martes, 12 de enero de 2016

La inflación no existe, ¡pero que alta está!

Esta fue la sentencia con la cual nos anatematizó nuestro nuevo ministro de economía, es un virtual engendro capitalista, lo cual es cierto, que vino al mundo para amargarle la existencia a las “sanas y prósperas” economías socialistas. De ahí que también son virtuales sus primas hermanas: la corrupción con su correspondiente impunidad,  la escasez, la improductividad, la ausencia de libertad y la dictadura y su disfrute, de lo cual no habría porqué preocuparse porque tampoco existen, salvo cuando te decides a adquirir un bien, contratar un servicio o solicitar libertad y justicia. Sólo en esos momentos nos enteramos que disfrutamos, a juro, del paraíso socialista.

Mas, dicho así pareciera que abogamos por el otro paraíso: el neoliberal. De ningún modo, porque ambos paraísos no pueden ocultar sus malezas. La salida (nada que ver con la de Leopoldo y María Corina) no puede ser la hegemonía de un triunfador sino una equitativa dosis de lo uno y de lo otro. En este sentido luce pertinente citar a Paracelso quien con alusión al daño de los venenos decía: “Nada es veneno, todo es veneno; la diferencia está en la dosis” (Blog. César Villarroel, “Venenos necesarios”, 16-9-2014). Ambos sistemas son venenosos pero necesarios, pretender la hegemonía de alguno de ellos es luchar contra la corriente que,  actualmente, corre a favor del modelo capitalista. En la posología política equilibremos las dosis para poder resistir el veneno.

Después de la debacle oficialista en la elección del 6-D, el proceso más relevante, tanto para los oficialistas como para los oposicionistas, convergió hacia la necesidad de un cambio. No parecía haber dudas al respecto, sólo se difirió su oportunidad para después de la toma de posesión de la AN el 5-1-2015. Llegó la toma de posesión de la nueva AN,  y con ella todas las escaramuzas propias de un cambio político institucional tan trascendente y radical, pero las iniciativas para discutir los cambios en la economía y en el proceso democratizador no han aparecido en ninguno de los bandos. Solo aparece un atisbo de cambio pero sin cambiar; así, aparecen caras nuevas pero que no vislumbran ni rectificación ni cambio, sino todo lo contrario ¿Será que Maduro cree que lo está haciendo bien? Si este fuese el caso habría que arrimarle el perolito para ver si atina.

Que el Gobierno no quiera discutir lo básico de nuestra economía (inflación, improductividad, debilidad del signo monetario, entre otros) no es una novedad; es lo que han venido haciendo durante dieciséis años, la ruina de nuestra economía así lo atestigua; pero que la oposición acompañe, a ritmo de desidia tal política, es imperdonable. En la última elección (5-E) la oposición recibió el mandato de más de siete millones de electores para que se ventilara con carácter de urgencia la posibilidad de un cambio sustantivo, especialmente en lo económico. Para esto no se  necesita permiso de TSJ, ni de Maduro, ni de Cabello sino de los casi ocho millones que favorecieron la opción opositora. Si Gobierno y oposición pueden acordarse, bienvenidos sean; si no que la mayoría decida.


Pero la oposición, por su parte, parece estar cediendo la iniciativa con relación a la necesidad del cambio y a su inmediata discusión. El debate sobre la economía no admite más demora y si los asuntos se van a poner en fila india para ordenar la discusión, el debate de lo económico debe figurar a la cabeza de la fila. No se trata de que sólo se discuta lo relativo a la crisis económica, sino que se le dé la prioridad que amerita. El pueblo votó en forma abrumadora por la MUD porque ésta le garantizaba el cambio. Hay que poner las cartas sobre la mesa para que el pueblo pueda valorarlas y apoyarlas; así podrá desenmascarar, en ambas trincheras,  a quienes hacen propuestas sin cambios.   

viernes, 1 de enero de 2016

Oposición impenitente

Según el diccionario de la Real Academia Española, un ser impenitente, en su acepción más conocida, es quien “Se obstina en el pecado y persevera en él sin arrepentimiento”. La oposición política venezolana parece corroborar esta conceptualización a plenitud. Para muestra veamos de qué se  están ocupando los enjundiosos análisis y mayores esfuerzos de la organización en cuestión. Primero, se trata de establecer si fracasó o no el movimiento cuasi insurreccional denominado La Salida, con el propósito de desacreditar sus líderes y proponer una dirección opositora “anti salida”. Pero, en términos de equidad,  los “anti salida” tienen también su largo rabo de paja y un chorizo de errores y desaciertos que   dejaron muy comprometidos a los líderes  de la oposición “pisa pasito”.

