miércoles, 24 de febrero de 2016

¿Mayoría parlamentaria para qué?

El triunfo de la oposición durante las elecciones del 6-12-2015 fue sobrevenido y, afortunadamente,   más que bienvenido, pues se consideraba que se había generado una trinchera desde la cual se podría luchar contra la hegemonía oficialista con cierta probabilidad de éxito, ya que si bien la mayoría de los poderes estaban conculcados, excepto el Legislativo, este último había conquistado al soberano, es decir, al pueblo ( más de siete millones y medio de votantes) que rechazó, sin ningún género de dudas, la gestión de Nicolás Maduro. Pero he aquí que desde su proclamación la nueva AN, mayoritariamente opositora,  no ha luchado con nadie ni contra  nadie porque su principal arma (votantes del 6-12-2015) ha sido  “engavetada”.

Se suponía que en esa hipotética lucha se establecerían prioridades cuyo tratamiento y éxito no dependieran exclusivamente de lo que acuerden las dictaduras del  Ejecutivo y el TSJ. En este sentido proponemos dos prioridades urgentísimas: una  que atienda lo del modelo económico, y la otra que se ocupe de rescatar la poca democracia que todavía perdura en emporios antidemocráticos como el Ejecutivo, TSJ y CNE. Esto no significa que se posponen materias y asuntos considerados importantes por la AN como la Ley de Amnistía o el otorgamiento de titularidad a los propietarios de viviendas entregadas por el Gobierno, esos asuntos se seguirían atendiendo,  pero la prioridad en la atención  debe tenerla la lucha contra los atropellos del TSJ y la búsqueda, ¡ya!, de un modelo alternativo para el cambio económico.

La AN tiene que proponer al pueblo y al Gobierno un plan de contingencia económica que debería ser acordado y desarrollado por pueblo y Gobierno; y que en el caso de que no haya acuerdo se someta a consideración de un referéndum popular. No se le debe permitir al Gobierno, y mucho menos a Nicolás Maduro, que para enfrentar la crisis económica se esgriman las mismas medidas que las generaron. En caso de ser necesario se debería recurrir a lo establecido en la Constitución: art. 350. Con relación al comportamiento antidemocrático  y anticonstitucional del TSJ la AN debe denunciarlas y, apoyándose en el respaldo popular, salir a la calle y ventilar la denuncia  en  los planos nacional e internacional.

La consulta al ciudadano no depende de la aceptación del Ejecutivo, en otras palabras, la activación de la calle, en un sistema democrático, no está sujeta al parecer del gobernante de turno sino a la gravedad de la situación. Si ante una política fracasada el gobernante insiste en reiterarla, pareciera llegado el momento de cambiar de política y de gobernante, que no de Gobierno. Para esto el liderazgo soberano  debe estar atento a las señales que indiquen la necesidad de “patear” la calle. Por ejemplo, el robo a la MUD de los diputados de Amazona, dictadura mediante, tenía que acatarse pero “no dejarlo pasar por debajo de la mesa”. Otro tanto habría que decir del “cheque en blanco” para dirigir la economía, aunque en este caso la MUD ganó el premio a la ingenuidad parlamentaria. De todos modos el TSJ lo iba a hacer, pero no hay que ponérsela “bombita”.


En un gobierno autoritario y despótico es fácil encontrar en el día a día motivos para ejercitar el músculo de la democracia de calle; por ejemplo, ¿cómo es posible que se haya aumentado el precio de la gasolina y la oposición no se haya pronunciado, pública y de manera vehemente, sobre el subsidio a Petrocaribe y las regalías a los hermanos Castro?; o que el Decreto de Emergencia Económica tenga la duración que le plazca al señor Maduro. En otras palabras señores opositores, su papel principal es el de hacer que se descubra el carácter dictatorial de este régimen; que los ilícitos administrativas de este Gobierno no puedan cobijarse debajo del ropaje de trasnochadas argucias leguleyas. No aprobar tales argucias, aunque, por ahora, se tengan que acatar bajo protesta; porque siempre habrá alguien en la calle que les recordará que somos un pueblo sometido por una desvergonzada dictadura.

sábado, 20 de febrero de 2016

¿Más de 7. 700. 000 jarrones chinos?

