lunes, 2 de noviembre de 2015

“Como sea y como siempre”

Ganar la contienda del próximo mes de diciembre “como sea” es la amenaza con la cual el señor Maduro nos informa con su peculiar estilo “democrático” que,  no importa lo que el pueblo diga (es la única traducción posible del como sea), él, junto a Unasur y la señora Lucena expropiarán los resultados de esa elección. Posterior a esa declaración (27-10-2015) y,  suponemos que tratando de remendar el capote, declaró lo siguiente: (el propósito de la campaña es)…”movilizar al pueblo y ganar como sea por paliza”, es decir, un “como sea” precisado.  O sea, que en metida de pata, como dicen los españoles, “ya éramos muchos, y parió la abuela”. Lo mejor en estos casos es darle vacaciones a la jeta, pero no creo que el actual encadenamiento lo permita.

Sin embargo, y en honor a la verdad, Maduro lo que está es tratando de ser fiel al legado de Chávez; porque quien inauguró la amenaza electoral de ganar como sea y pronosticar un apocalipsis si la oposición llegara a ganar, fue Chávez. La diferencia estriba que Maduro profiere la amenaza y la deja ahí hasta que se desgasta o se convierte en retórica “revolucionaria”; mientras que las  amenazas de Chávez se cumplieron, en su mayoría, salvo algunas tremebundas como la de freír a los adecos en aceite, aunque quedó claro su desconocimiento, por un rato, de los resultados del plebiscito (2007) en los cuales acompañó su renuencia con golpes de escritorio  y una fétida y escatológica calificación.

Por eso, el “como sea” para ganar elecciones no se estrenará el  6-D; de hecho, su existencia electoral es consustancial al chavismo, excluida la elección de 1998 porque para entonces no sabíamos quién era ni lo que quería Chávez. Pero el “como sea” chavista siempre estuvo allí, por eso  rotulamos “como sea y como siempre”, es decir, mellizos en el  como sea y como siempre en la sumisión de los poderes públicos, en la compra de votos de nacionales y extranjeros, en la dilapidación, saqueo y simple robo de nuestras riquezas, en la estructuración de un CNE parcializado a favor del Poder Ejecutivo, en las brigadas motorizadas de los llamados “colectivos”, en suma, en ese monstruo antidemocrático que solemos calificar de ventajismo electoral. 

¿Los herederos  de la revolución seguirán obcecadamente el legado de Chávez? Parece que sí; de ahí que para la salida a la crisis solo vislumbran un hipotético repunte de los precios del petróleo en un lapso no menor de un año; y el aumento de la gasolina en un momento en que sea menor el daño político que ocasione. ¿Agenciarle a la revolución parte de unos recursos que no supieron cuidar ni reproducir?; ¿continuar reiteradamente instrumentando la política errónea que dio lugar a este desastre y con los mismos actores fracasados?, no parece lo más conducente. Maduro y su gobierno debe ser cambiado en el marco de lo pautado en la Constitución.


Porque el Gobierno ya ha hecho suficientes “méritos” para hacerse acreedor del  desconocimiento pautado en la Constitución mediante el artículo 350 de la misma. El problema no reside en saber si este es un gobierno forajido, eso es como la muerte de Gardel: noticia vieja; lo que verdaderamente importa es cómo probarlo. Por eso, todo el esfuerzo opositor debería estar dirigido a demostrar lo obvio. Por de pronto, considerar que el 6-D ninguno se quede en casa.

domingo, 25 de octubre de 2015

El 6-D puedes salir de Maduro

Algunos opositores al gobierno, dentro de la gama existente, tratan de justificar su desgano ante una posible participación en las elecciones del próximo 6-D, arguyendo que sus resultados no tocarán a Maduro; en otras palabras, todo seguirá igual porque el Gobierno no cambiará, dado el carácter regional de la contienda. Esto será cierto si Maduro gana las parlamentarias, es decir, gana mayoría de curules y  mayoría de votos en el nivel nacional. Si ese fuese el caso, la oposición en la próxima década desaparecería y la contienda política sería entre los vástagos de la vieja generación chavista: Nicolasitos, Gabrielitas y Cabellitas.