En todo caso, en este momento en que la oposición disfruta de su mejor logro resulta insensato ponerse a dirimir sobre la capacidad directiva y liderazgo de unos y otros; el liderazgo opositor, sin distingo, tienen algo en común: todos han cometido grandes errores pero ninguno se ha hecho una autocrítica, por eso todavía tenemos oposiciones “perfectas”. El problema no reside en que la oposición cometa errores, sino en que no los reconocen. Curiosamente, el único que se hizo una autocrítica fue Chávez con su “por ahora”, aunque ese alarde de honestidad populista le duró muy poco.  Por eso resulta una estupidez plantearse la validez o no de la Salida cuando todavía no han entrado. La puerta de la Salida solo podrá franquearse cuando se cuente con una llave total y nacionalmente unitaria.

El otro asunto que trae de cabeza a nuestra ocupada y preocupada oposición es la elección de la Junta Directiva de la nueva AN.  Lo que supondría  un fácil acuerdo entre pares triunfadores, se ha convertido en un inventario de votos partidistas en un marco de apetencias y desconfianza. Para muestra la “perla” que nos traen (El Nacional, 29-12-2015) los voceros de la MUD: “el voto para la elección del Presidente de la AN se hará en forma secreta”. ¡Que sinvergüenzas! ¿Será que algunos de esos diputados, oposicionistas u oficialistas, tienen algo que ocultarle a sus colegas y al pueblo? En cuanto a los dueños de los votos, los partidos no han aprendido que ellos no son los dueños de esos sufragios, sino sus depositarios temporales. En la elección del 6-D los partidos prestaron la pendiente, pero la avalancha la puso el pueblo al superar las expectativas partidistas.

La agenda de la nueva asamblea no admite distracciones: debe comenzar a proponer, prioritariamente, salidas a la crisis económica y sugerir las reformas necesarias para restaurar la democracia. En cuanto a lo primero es urgente convocar al Gobierno y otras fuerzas políticas para atacar los problemas de la economía, y si éste no se aviene al trabajo conjunto habrá que convocar directamente al pueblo. Es prioritario atacar el problema de la inflación, la falta de productividad y la recuperación del valor de nuestro signo monetario. En lo segundo, las principales reformas deben referirse al sistema electoral: la proporcionalidad y representatividad de los resultados; así como la eliminación de la reelección de  los gobernantes en cualquiera de sus modalidades, y la incorporación de la segunda vuelta (balotaje) en las elecciones presidenciales.

Se argumenta que la AN está sola y aislada. Falso, tiene el apoyo internacional y, sobre todo, el de un pueblo que no solo vota, sino que también bota cuando la Constitución y el pueblo así lo exigen.


sábado, 28 de noviembre de 2015

La ruptura democrática la produjo el chavismo

La victoria de Macri en las recientes elecciones presidenciales argentinas ha planteado la necesidad de precisar el término democrático, habida cuenta de que el candidato vencedor ha prometido, y reiterado, que cuando asuma la presidencia exigirá a la OEA y otros foros regionales que a Venezuela le sea aplicada la Carta Interamericana De Derechos Humanos. Sin embargo, y a pesar de las evidentes violaciones a la letra y práctica de tal documento por parte del Gobierno venezolano, hay quienes consideran, en el nivel de cancillerías,  que tal acción resultaría temeraria e inaplicable porque en Venezuela no ha habido una ruptura del “hilo democrático”, condición necesaria y suficiente para que al país le sea aplicada tal sanción.