Antes de las elecciones del 6-D (2015) las expectativas de la oposición eran muy modestas; en el mejor de los casos la MUD podría ganar la contienda, pero “en forma muy apretada” y, sin embargo, sobraban planes y proyectos en dos direcciones: el rescate (en lo mediato) del sistema democrático, y el abordaje (en lo inmediato) de los problemas que han hecho colapsar nuestra economía. Se realizaron los comicios en diciembre y sus resultados mostraron una realidad sobrevenida que evidenció un triunfo apoteósico del sector opositor pero que la MUD no ha sabido manejar pues, hasta ahora, los propósitos básicos de una nueva AN (rescate de la democracia y cambio urgente del modelo económico) no ha recibido atención prioritaria; por el contrario el oficialismo ha arropado a la oposición nulificando su eficiencia y eficacia.

¿Ha podido el sector opositor, a las primeras de cambio,  actuar de manera distinta? Sí. El Gobierno decidió convertir al TSJ en alcahuete mayor de sus sinvergüenzuras, lo que no puede evitarse, por ahora, porque nos enfrentamos a una dictadura que nos obliga a acatar sus dictámenes pero no su impunidad. Cuando el TSJ decidió quitarle tres diputados a la oposición, ésta tenía que acatarlo pero denunciando nacional e internacionalmente el verdadero motivo de esta medida: preservarle a Maduro una prerrogativa que desaparecía si la oposición hubiese contabilizado como ganancia las dos terceras partes de los votantes, suficientes para revocar el mandato de Maduro. Eso no solo hay que decirlo sino gritarlo para sincerar las cosas. Esa derrota de Maduro tiene, y siempre tendrá, tufo a puntapié electoral.

¿Porqué en las primeras confrontaciones la oposición lució tan desvalida? Porque ha equivocado su compromiso y sus fortalezas. El compromiso no es solo con el país, sino, principalmente, con los más de siete millones de votantes que consideraron que el modelo económico debía cambiar, y que hoy miran y sienten que son jarrones chinos, es decir, instrumentos inocuos que no cumplen ninguna función o propósito. El equívoco por parte de los opositores es creer que el proceso electoral termina cuando la señora de siempre proclama que los resultados son irreversibles, no, el proceso nunca  termina porque los resultados de una elección siempre deberían convertirse en un sistema de hipótesis a ser corroboradas en la acción planificada. Eso es lo que debería ser el principal propósito de los resultados electorales del 6-D: planificar el cambio inmediato hacia un nuevo modelo económico.


La urgencia de la AN debe estar signada por la atención y consideración del problema económico, para esto no se necesita el permiso del Ejecutivo porque no se pretende crear leyes, sino someter a la consideración del electorado (tanto de los siete millones opositores como de los cinco millones del sector oficial) una propuesta de acuerdo sobre el tratamiento de urgencia que debe dársele a nuestra colapsada economía. Un acuerdo sobre cosas concretas; por ejemplo, ¿quién es el responsable de mantener un dólar a 6,30? Si Maduro es quien decide su permanencia, entonces que le explique públicamente al país las razones de tal medida. Y así como esa hay una serie de medidas puntuales que no definirán la política económica del país porque eso se resolverá durante la próxima contienda presidencial, pero que ayudarán a frenar la crisis. Y, ¿qué pasa si tirios y troyanos no se ponen de acuerdo? Entonces habrá que consultar al soberano como lo establece la Constitución.

lunes, 8 de febrero de 2016

¿Ocaso del rentismo petrolero?

Cuando el precio del barril de petróleo comenzó a rondar los veinte dólares observamos como los altos funcionarios del Gobierno, jefe de Estado incluido, mostraban alborozados su entusiasmo por el agotamiento del modelo rentista y, por supuesto, se atribuían una contribución importante en el fulano agotamiento. ¿Será verdad que en Venezuela se agotó el rentismo petrolero? Creemos que no, porque la ruina que hoy padecemos se debe, precisamente, a que todavía se mantiene el modelo rentista; éste no se ha abandonado. Hay menos ingresos por una renta magra, pero los artífices del rentismo (uno difunto y el otro en terapia) sigue siendo el modelo populista. Si por alguna circunstancia los precios del barril repuntaran veríamos, con toda seguridad, a un rentismo petrolero vigorizado en los precios aunque siempre errático en su política. Porque lo que se ha agotado es la capacidad inaudita de desaprovechar la oportunidad de haber hecho realidad la consigna de Uslar Pietri: sembrar el petróleo. 