Pero en un escenario en que el Gobierno gane en los curules pero pierda la votación en el nivel nacional, entonces las cosas, después del 6-D, serían iguales a las primeras de cambio pero no serían lo mismo, pues el Gobierno tendría pintado en la frente un referéndum plebiscitario que sería constitucional, con un apoyo internacional  a prueba de trampas, y una votación contraria a Maduro superior a la alcanzada por el chavismo en la elección del 6-D. Como puede verse, con base en este análisis, los resultados de la próxima elección no solo tiene que ver con Maduro y su gobierno, sino que es a éste a quien más afecta, pues si perdiera la AN tendría, el mismo 6-D en la noche, que ponerse a hacer maletas. Si gana la AN pero pierde la elección nacional, durará en el cargo un poquito más pero no lo suficiente para continuar la dictadura.

Por eso no entendemos la postura de algunos opositores como los aludidos en el primer párrafo, porque nunca como ahora hemos estado tan cerca, como otrora lo estuvo Chile, de derrotar una dictadura mediante el ejercicio del voto. Pretextos y excusas ya no son válidas porque existe la real posibilidad de que la oposición triunfe; luego, la pregunta que un verdadero opositor a la dictadura debe hacerse es: ¿cómo hacer para que mi voto contribuya lo más posible a la derrota de Maduro?   En esta ruta  hay, todavía, muchos baches que sortear. El más importante es la falta de unidad en el nivel nacional; sin embargo, la unidad regional en algunos casos es posible. Sería criminal que no se lograra acuerdo en aquellas entidades en que la suma de la votación opositora supere al chavismo. Esto afectaría notablemente la posibilidad de ganar la AN.


Ante este panorama, el chavismo se empleará a fondo en la activación de todo su repertorio de trampas y artimañas. Ya lo están haciendo con el arsenal de provocaciones como la que han montado con la acusación a Lorenzo Mendoza. El objetivo está de bulto, generar en la oposición una respuesta emocional, afectiva de acuerdo a lo deleznable de la acusación y provocación. En situaciones como ésta es necesaria responder con cabeza fría a la provocación, pero sin ignorarla; ni mucho menos hacer como el avestruz, esconder la cabeza, estilo de respuesta seguido hasta ahora por el liderazgo opositor. Cada desaguisado del chavismo debe hacerse del conocimiento del pueblo, de la comunidad internacional y de sus organismos competentes. 

lunes, 12 de octubre de 2015

Revolución de lucro sin fines

Este título, “fusilado” a un colega de la Escuela de Educación de la UCV,  refleja un juego de palabras que pretende ser ingenioso y hasta jocoso pues casi roza los predios del chiste; pero la verdad es que es un asunto muy serio el que una institución se quede sin fines y, en el plano teleológico, solo persigan objetivos que lucren su actividad; porque  cuando evaporamos los fines en un contexto institucional, lo que en definitiva se logra es que la institución que ha sido objeto de tal despojo renuncie a su calidad institucional.

La pérdida de sus fines por parte de la revolución bolivariana despojó a ésta de lo institucionalmente sustantivo. Así, seguimos teniendo tribunales y jueces pero ya no tenemos justicia; tenemos leyes,  normativas y hasta una institución para generarlas (AN), pero es otro poder (Ejecutivo) el que las confecciona y dicta; tenemos fiscalías y fiscales pero nadie nos salva de la impunidad frente al poderoso y la complicidad con el delincuente; tenemos contralorías que no controlan el miedo, soborno o chantaje; y un CNE, teóricamente un monumento a la imparcialidad, pero  que está al servicio de quien verdaderamente  decide  cuándo, cómo y dónde se realizan y ganan elecciones en este país. 