¿Qué entiende el chavismo y sus adláteres por interrupción del hilo democrático? Que el país en cuestión haya sufrido un golpe de Estado clásico, es decir, con militares apropiándose del poder, conculcándose los poderes públicos, violándose descarada e impunemente la Constitución y suprimiendo las elecciones como mecanismo de acceso al poder. Con base en esta conceptualización de la democracia es fácil entender el porqué algunos jefes de Estado y cancilleres rechazan los reclamos de Macri, porque, como dice Rafael Correa: “En este país (Venezuela) rige la democracia y un proyecto político que se ha cansado de ganar elecciones” (Macri, 25/11/2015) Y decimos nosotros, quién tenga dudas que le pregunte a Fidel, quien no ha perdido ni una elección.

Por eso en Venezuela  a pesar que los militares se han apropiado del poder, que han conculcado los poderes públicos,  que  violan constantemente la Constitución y expolian la poca riqueza que le queda al país se considera que todavía no se ha dado un golpe de Estado porque se hacen  elecciones periódicas, aunque su idoneidad esté altamente cuestionada. De ahí la necesidad de clarificar y precisar el contenido  de la Carta Interamericana para que quienes acuden a ella puedan discernir con más claridad la paja del trigo. Así, cuando Correa y sus compinches piensan y conciben la democracia lo hacen desde la óptica dictatorial de los hermanos Castro, es decir, ni libres ni justas, y aupadas por alguna neo dictadura latinoamericana. Conocen y aplican de la Carta Interamericana solo la parte que permite justificar las dictaduras.

Mas para los que se han leído la Carta completa, y además están dispuestos a defender sus postulados democráticos el actual gobierno venezolano no permite el desarrollo del ejercicio democrático. En esta trinchera ya comienzan a aparecer los que consideran que fue el gobierno venezolano el que rompió el hilo democrático y, en consecuencia, merece que se consideren las violaciones señaladas por destacadas personalidades latinoamericanas. En este sentido se inscriben las observaciones y reclamos de Almagros y Macri. El primero al inventariar y denunciar, de manera valiente y responsable, las responsabilidades que el gobierno venezolano ha soslayado o contravenido. El segundo, denunciando el silencio cómplice de muchos países latinoamericanos ante los desafueros chavistas.

Hay, sin embargo, unas precisiones que deben hacerse a unas elecciones con pretensiones  democráticas, como la que se realizará el 6-D en Venezuela y postula la propia Carta Interamericana: que sean libres, justas y basadas en el sufragio universal, y dentro de la separación e independencia de los poderes públicos. ¿Las elecciones pautadas para el 6-D cumplen con estos parámetros? Nada que ver, el propio Ejecutivo se ha encargado de hacer saber que no quiere, ni admitirá,  observadores de la OEA ni la Unión Europea, y que sólo aceptará la ridícula figura del acompañante que alcahuetea Unasur; en otras palabras, no confían en los propios organismos a los cuales están afiliados. ¿Cómo pretender ser honesto si su comportamiento es delictivo?


Ya comenzaron a caer las primeras bajas (Luis Manuel Díaz)  de unas elecciones venezolanas que, al decir de Maduro, si el gobierno las pierde sobrevendrá el apocalipsis. Hablamos de bajas y no de víctimas porque éstas hace rato que están en las cárceles o en el exilio. A Maduro podemos vencerlo sin dificultad en las urnas electorales, pero ¿cómo vencemos el miedo a perder lo poco que tenemos, incluida la vida? No cabe otra, pongámosle más corazón que tripa y salgamos a votar.

jueves, 19 de noviembre de 2015

La OEA dejó de ser insulsa

Las neo dictaduras de América Latina: Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela (no se incluye Cuba porque ésta es la dictadura más vieja de todo el planeta) se acostumbraron, compra o sumisión mediante, a “liderar”, naricear sería más válido, a las seudodemocracias latinas y sus respectivas instituciones. El soborno y la retaliación sustituyeron los procedimientos democráticos por la práctica despótica y totalitaria, tanto, que la decana de las dictaduras latinoamericanas fue invitada con bombos y platillos a regresar al seno de la OEA, de donde había sido excluida desde 1962; en otras palabras, la dictadura cubana regresó al corro de la democracia representativa con pretensiones de paradigma político.

