domingo, 19 de abril de 2015

Unidad Nacional: deuda más importante de la oposición

Cuando se hurga acerca del por qué la oposición política al gobierno chavista no ha sido más eficiente en lo que concierne a la denuncia del autoritarismo del régimen, suele argumentarse que, a más de los costosos errores y desaciertos cometidos por aquélla, ha tenido que padecer la indiferencia, y hasta complicidad, de la comunidad internacional con relación a las violaciones y abusos de que vienen siendo objeto nuestro país por parte del gobierno madurista. Parecía que en este ámbito no sólo estábamos solos sino también arrinconados. Ante las graves denuncias de violaciones a principios y prácticas democráticas la comunidad internacional  se limitaba a recordar que en Venezuela se celebran elecciones y hay separación de poderes.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte se han oído voces de la comunidad internacional que cuestionan la pretendida independencia de poderes y, con ella, el valor democrático de las profusas elecciones que se realizan en el país. Y, recientemente, en una acción sobrevenida y bienvenida, un grupo de ex gobernantes de América Latina y Europa decidió denunciar el actual estado de cosas que vive Venezuela y abogar por las victimas de tales desafueros. ¿A cuenta de qué? A cuenta del derecho que asiste a todo ciudadano de defender los valores, principios, garantías democráticas y derechos humanos en cualquier sitio y momento en los que éstos sean  menoscabados, más allá de fronteras geográficas e ideológicas.

¿Y cuáles son los indicadores que permiten basar la denuncia? La ausencia de  separación de los poderes públicos. Cuando Chávez, las decisiones de cualquier tipo y materia las tomaba él; a tal extremo llegó el atropello en los asuntos jurídicos que se permitía mandar a poner presa (desde un estudio de televisión) a quien quisiera y, además, le dictaba la sentencia; el caso de la jueza Afiuni es el más emblemático de la conculcación del poder judicial. Actualmente la mala práctica continúa, aunque con mayor participación de los poderes sumisos. Si el poder judicial no es autónomo resulta ocioso pretender que habrá otros poderes públicos que salven la honra democrática, porque el poder Judicial es la esencia de ésta; sin su existencia autónoma nada puede ser democrático.

La génesis de este apoyo de los ex presidentes tiene su origen en una “noticia críminis”: la democracia venezolana está siendo violada; y en los desvelos conyugales de algunas de las esposas de quienes hoy sufren injusto encarcelamiento. Pero, ¿qué pasa con la oposición venezolana? ; ¿por qué se deja suplantar en funciones que por naturaleza le son propias: denuncia, crítica y opinión? Porque está chantajeada, amenazada, agredida, en suma, aterrada; pero después del pronunciamiento de los ex presidentes sabe también que no está sola.

Para fines de año está pautada una elección que es crucial para el destino político del país y en donde la única manera de derrotar al Gobierno es yendo unidos y masivamente a votar. El Gobierno está interesado en que los aterrados se queden en casa, y que los opositores que vayan a votar no lo hagan unidos. Es hora de que la oposición revierta los términos. Demostrarles al pueblo opositor y a los ex presidentes que nos están apoyando que si podemos unirnos, y que la dirigencia  opositora  venezolana se convertirá en una cantera de denuncias que luego el frente de ex gobernantes podrá ventilar, apoyar y defender internacionalmente.    


La oposición venezolana ha carecido de un eje político que soporte su unidad nacional; pues bien, parafraseando a Arquímedes de Siracusa, convirtamos al grupo de ex gobernantes en el punto de apoyo que necesita la democracia venezolana para mover el mundo (y el piso) del chavismo que nos agobia.

domingo, 12 de abril de 2015

El voto que la “oposición” piensa botar

 En las próximas elecciones para elegir a los miembros del parlamento los sectores opuestos al chavismo irían a esa elección con la mayor probabilidad de éxito de toda la historia chavista; más incluso que cuando el referendo para modificar la Constitución (2007), y que perdiera el chavismo mediante una derrota sobrevenida. La no proporcionalidad de los resultados podría jugar a favor de la oposición al dejar de ser el Psuv la primera mayoría; la mayoría de los electores, chavistas incluidos, culpan y responsabilizan al Gobierno por el desastre durante la gestión Maduro; y el ventajismo y abuso electoral tenderá a ser neutralizado por una opinión pública internacional más vigilante que ha comenzado a pedir más democracia a quienes se proclaman demócratas pero actúan como dictadores. Todo esto será posible si se configura una unidad anti dictadura.