La refundación de la universidad venezolana en 1999 con motivo de la formulación de una nueva Constitución generó la oportunidad de valorar nuevos fines universitarios. La propuesta de estos nuevos fines estuvo contenida en el Proyecto Alma Máter, concebido y dirigido por la OPSU e inspirado en la concepción de calidad educacional plasmada en la nueva Constitución; mas no hubo tiempo de ser discutida ni evaluada en su corta experiencia. De hecho, todos sus fines fueron conculcados en aras de un objetivo muy específico: la contribución de todas las instituciones venezolanas en la perpetuación en el  poder del gobernante de turno. De ahí en adelante desaparecen los fines en la educación superior y son sustituidos por objetivos altamente lucrativos, el mayor de ellos la preservación del poder político.


En el caso de la universidad venezolana, a la que ahora vanamente queremos y pretendemos asegurar su calidad, la supresión de sus fines se enmarcó en una política de anticalidad. La meritocracia, verdadero bastión de la calidad universitaria y finalidad indispensable de la educación superior venezolana, fue sustituida, paradójicamente,  por el facilismo alcahuete. Por eso no entendemos como se pretende identificar algún atisbo de calidad en una institución que quedó huérfana de la misma, porque al suprimir los fines se suprime también la posibilidad de que la educación superior venezolana ostente algún nivel de calidad institucional. Antes de Chávez la calidad universitaria era un intento fallido; después de él fue y sigue siendo su negación. 

domingo, 27 de septiembre de 2015

¿Un papa peronista?

Hay quien dice que en la Argentina primero se es peronista y después se es argentino. La aserción parece haberse corroborado por el comportamiento público de Bergoglio, el actual papa, durante su reciente viaje a Cuba, quien en sus actuaciones pareció recordarnos que él,  primero es peronista del lado izquierdista kirchneriano, sector actualmente predominante en el peronismo, y después sumo pontífice del catolicismo. Para que no quedara alguna duda acerca de la participación montonera en el último viaje del papa, la propia presidenta Cristina hizo el recorrido Buenos Aires- La Habana (tantas veces trajinado) para hacer de GPS presidencial y ayudar en las presentaciones de rigor.

Veamos. El papa se ha dignado realizar una visita al correoso Fidel Castro. Se podrá argüir que Bergoglio puede tener amigos, pero el papa no. La presencia de éste como visitante ante cualquier país, a menos que constituya un “toque técnico” por el transporte utilizado, corresponde a su condición de jefe de un Estado (Vaticano) cuyo equilibrio ideológico está obligado a mantener; y que no se nos diga ahora que el líder cubano está muy disminuido en cuanto a su poder político, porque más de cincuenta años de férrea dictadura no pueden esconderse bajo la alfombra de la geopolítica. Entonces, ¿por qué no se hacen las mismas consideraciones políticas con relación a Raúl?, porque éste disfruta de la condición de jefe de Estado, aunque la dictadura sea la misma.

Pero el papa pretendió seguir siendo Bergoglio durante el comienzo a la visita a los Estados Unidos de Norte América; así, en un tono de distensión recriminó a Obama que el modelo económico desarrollado por los estadounidenses había excluido a un considerable número de ciudadanos. Y he aquí que el peronismo populista (¿redundancia?) volvió a tomar los micrófonos indebidamente; porque cómo se puede criticar, con toda razón y derecho, la exclusión de ciudadanos estadounidenses, mientras se viene de visitar una nación, Cuba, que obvia y excluye todo un país sin decir nada al respecto.  Afortunadamente, después de estos entuertos el papa tomo las riendas  y tuvimos un pontífice más equilibrado tanto en el Congreso gringo como en la ONU.

¿Se equivocó  el papa durante los devaneos peronistas en suelo cubano? Creo que no, pues los errores fueron cometidos por Bergoglio, mas no por Francisco; que el papa  en Cuba no haya querido visitar a la disidencia cubana, pero en cambio se haya dado prisa en hacerlo con el viejo dictador es, a no dudarlo, una ofensa para el pueblo que esperaba de esta visita  un mensaje de libertad, tímido pero diáfano; y que todavía cree que por encima de los  Castro  hay alguien más. En este sentido, Bergoglio defraudó a parte de ese pueblo cubano.