Venezuela, durante las dos últimas décadas, lideró el nacimiento y desarrollo de las nuevas dictaduras latinoamericanas.  Tenía los dos ingredientes básicos: una inmensa riqueza sobrevenida, altos precios del petróleo, y un gobernante que consideró e hizo suya tal riqueza. Consecuencia de esto, las instituciones supuestamente defensoras de la democracia terminaron por concebir y aceptar que ellas no representaban a los pueblos sino a los gobiernos. De ahí que en los organismos como la OEA, por ejemplo, su Secretario General siempre obedeció las directrices del gobierno que lideraba la organización, es decir, Venezuela; aunque en algunos casos, la mayoría, contravinieran los principios democráticos que debía defender la institución. Por supuesto nos referimos al señor Insulza.

Hasta comienzos del tercer lustro (siglo XXI) de la era chavista la mediocridad se enseñoreó en la organización y conducción de la OEA, siendo el Secretario General Insulza el personaje más representativo de la mediocre administración del organismo durante este período. Sin embargo, a comienzos del tercer lustro del siglo XXI los soportes básicos de las neo dictaduras latinoamericanas (económico e “ideológico”) comienzan resquebrajarse casi de manera  simultánea: el deterioro de los precios del petróleo y la salud del dictador; en el 2013 fallece éste y el precio del barril acusa una baja significativa. Ya no es posible mantener la dictadura en estas condiciones, pues su deterioro es, como diría Lucena, definitivamente irreversible.

Mas los herederos ideológicos de Chávez no se dieron, ni se dan, por aludidos y mantienen las prácticas totalitarias y despóticas que caracterizaron el Gobierno del finado dictador, especialmente en lo que concierne a dos áreas claves para el desarrollo político: lo jurídico y lo electoral. En lo que respecta  a la OEA el antiguo Secretario General cohonestó tales prácticas sin emitir el más mínimo reproche político o administrativo; pero, he aquí que desde mayo de 2015 la OEA estrena nuevo Secretario General, Luis Almagro, quien, al parecer, no está dispuesto a dejarse naricear por los facsímiles dictatoriales de la ALBA. Ya no tienen con qué sobornar a nadie, y si lo logran es gracias  a la generosa gratitud por los regalos y dádivas de ayer. En cuanto a las amenazas ya no asustan, basta con preguntarle a Guyana.


¿Qué hizo Almagro para hacerse merecedor de tantos elogios? Le escribió una extensa carta a la señora Tibisay Lucena en la cual puntualiza,  defiende,  reivindica y  exige  las responsabilidades  que el cargo  le exige a él, e invita a la señora Lucena a hacer lo propio. A pesar de la pertinencia y contundencia de la carta de Almagro, esta no tendrá los efectos administrativos que se espera en estos casos, pero dejará claro ante la comunidad internacional que el desarrollo de la dictadura chavista, en Venezuela, no debe gozar de impunidad. 

lunes, 2 de noviembre de 2015

“Como sea y como siempre”

Ganar la contienda del próximo mes de diciembre “como sea” es la amenaza con la cual el señor Maduro nos informa con su peculiar estilo “democrático” que,  no importa lo que el pueblo diga (es la única traducción posible del como sea), él, junto a Unasur y la señora Lucena expropiarán los resultados de esa elección. Posterior a esa declaración (27-10-2015) y,  suponemos que tratando de remendar el capote, declaró lo siguiente: (el propósito de la campaña es)…”movilizar al pueblo y ganar como sea por paliza”, es decir, un “como sea” precisado.  O sea, que en metida de pata, como dicen los españoles, “ya éramos muchos, y parió la abuela”. Lo mejor en estos casos es darle vacaciones a la jeta, pero no creo que el actual encadenamiento lo permita.

