el Gobierno que parezca ceder sin avanzar un milímetro? Una amnistía selectiva que libere algunos políticos, pero deje castigados a los líderes de la revuelta. El adecentamiento de los poderes públicos, así como el Plan de la Patria es materia constitucional que no se ventilará en estos “diálogos” sino en la calle, porque el Gobierno, en esto,  no cederá un ápice.


Las acciones de protesta languidecen sin que se vislumbre una salida honrosa y pragmática, de hecho, la otra “salida” que debía darnos esa satisfacción, murió al nacer. Pero estas escaramuzas nos dejan dos tareas que pueden alentar la esperanza de Pandora: la conquista de la calle (a pesar del despecho de Jorge Rodríguez) y la defenestración de la MUD, acción clave para quitar a este organismo el monopolio opositor. En ambos casos los estudiantes deben llevar la voz cantante porque son los menos partidizados, que no apolíticos, pero sin perseguir hegemonía alguna sobre la dirección colectiva que habrá de establecerse.

miércoles, 9 de abril de 2014

“Ciertas condiciones aplican”

Los cambios políticos acaecidos en los últimos años en los países árabes han logrado patentar un modus operandi para enfrentar dictaduras y gobiernos autoritarios de la región; y la fórmula ha sido tan exitosa que ya se ha exportado a Europa (Ucrania). Básicamente consiste en aprovechar un detonante que justifique una protesta de calle que sea lo suficientemente intensa para generar una represión desproporcionada por parte del gobierno, y tan extensa que en lo inmediato pueda ser sembrada como parte de la solución política que se adopte, aunque ésta no siempre sea inmediata (Siria).

En Venezuela se acaba de ensayar la fórmula porque se consideró que la acción del Gobierno estaba madura para proveer varios detonantes: un país arruinado (alta inflación y frecuentes devaluaciones) a pesar de los ingresos petroleros; que entrega su soberanía política a Cuba, la económica a China y la militar a la camarilla política en el poder; en la que el Ejecutivo ha conculcado los otros poderes públicos y viola reiteradamente la Constitución; y una hipercorrupción dolarizada. Entonces, ¿por qué si los detonantes valen para todo el país, sólo la mitad de él reacciona positivamente ante la protesta que ahora languidece sin encontrar la “salida” que ella misma propuso e impuso?

Nos luce que los líderes opositores (no sólo los que fracasaron ahora, sino los que tienen quince años haciéndolo) sólo han leído la parte superior de la primera página del folleto de promoción, y no se han percatado que para Venezuela, en nota al pie y letra chiquita, se puntualizan “Ciertas Condiciones que Aplican” para que la aventura tenga la posibilidad de ser exitosa:

  1.       Asegurarse que la oposición está realmente unida. La unidad con base en los partidos políticos no es verdadera porque los intereses partidistas privan sobre los nacionales; como sucede actualmente con PJ, cuyos intereses privan sobre todo lo demás y por eso persigue la hegemonía partidista dentro de la mesa. La unidad partidizada es excluyente.
  2.            Que la oposición esté comprometida con un mismo propósito. Por ejemplo, en las últimas protestas no estaba claro si se quería que el Gobierno cambiara o un cambio de Gobierno. A la postre, ambas posiciones fracasaron. Quienes pretenden que la dictadura cambie sin presionarla; y los que quieren derrocarla sin saber ni tener cómo.
  3.       La oposición debe asegurarse de ser mayoría, y esto no sólo se alcanza por vía electoral, especialmente cuando se lidia con una dictadura.  Actualmente la oposición es mayoría en la calle, pero no puede usufructuar ese capital porque carece de una conducción que sea reconocida y aceptada. En la mayoría deben estar representados todos los estratos sociales.
  4.             La oposición debe contar con una dirección colectiva. Este es el mejor mecanismo para evitar el caudillismo y un liderazgo partidista como sucede actualmente con PJ que se preocupa más por su proyecto particular, que por los efectos de la dictadura que sufrimos. Ningún opositor puede estar por encima de la unidad; aunque puede estar fuera de ella.
  5.             La oposición debe dedicar todo el esfuerzo posible para granjearse el apoyo de la opinión internacional, a pesar de que en América Latina la mayoría de los gobernantes que han recibido ayuda económica de Venezuela son reacios a entender que la gratitud debe ser con el pueblo, no con los gobernantes; en todo caso, los países tienen ex gobernantes y personalidades muy relevantes que no le adeudan petróleo a la dictadura chavista.


Las condiciones del 2 al 5 pueden presentar matices en y para su consecución; ¡pero la primera no! O nos unimos por encima de los partidos políticos, o vegetamos con PJ.


César Villarroel Castillo

domingo, 30 de marzo de 2014

Primero Justicia vs Primero Justicia

En El Universal del 30-3-2014 Luis V. León publicó un interesante artículo titulado: “¿Cambio del Gobierno o de Gobierno?” en el que establece una confrontación entre dos facciones (clúster) de la oposición: “una que tiene por objeto presionar al Gobierno para negociar cambios estructurales”, y otra que es “naive, colaboracionista o ambos”. Tenemos observaciones a estas caracterizaciones tan sesgadas del señor León.

Nos luce que su bosquejo favorece al liderazgo y estrategia de la MUD y de  Capriles; pues bien, cuando vean a la MUD y su candidato presionar al Gobierno para negociar cambios estructurales nos avisan porque será un acontecimiento. De hecho, los acontecimientos del 12-2-2014 se precipitan porque la mayoría de la oposición decidió competir por la calle en contra de Capriles y su estrategia soporífera. La pretensión de volver a la misma no solo es errónea sino vergonzosa. Por eso resulta absurdo acusar de colaboracionista a López y Machado; es Capriles quien es, y debe ser, historia.

¿Por qué la facción naive no aprovechó el torpe manejo de la situación por parte del Gobierno? Porque no era tan naive; de hecho, tenía una agenda oculta que entre lo más sencillo de sus peticiones incluía la cabeza de Maduro. Esto generó una confusión que hizo posible que el Gobierno jugara su mejor carta: la guarimba violenta y anárquica. En este sentido, no hay que olvidar que los primeros muertos (12-2-2014) los puso y los mató el oficialismo para culpar a una oposición que, secretamente, también buscaba eso. Nos sonsacaron con una “salida”, pero solo cambiaron la combinación de la cerradura.

Curiosamente,  en esta escaramuza política la contienda se da entre liderazgos de una misma cepa: Primero Justicia. Esta agrupación política ha sido el partido madre de la MUD, tanto, que durante la realización de las primarias de la oposición, en la misma noche en que fueron evaluados los méritos de los candidatos, Leopoldo López declinó su candidatura en favor de Capriles por temor a que resucitaran la inhabilitación que pendía sobre su cabeza. Desde ese momento la MUD fue controlada por PJ que trabajó, y trabaja, para que uno de los suyos sea el próximo Presidente de Venezuela.


Lo anterior no es criticable si  no fuera por la circunstancia de que estamos padeciendo una dictadura que nos exige centrarnos en la derrota del régimen y no en el desarrollo político de algunos de los líderes. Después que esto pase, López se convertirá en el líder indiscutible de los guarimberos violentos porque acepta sin criticar sus desmanes; pero ser líder de la oposición es otra cosa, y creo que López con su actitud de ahora se ha alejado mucho de esa posibilidad. Como refiere La Razón en su edición del 30-3-2014: “Capriles, Machado y López (y la MUD) son los sepultureros de la Mesa de la Unidad Democrática”