Por mi parte, creo que Francisco es el mejor papa que me ha correspondido ver y oír (todo por televisión) durante mis 78 años de existencia. Humilde y modesto a pesar de su gentilicio; sincero y honesto como el tango Cambalache, y siempre sonriente como Marcelino, el de pan y vino en la tonada cristiana. Sólo cabría, más como aspiración que como consejo que controle a Bergoglio y, sobre todo, a las malas compañías que rondan por los lares sureños: Cristina, Evo, Rafael y, por supuesto, nuestro inefable Nicolás.    

domingo, 13 de septiembre de 2015

¿Cinismo y guachafita?

Las interrogantes anteriores parecen las más pertinentes para juzgar las siguientes declaraciones del Vicepresidente de la república: “Tenemos años pidiéndole a Colombia que revise su política monetaria” Y aunque el contexto de tales declaraciones  refiere al manejo y consideración de la moneda venezolana en territorio colombiano, no deja de ser una arrogancia de un alto funcionario que, en términos de política monetaria, exhibe como logro más relevante de su gobierno el haber dilapidado la riqueza del país durante la mayor bonanza de precios petroleros que conozca nuestra historia. Con base en lo anterior, ¿cómo se atreve el populismo chavista  a dar consejos y lecciones en política monetaria?   

En la explicación de este  absurdo caben dos posibilidades: primero, un cinismo superlativo, ese señor se burla de los venezolanos y confía en que no nos daremos cuenta. El Bolívar que nació pretendidamente fuerte (4,30 por dólar) ahora se cotiza  a cuatro precios: 6,30; 13,50; 200; y el  llamado negro o paralelo que ya ha alcanzado la barrera de los 700. Esos instrumentos en un marco de política monetaria, generaron un proceso de corrupción que solicita al Estado dólares a 6,30 y los revende a 200 y hasta 700 en el mercado negro, y con total impunidad (Giordani, dixit) ¿Será ésta la política que Arreaza está reclamando a Colombia? Pero lo más grave es que este deterioro del signo monetario venezolano se dio, hasta 2014, con un barril de petróleo que superó los 100 dólares y, sin embargo, generó una inflación cercana a un 200%. Despelote con toda la significación del término.

 Segundo, estas declaraciones se enmarcan en la curiosa diplomacia venezolana que en la mañana le “mienta la madre” al  funcionario extranjero (escatología matutina) y en la tarde extiende su brazo y una invitación al mismo funcionario para bailar juntos la “Pollera colorá”. Cinismo en el desayuno y guachafita en el almuerzo.

La oposición venezolana, cualquiera que ella sea, no debería distraerse con estos potes de humo; tiene que asegurarse que en lo que resta para el 6-D todo voto del descontento opositor sea uno que golpee al gobierno de Maduro.   Para ello la oposición debe ganar en cualquiera de los siguientes escenarios: en el volumen de curules conquistados y en una votación nacional mayoritaria. La mayoría de curules no es fácil de alcanzar porque ya existen leyes que garantizan el ventajismo oficialista y, además, porque la misma oposición (más bien la MUD) no logró cuajar la Unidad Nacional. Sin embargo, un simple aumento de los curules en el sector opositor ya puede considerarse una derrota del ventajismo dictatorial. No creemos en milagros pero sí en utopías razonadas y demostrables. Hay que intentarlo porque el voto utópico por el curul será la realidad en el voto nacional.  