Sin embargo, y en honor a la verdad, Maduro lo que está es tratando de ser fiel al legado de Chávez; porque quien inauguró la amenaza electoral de ganar como sea y pronosticar un apocalipsis si la oposición llegara a ganar, fue Chávez. La diferencia estriba que Maduro profiere la amenaza y la deja ahí hasta que se desgasta o se convierte en retórica “revolucionaria”; mientras que las  amenazas de Chávez se cumplieron, en su mayoría, salvo algunas tremebundas como la de freír a los adecos en aceite, aunque quedó claro su desconocimiento, por un rato, de los resultados del plebiscito (2007) en los cuales acompañó su renuencia con golpes de escritorio  y una fétida y escatológica calificación.

Por eso, el “como sea” para ganar elecciones no se estrenará el  6-D; de hecho, su existencia electoral es consustancial al chavismo, excluida la elección de 1998 porque para entonces no sabíamos quién era ni lo que quería Chávez. Pero el “como sea” chavista siempre estuvo allí, por eso  rotulamos “como sea y como siempre”, es decir, mellizos en el  como sea y como siempre en la sumisión de los poderes públicos, en la compra de votos de nacionales y extranjeros, en la dilapidación, saqueo y simple robo de nuestras riquezas, en la estructuración de un CNE parcializado a favor del Poder Ejecutivo, en las brigadas motorizadas de los llamados “colectivos”, en suma, en ese monstruo antidemocrático que solemos calificar de ventajismo electoral. 

¿Los herederos  de la revolución seguirán obcecadamente el legado de Chávez? Parece que sí; de ahí que para la salida a la crisis solo vislumbran un hipotético repunte de los precios del petróleo en un lapso no menor de un año; y el aumento de la gasolina en un momento en que sea menor el daño político que ocasione. ¿Agenciarle a la revolución parte de unos recursos que no supieron cuidar ni reproducir?; ¿continuar reiteradamente instrumentando la política errónea que dio lugar a este desastre y con los mismos actores fracasados?, no parece lo más conducente. Maduro y su gobierno debe ser cambiado en el marco de lo pautado en la Constitución.


Porque el Gobierno ya ha hecho suficientes “méritos” para hacerse acreedor del  desconocimiento pautado en la Constitución mediante el artículo 350 de la misma. El problema no reside en saber si este es un gobierno forajido, eso es como la muerte de Gardel: noticia vieja; lo que verdaderamente importa es cómo probarlo. Por eso, todo el esfuerzo opositor debería estar dirigido a demostrar lo obvio. Por de pronto, considerar que el 6-D ninguno se quede en casa.

domingo, 25 de octubre de 2015

El 6-D puedes salir de Maduro

Algunos opositores al gobierno, dentro de la gama existente, tratan de justificar su desgano ante una posible participación en las elecciones del próximo 6-D, arguyendo que sus resultados no tocarán a Maduro; en otras palabras, todo seguirá igual porque el Gobierno no cambiará, dado el carácter regional de la contienda. Esto será cierto si Maduro gana las parlamentarias, es decir, gana mayoría de curules y  mayoría de votos en el nivel nacional. Si ese fuese el caso, la oposición en la próxima década desaparecería y la contienda política sería entre los vástagos de la vieja generación chavista: Nicolasitos, Gabrielitas y Cabellitas.

Pero en un escenario en que el Gobierno gane en los curules pero pierda la votación en el nivel nacional, entonces las cosas, después del 6-D, serían iguales a las primeras de cambio pero no serían lo mismo, pues el Gobierno tendría pintado en la frente un referéndum plebiscitario que sería constitucional, con un apoyo internacional  a prueba de trampas, y una votación contraria a Maduro superior a la alcanzada por el chavismo en la elección del 6-D. Como puede verse, con base en este análisis, los resultados de la próxima elección no solo tiene que ver con Maduro y su gobierno, sino que es a éste a quien más afecta, pues si perdiera la AN tendría, el mismo 6-D en la noche, que ponerse a hacer maletas. Si gana la AN pero pierde la elección nacional, durará en el cargo un poquito más pero no lo suficiente para continuar la dictadura.