A partir de 1999 se dan en Venezuela las condiciones para haber acabado con el rentismo petrolero: altos precios del barril de petróleo, adscripción al modelo de democracia representativa y una floreciente economía de mercado; sólo bastaba saber administrar la siembra del petróleo. Pero, por alguna sin razón que todavía no logramos explicárnosla, a estas condiciones óptimas para acabar de una vez por todas con el rentismo petrolero se le opuso el sistema sociopolítico que más favorece y desarrolla un modelo rentista: el populista; con el agravante que a todo lo negativo del populismo, per se, se añadiera la administración más disparatada de este modelo. En otras palabras, malo y peor administrado. Se cosechó una RUINA, sin atenuantes y con mayúsculas que ha hecho de Venezuela el prototipo de lo peor.

Para ejemplificar el desastre populista bastan unos pocos señalamientos. El diagnóstico del desastre populista condujo a rechazar, “de la boca pa’ fuera” el modelo rentista, pero las pocas acciones concretas que se ha realizado para enfrentar la crisis apuntan hacia el mejoramiento de los precios. No nos cansamos de pedir dinero prestado para administrarlo como hasta ahora. ¿Significa que no queremos que los precios del petróleo suban? Nada que ver, pero recordar que estamos como estamos no por los precios bajos, sino por los precios altos mal administrados. Un sistema productivista es lo que hay que oponer al modelo ramplón que nos agobia. Productividad y libertad económica; que privilegie la calidad del producto o servicio; pertinencia del producto o servicio; eficiencia en la confección del producto o servicio; y eficacia en la obtención de productos y servicios de calidad.


Esta política no tendrá éxito de la “noche a la mañana”, pero cada día que pase sin   instrumentarla supone un mayor alejamiento de su posibilidad. Se creyó que el mensaje de las últimas elecciones (6/12/2015) había sido escuchado por el Gobierno; parece que si fue escuchado (las triquiñuelas post electorales así lo evidencian) pero, al mismo tiempo, ignorado. Al parecer habrá que acudir a la Constitución y a los más de siete millones de electores, mayoría indiscutible, que votaron por un cambio. Ya el Gobierno no cuenta, ello ha quedado demostrado por su inacción ante la crisis. Esto conduce, en época de agotamientos: a la falta de comida, agua, medicinas, repuestos, vehículos, justicia,  respeto  y PACIENCIA.

sábado, 16 de enero de 2016

Primer “round” para el malandraje oficialista

En la confrontación ya  iniciada entre la nueva AN y la vieja dictadura chave-madurista, el primer “round” parece haberlo ganado el malandraje oficialista; mejor sin el “parece” para no caernos a embustes, la oposición fue derrotada, y punto.  Sin pretender tener la Razón en cuanto al  comentario crítico, sino las propias como diría Antonio Machado, nos animamos a exponerlas sin la pretensión de buscar verdades sino tácticas y estrategias que nos reivindiquen en los próximos “rounds”. La primera consideración refiere a la naturaleza política de los contendores: una férrea dictadura vs una cándida democracia; esto hizo que mientras la dictadura ya había tomado por asalto el recinto de la AN, los parlamentarios opositores se atrincheraban detrás de leyes y poderes hace rato conculcados.

El reconocimiento de la dictadura y la resistencia a ella supone que ésta, en su condición de tal, nunca jugará limpio porque es su naturaleza y su deber (dictadura no respeta leyes ni puede perder elecciones), como ha sucedido actualmente con las elecciones de la AN, que al no poder ganarlas, arrebataron.  Por eso sorprendiera que hasta el final de la primera escaramuza los opositores se sintieran confiados y hasta arrogantes. Al final de este primer round, dictadura es dictadura y oposición es mezcla de ingenuidad e ignorancia. ¿Qué debió pretenderse en aras de la razón y el derecho? ¿Inmolar la joven asamblea? Todavía no, porque cuando eso suceda las llamadas fuerzas de la democracia deberán hacerse presentes  en la calle, el país y naciones amigas. Mientras, toca esperar.