La votación mayoritaria  en el nivel nacional favorecería, según las encuestas,  a los opositores. Este voto nacional no puede ser escamoteado ni invisibilizado como ocurre actualmente. De hecho, la votación nacional puede considerarse un plebiscito contra Maduro. Por eso vemos con preocupación que se estén inventando, ante el “no me gusta ninguno”, votos anárquicos como el voto nulo o en blanco. Si verdaderamente estás en contra del Gobierno, entonces los votos nulos o en blanco no son opciones porque no podrían contabilizarse contra el actual gobierno. No se trata de votar por alguien que me guste, sino por quien te asegure que tu voz de protesta será oída y contabilizada, es decir, por quien te disguste menos y ayude a derrotar a Maduro. Una avalancha de votos en el nivel nacional sería la estocada final para la dictadura madurista.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Hambruna e indefensión

Esos son los principales parámetros que enmarcarán la economía y política venezolanas si los resultados de las elecciones para elegir la nueva AN no evidencian, por lo menos, una clara mayoría a favor de los grupos opuestos al Gobierno de Nicolás Maduro. Una colega de la Universidad me señalaba que era una apreciación conservadora porque la hambruna ya había dicho presente, pues los jubilados de la Universidad, por ejemplo, debíamos optar por la adquisición de una ración de carbohidratos o pagar el condominio; y en cuanto a la indefensión ya Chávez había decidido que lo escrito en la Constitución había que mandarlo a lavar en la misma tintorería donde él enviaba a sus adversarios a “lavarse el paltó”.

Mas la hambruna pre electoral no se presentará con todo el dramatismo conque lo sufrió Jean Valjean en la  obra de Víctor Hugo; pues los más hambreados, en este caso, se conformarán con un “dakazo” de cualquier tipo y el ilimitado puñado de promesas a ser reactualizadas durante la próxima elección, y por eso votarán por el Gobierno. La indefensión, por su parte,  estará garantizada por la inefable sumisión del TSJ, la disciplinada actuación de los militares y la decidida actuación de esta industria del miedo que denominan colectivos, no muy disciplinada pero siempre eficiente y eficaz. Después del seis de diciembre los pobres de solemnidad volverán a serlo, y tendrán que adoptar la condición de miserables que les endilgara Víctor Hugo en su célebre novela.

Sin embargo, este cuasi fatalismo del párrafo anterior podría revertirse si todos los descontentos contra el Gobierno van a votar el 6-D, y lo hacen contra el oficialismo; si esto ocurriera se le daría “vuelta a la tortilla” Pero, y aquí comienza el mayor de ellos, no todo descontento frente a Maduro puede canalizarse hacia el voto opositor, pues éste no reconoce a la MUD como la representación de aquella; de hecho, en algunos casos el voto contra Maduro es menos duro que el voto contra la MUD. Esta parece ser la hora de los sacrificios que ninguno quiere adoptar, exceptuando María Corina Machado quien parece haberse reivindicado, en parte, por los desafueros de la Salida; mientras,  el panorama nos muestra unos seudo líderes que dentro y fuera de la MUD lo están haciendo muy mal.

Pareciera que es poco o nada lo que al sector opositor nos queda por hacer, pero hay que hacerlo. Bregar por alcanzar unidad en niveles regionales o por entidades y una votación nacional que despeje las dudas acerca de quien posee la mayoría electoral, aunque no la mayoría de curules. Con relación a lo primero hay que recordar que las Primarias sólo indican quien tiene más votos, pero no menos rechazo; y se puede salir airoso en lo primero pero muy maltrecho en lo segundo. Este es el caso de Primero Justicia que se pavonea por su “triunfo” en las Primarias cuando, en términos estadísticos, el margen de victoria no es significativo estadísticamente. Por eso, esa colcha de minorías debería privilegiar al que evidencie el menor rechazo.    