Por eso no entendemos la postura de algunos opositores como los aludidos en el primer párrafo, porque nunca como ahora hemos estado tan cerca, como otrora lo estuvo Chile, de derrotar una dictadura mediante el ejercicio del voto. Pretextos y excusas ya no son válidas porque existe la real posibilidad de que la oposición triunfe; luego, la pregunta que un verdadero opositor a la dictadura debe hacerse es: ¿cómo hacer para que mi voto contribuya lo más posible a la derrota de Maduro?   En esta ruta  hay, todavía, muchos baches que sortear. El más importante es la falta de unidad en el nivel nacional; sin embargo, la unidad regional en algunos casos es posible. Sería criminal que no se lograra acuerdo en aquellas entidades en que la suma de la votación opositora supere al chavismo. Esto afectaría notablemente la posibilidad de ganar la AN.


Ante este panorama, el chavismo se empleará a fondo en la activación de todo su repertorio de trampas y artimañas. Ya lo están haciendo con el arsenal de provocaciones como la que han montado con la acusación a Lorenzo Mendoza. El objetivo está de bulto, generar en la oposición una respuesta emocional, afectiva de acuerdo a lo deleznable de la acusación y provocación. En situaciones como ésta es necesaria responder con cabeza fría a la provocación, pero sin ignorarla; ni mucho menos hacer como el avestruz, esconder la cabeza, estilo de respuesta seguido hasta ahora por el liderazgo opositor. Cada desaguisado del chavismo debe hacerse del conocimiento del pueblo, de la comunidad internacional y de sus organismos competentes. 

lunes, 12 de octubre de 2015

Revolución de lucro sin fines

Este título, “fusilado” a un colega de la Escuela de Educación de la UCV,  refleja un juego de palabras que pretende ser ingenioso y hasta jocoso pues casi roza los predios del chiste; pero la verdad es que es un asunto muy serio el que una institución se quede sin fines y, en el plano teleológico, solo persigan objetivos que lucren su actividad; porque  cuando evaporamos los fines en un contexto institucional, lo que en definitiva se logra es que la institución que ha sido objeto de tal despojo renuncie a su calidad institucional.

La pérdida de sus fines por parte de la revolución bolivariana despojó a ésta de lo institucionalmente sustantivo. Así, seguimos teniendo tribunales y jueces pero ya no tenemos justicia; tenemos leyes,  normativas y hasta una institución para generarlas (AN), pero es otro poder (Ejecutivo) el que las confecciona y dicta; tenemos fiscalías y fiscales pero nadie nos salva de la impunidad frente al poderoso y la complicidad con el delincuente; tenemos contralorías que no controlan el miedo, soborno o chantaje; y un CNE, teóricamente un monumento a la imparcialidad, pero  que está al servicio de quien verdaderamente  decide  cuándo, cómo y dónde se realizan y ganan elecciones en este país. 

La refundación de la universidad venezolana en 1999 con motivo de la formulación de una nueva Constitución generó la oportunidad de valorar nuevos fines universitarios. La propuesta de estos nuevos fines estuvo contenida en el Proyecto Alma Máter, concebido y dirigido por la OPSU e inspirado en la concepción de calidad educacional plasmada en la nueva Constitución; mas no hubo tiempo de ser discutida ni evaluada en su corta experiencia. De hecho, todos sus fines fueron conculcados en aras de un objetivo muy específico: la contribución de todas las instituciones venezolanas en la perpetuación en el  poder del gobernante de turno. De ahí en adelante desaparecen los fines en la educación superior y son sustituidos por objetivos altamente lucrativos, el mayor de ellos la preservación del poder político.


En el caso de la universidad venezolana, a la que ahora vanamente queremos y pretendemos asegurar su calidad, la supresión de sus fines se enmarcó en una política de anticalidad. La meritocracia, verdadero bastión de la calidad universitaria y finalidad indispensable de la educación superior venezolana, fue sustituida, paradójicamente,  por el facilismo alcahuete. Por eso no entendemos como se pretende identificar algún atisbo de calidad en una institución que quedó huérfana de la misma, porque al suprimir los fines se suprime también la posibilidad de que la educación superior venezolana ostente algún nivel de calidad institucional. Antes de Chávez la calidad universitaria era un intento fallido; después de él fue y sigue siendo su negación.