El futuro reto para el sector opositor es ganar más adeptos que batallas. Los resultados del 6-D fue un gran comienzo, pero todavía hay gente que piensa más en el estómago que en la democracia. Cuando la mayoría opositora salga a la calle, a votar o protestar, deberá hacerlo con un espectro político que supere, en mucho, la actual unidad opositora. Mientras tanto se debe actuar en consecuencia: denunciar puertas adentro los abusos que el Gobierno ejecute en aras y a la sombra de su condición totalitaria. Puertas afuera, mantener e incrementar el repudio  que un buen número de países mantiene y aumenta frente al desgobierno venezolano. Las principales fuerzas con las que cuenta la nueva AN son los siete millones y medio de electores de la última elección y el repunte del apoyo internacional. Este apoyo no debe derrocharse, mas mientras llega su momento hay que mantener la maquinaria aceitada.

La oposición debe abocarse a debatir, con o sin los representantes del oficialismo, lo concerniente a la economía del país. Que los técnicos, si los tiene, de la AN propongan los aspectos de la economía en los que Gobierno y oposición puedan acordarse. De no ser posible, entonces habría que pensar los mecanismos para solicitar la opinión del soberano (los 7.700.000 del 6-D)


Los abusadores seguirán abusando, por eso hay que diseñarle y escribirle su bitácora de iniquidades y ventilarlas nacional e internacionalmente; pero también los opositores deben tener la suya, quizás no de iniquidades pero sí de “fe de erratas”. Los que quieran tener su guerrita particular pueden hacerlo, pero sin poner en peligro los avances de la unidad.

martes, 12 de enero de 2016

La inflación no existe, ¡pero que alta está!

Esta fue la sentencia con la cual nos anatematizó nuestro nuevo ministro de economía, es un virtual engendro capitalista, lo cual es cierto, que vino al mundo para amargarle la existencia a las “sanas y prósperas” economías socialistas. De ahí que también son virtuales sus primas hermanas: la corrupción con su correspondiente impunidad,  la escasez, la improductividad, la ausencia de libertad y la dictadura y su disfrute, de lo cual no habría porqué preocuparse porque tampoco existen, salvo cuando te decides a adquirir un bien, contratar un servicio o solicitar libertad y justicia. Sólo en esos momentos nos enteramos que disfrutamos, a juro, del paraíso socialista.

Mas, dicho así pareciera que abogamos por el otro paraíso: el neoliberal. De ningún modo, porque ambos paraísos no pueden ocultar sus malezas. La salida (nada que ver con la de Leopoldo y María Corina) no puede ser la hegemonía de un triunfador sino una equitativa dosis de lo uno y de lo otro. En este sentido luce pertinente citar a Paracelso quien con alusión al daño de los venenos decía: “Nada es veneno, todo es veneno; la diferencia está en la dosis” (Blog. César Villarroel, “Venenos necesarios”, 16-9-2014). Ambos sistemas son venenosos pero necesarios, pretender la hegemonía de alguno de ellos es luchar contra la corriente que,  actualmente, corre a favor del modelo capitalista. En la posología política equilibremos las dosis para poder resistir el veneno.

Después de la debacle oficialista en la elección del 6-D, el proceso más relevante, tanto para los oficialistas como para los oposicionistas, convergió hacia la necesidad de un cambio. No parecía haber dudas al respecto, sólo se difirió su oportunidad para después de la toma de posesión de la AN el 5-1-2015. Llegó la toma de posesión de la nueva AN,  y con ella todas las escaramuzas propias de un cambio político institucional tan trascendente y radical, pero las iniciativas para discutir los cambios en la economía y en el proceso democratizador no han aparecido en ninguno de los bandos. Solo aparece un atisbo de cambio pero sin cambiar; así, aparecen caras nuevas pero que no vislumbran ni rectificación ni cambio, sino todo lo contrario ¿Será que Maduro cree que lo está haciendo bien? Si este fuese el caso habría que arrimarle el perolito para ver si atina.

Que el Gobierno no quiera discutir lo básico de nuestra economía (inflación, improductividad, debilidad del signo monetario, entre otros) no es una novedad; es lo que han venido haciendo durante dieciséis años, la ruina de nuestra economía así lo atestigua; pero que la oposición acompañe, a ritmo de desidia tal política, es imperdonable. En la última elección (5-E) la oposición recibió el mandato de más de siete millones de electores para que se ventilara con carácter de urgencia la posibilidad de un cambio sustantivo, especialmente en lo económico. Para esto no se  necesita permiso de TSJ, ni de Maduro, ni de Cabello sino de los casi ocho millones que favorecieron la opción opositora. Si Gobierno y oposición pueden acordarse, bienvenidos sean; si no que la mayoría decida.