Con relación a la votación nacional se imponen dos consideraciones: ir a votar aunque se tenga la convicción de que su candidato no ganará, porque el candidato nacional es la democracia y ella, en este momento, ganará en tanto refleje el rechazo que suscita el Gobierno  de Maduro. Al elector opositor todo le es permitido, menos quedarse en casa el 6-D. Si le demostramos al oficialismo que estamos algo más que descontentos con este Gobierno, tenemos que ir a votar para evidenciarlo. Hay que buscar la manera de que tu voto protesta se conozca y se haga sentir. ¿Cómo? Los modos deben ser generados por los acuerdos regionales; y sólo si vas a votar tendrás  facturas para ser presentadas y cobradas después del 6-D.

domingo, 16 de agosto de 2015

Ante la crisis el Gobierno “activa” la inacción

Nos referimos a la pretendida unidad que han logrado los partidos políticos que integran la MUD. Sabíamos que detrás de esa “unidad” se mantenían, a más de su forma y propósitos excluyentistas,  diferencias difíciles de conciliar, a tal punto que no se le podía pedir, con permiso de Manuel Rosales, “peras al olmo”; pero que desde las mismas filas opositoras se acordara, mezquinamente, arremeter contra María Corina Machado cual credencial de mérito para coincidir y conciliar con la peor cara del oficialismo, es decir, el rostro de lo que los soviéticos llamaron alguna vez “Fascismo Ordinario”, es el colmo de la sinvergüenzura.  Frente a una dictadura cualquier coincidencia sustantiva resulta, por lo menos, sospechosa.

 Los resultados de la marcha del sábado 8-8-2015, casi en fila india, por lo escuálida, y saturada de caciques debería hacer  ver  a los manipuladores de la MUD que los que el sábado 8 se quedaron en casa son los que a la postre establecerán la diferencia entre los que terminan peleándose por la botella vacía y los que sabrán llamar a todos para ayudar a llenarla. La proliferación de candidatos opositores, o pseudo, ha evidenciado que la unidad de los votantes opositores es imposible; en este momento el único que nos puede unir es Maduro en un rechazo monolítico a su pésima gestión. Por eso la oposición sin apellido está obligada a opinar, denunciar y proponer acciones que sacudan el marasmo gubernamental con respecto a economía, inseguridad y corrupción.

Y no es que la oposición esté en desacuerdo con las políticas sobre los aspectos ya señalados, la gravedad  estriba en que no hay política alguna sobre la cual se pueda estar en desacuerdo; como no sea la que los gobernantes practican a diario: abrir la jeta y desparramar insultos, groserías y sandeces, como esta última de estarle buscando pleito al Pentágono. La inacción ha sustituido a las políticas y el Gobierno la exhibe y defiende como su política madre, lo que deja en la política venezolana un vacío que debería llenarse con los aportes de los disidentes sin siglas, es decir, con todos los que quieren que esto se mueva y cambie. Con la gente del chavismo disidente se puede confiar, y con los de la  MUD también. No se trata de cambiar el gobierno sino de obligarlo a cambiar.

La protesta unida y unitaria es lo único que nos queda; démosle valor agregado. Una protesta que para materializarla no dependa de lapsos y fechas sino de necesidades insatisfechas y urgentes. En lo económico, por ejemplo, es perentorio la declaratoria de una emergencia nacional, cuya iniciativa debería ser tomada por el Gobierno; pero si ocurriera, como es su costumbre, que éste desatienda el clamor popular, entonces la protesta, de calle, nacional e internacional, debería hacerse sentir hasta que el problema, no necesariamente se solucione, pero  se atienda en lo inmediato. En este sentido, mientras la inflación es insostenible es notoria la ausencia de una sola medida que tienda a frenarla. En la propuesta que hacemos la inflación debería ser reconocida y atendida; si no sabe cómo, entonces hágase a un lado.

La unidad de y en la protesta no sustituye a la seudo unidad de la MUD; no, sólo trata de deslastrar a la representación opositora de la inacción que hasta ahora la ha caracterizado, y para lo cual no necesita de partidos políticos sino de venezolanos descontentos con el desgobierno chavista y renuentes a aceptar la inacción gubernamental como política de Estado, habida cuenta que la situación es crítica y afecta por igual a tirios y troyanos; excepto, por supuesto, a los que han sido premiados y pagados por la inacción más cara del mundo: los gobernantes y altos funcionarios de la dictadura.