Pero la oposición, por su parte, parece estar cediendo la iniciativa con relación a la necesidad del cambio y a su inmediata discusión. El debate sobre la economía no admite más demora y si los asuntos se van a poner en fila india para ordenar la discusión, el debate de lo económico debe figurar a la cabeza de la fila. No se trata de que sólo se discuta lo relativo a la crisis económica, sino que se le dé la prioridad que amerita. El pueblo votó en forma abrumadora por la MUD porque ésta le garantizaba el cambio. Hay que poner las cartas sobre la mesa para que el pueblo pueda valorarlas y apoyarlas; así podrá desenmascarar, en ambas trincheras,  a quienes hacen propuestas sin cambios.   

viernes, 1 de enero de 2016

Oposición impenitente

Según el diccionario de la Real Academia Española, un ser impenitente, en su acepción más conocida, es quien “Se obstina en el pecado y persevera en él sin arrepentimiento”. La oposición política venezolana parece corroborar esta conceptualización a plenitud. Para muestra veamos de qué se  están ocupando los enjundiosos análisis y mayores esfuerzos de la organización en cuestión. Primero, se trata de establecer si fracasó o no el movimiento cuasi insurreccional denominado La Salida, con el propósito de desacreditar sus líderes y proponer una dirección opositora “anti salida”. Pero, en términos de equidad,  los “anti salida” tienen también su largo rabo de paja y un chorizo de errores y desaciertos que   dejaron muy comprometidos a los líderes  de la oposición “pisa pasito”.

En todo caso, en este momento en que la oposición disfruta de su mejor logro resulta insensato ponerse a dirimir sobre la capacidad directiva y liderazgo de unos y otros; el liderazgo opositor, sin distingo, tienen algo en común: todos han cometido grandes errores pero ninguno se ha hecho una autocrítica, por eso todavía tenemos oposiciones “perfectas”. El problema no reside en que la oposición cometa errores, sino en que no los reconocen. Curiosamente, el único que se hizo una autocrítica fue Chávez con su “por ahora”, aunque ese alarde de honestidad populista le duró muy poco.  Por eso resulta una estupidez plantearse la validez o no de la Salida cuando todavía no han entrado. La puerta de la Salida solo podrá franquearse cuando se cuente con una llave total y nacionalmente unitaria.

El otro asunto que trae de cabeza a nuestra ocupada y preocupada oposición es la elección de la Junta Directiva de la nueva AN.  Lo que supondría  un fácil acuerdo entre pares triunfadores, se ha convertido en un inventario de votos partidistas en un marco de apetencias y desconfianza. Para muestra la “perla” que nos traen (El Nacional, 29-12-2015) los voceros de la MUD: “el voto para la elección del Presidente de la AN se hará en forma secreta”. ¡Que sinvergüenzas! ¿Será que algunos de esos diputados, oposicionistas u oficialistas, tienen algo que ocultarle a sus colegas y al pueblo? En cuanto a los dueños de los votos, los partidos no han aprendido que ellos no son los dueños de esos sufragios, sino sus depositarios temporales. En la elección del 6-D los partidos prestaron la pendiente, pero la avalancha la puso el pueblo al superar las expectativas partidistas.

La agenda de la nueva asamblea no admite distracciones: debe comenzar a proponer, prioritariamente, salidas a la crisis económica y sugerir las reformas necesarias para restaurar la democracia. En cuanto a lo primero es urgente convocar al Gobierno y otras fuerzas políticas para atacar los problemas de la economía, y si éste no se aviene al trabajo conjunto habrá que convocar directamente al pueblo. Es prioritario atacar el problema de la inflación, la falta de productividad y la recuperación del valor de nuestro signo monetario. En lo segundo, las principales reformas deben referirse al sistema electoral: la proporcionalidad y representatividad de los resultados; así como la eliminación de la reelección de  los gobernantes en cualquiera de sus modalidades, y la incorporación de la segunda vuelta (balotaje) en las elecciones presidenciales.

Se argumenta que la AN está sola y aislada. Falso, tiene el apoyo internacional y, sobre todo, el de un pueblo que no solo vota, sino que también bota cuando la Constitución y el pueblo así lo exigen.


sábado, 28 de noviembre de 2015

La ruptura democrática la produjo el chavismo

La victoria de Macri en las recientes elecciones presidenciales argentinas ha planteado la necesidad de precisar el término democrático, habida cuenta de que el candidato vencedor ha prometido, y reiterado, que cuando asuma la presidencia exigirá a la OEA y otros foros regionales que a Venezuela le sea aplicada la Carta Interamericana De Derechos Humanos. Sin embargo, y a pesar de las evidentes violaciones a la letra y práctica de tal documento por parte del Gobierno venezolano, hay quienes consideran, en el nivel de cancillerías,  que tal acción resultaría temeraria e inaplicable porque en Venezuela no ha habido una ruptura del “hilo democrático”, condición necesaria y suficiente para que al país le sea aplicada tal sanción.

¿Qué entiende el chavismo y sus adláteres por interrupción del hilo democrático? Que el país en cuestión haya sufrido un golpe de Estado clásico, es decir, con militares apropiándose del poder, conculcándose los poderes públicos, violándose descarada e impunemente la Constitución y suprimiendo las elecciones como mecanismo de acceso al poder. Con base en esta conceptualización de la democracia es fácil entender el porqué algunos jefes de Estado y cancilleres rechazan los reclamos de Macri, porque, como dice Rafael Correa: “En este país (Venezuela) rige la democracia y un proyecto político que se ha cansado de ganar elecciones” (Macri, 25/11/2015) Y decimos nosotros, quién tenga dudas que le pregunte a Fidel, quien no ha perdido ni una elección.

Por eso en Venezuela  a pesar que los militares se han apropiado del poder, que han conculcado los poderes públicos,  que  violan constantemente la Constitución y expolian la poca riqueza que le queda al país se considera que todavía no se ha dado un golpe de Estado porque se hacen  elecciones periódicas, aunque su idoneidad esté altamente cuestionada. De ahí la necesidad de clarificar y precisar el contenido  de la Carta Interamericana para que quienes acuden a ella puedan discernir con más claridad la paja del trigo. Así, cuando Correa y sus compinches piensan y conciben la democracia lo hacen desde la óptica dictatorial de los hermanos Castro, es decir, ni libres ni justas, y aupadas por alguna neo dictadura latinoamericana. Conocen y aplican de la Carta Interamericana solo la parte que permite justificar las dictaduras.

Mas para los que se han leído la Carta completa, y además están dispuestos a defender sus postulados democráticos el actual gobierno venezolano no permite el desarrollo del ejercicio democrático. En esta trinchera ya comienzan a aparecer los que consideran que fue el gobierno venezolano el que rompió el hilo democrático y, en consecuencia, merece que se consideren las violaciones señaladas por destacadas personalidades latinoamericanas. En este sentido se inscriben las observaciones y reclamos de Almagros y Macri. El primero al inventariar y denunciar, de manera valiente y responsable, las responsabilidades que el gobierno venezolano ha soslayado o contravenido. El segundo, denunciando el silencio cómplice de muchos países latinoamericanos ante los desafueros chavistas.

Hay, sin embargo, unas precisiones que deben hacerse a unas elecciones con pretensiones  democráticas, como la que se realizará el 6-D en Venezuela y postula la propia Carta Interamericana: que sean libres, justas y basadas en el sufragio universal, y dentro de la separación e independencia de los poderes públicos. ¿Las elecciones pautadas para el 6-D cumplen con estos parámetros? Nada que ver, el propio Ejecutivo se ha encargado de hacer saber que no quiere, ni admitirá,  observadores de la OEA ni la Unión Europea, y que sólo aceptará la ridícula figura del acompañante que alcahuetea Unasur; en otras palabras, no confían en los propios organismos a los cuales están afiliados. ¿Cómo pretender ser honesto si su comportamiento es delictivo?


Ya comenzaron a caer las primeras bajas (Luis Manuel Díaz)  de unas elecciones venezolanas que, al decir de Maduro, si el gobierno las pierde sobrevendrá el apocalipsis. Hablamos de bajas y no de víctimas porque éstas hace rato que están en las cárceles o en el exilio. A Maduro podemos vencerlo sin dificultad en las urnas electorales, pero ¿cómo vencemos el miedo a perder lo poco que tenemos, incluida la vida? No cabe otra, pongámosle más corazón que tripa y salgamos a votar.