Mas, y aunque usted no lo crea,  las diferentes tendencias opositoras no sólo no se han puesto de acuerdo para concebir y crear tal unidad, sino que ¡no la quieren crear! Veamos mediante un somero análisis las diferentes posturas al respecto.

Oposición MUD. Una circunstancia electoral le dio vida, y luego, más por inercia histórica que por otra cosa, devino en oposición oficial, lo que le permite acordarse con el Ejecutivo con relación a los temas más importantes y álgidos. Actualmente se ha constituido en la oposición “buena”, “seria” y “confiable”, según la paternal consideración de los grandes jerarcas del Gobierno.  No está interesada en la unidad anti dictadura sino en el desarrollo de un partido político: PJ. Por eso ha ejercido una fuerte resistencia a que en los eventos electorales la oposición participe con una tarjeta única; y no la afecta en lo más mínimo la no proporcionalidad electoral. Su principal aspiración es que el Ejecutivo le asegure el segundo lugar en las lides electorales.

Voluntad Popular. Hija putativa de PJ. Su legitimidad política le es reconocida cuando durante las Primarias para elegir el candidato presidencial que compitiera contra Chávez en la elección de 2012, Leopoldo López decide declinar su candidatura para apoyar a Henrique Capriles,  en un acto frente a las cámaras de televisión que tuvo mucho de teatro y payasada, pero nada de político. No tuve más remedio que votar por Capriles porque era la única forma de hacerlo contra Chávez. Durante el 2012 rompe, por cuestiones tácticas,  con PJ y proponen retomar la calle; lo logran, pero después lanzan lo logrado por la borda, mediante un movimiento que se denominó La Salida, y al  cual no hemos podido encontrarle un ápice de pertinencia y sensatez.

Alianza Progresista. Con este nombre, a falta de otro más “oficial”, englobamos  a los partidos políticos de izquierda y otras agrupaciones que han sido, y se sienten, víctimas del sistema electoral que de manera ventajista la dictadura le impuso al país. Proclama su inconformidad con los grupos que representan la polarización (MUD y Psuv) pero están más dispuestos a avenirse con un disidente chavista que con un salta talanquera de la Cuarta República. Su estrategia política es la denuncia permanente de todo lo malo acaecido durante la era chavista pero sin olvidar, más bien recordando y enfatizando, todo lo negativo de la Cuarta República. Y esto tiene una explicación, estos grupos representan al verdadero chavismo; que fueron traicionados por Chávez pero le siguen pasando la factura a los adecos y copeyanos de la Cuarta República.

La conclusión que arrojan los comentarios anteriores nos permite establecer que ninguno de estos grupos quieren una unidad nacional; los dos primeros porque su lucha es por el liderazgo de la maltrecha e inútil oposición; y la tercera (Alianza Progresista) porque su lucha es por un liderazgo ideológico que no pretende gobernar ni ser gobierno, sólo tener en la Asamblea Nacional a alguien que diga presente cuando Diosdado pase lista.  
Si no quieren forjar la unidad nacional, mucho menos están interesados en combatir la dictadura; más aún, ni siquiera reconocen la existencia de un gobierno dictatorial; eso explica la pretensión de las oposiciones de acabar con la polarización mediante la pluralidad partidista, lo que favorece y  apuntala la dictadura. Lo único que puede derrotar a la dictadura es la unidad de todos los que la rechacen. No importa si son de la cuarta, quinta o sexta. La dictadura será temporal si se alcanza la Unidad Nacional, de otro modo estaremos a las puertas de su eternización. En un contexto dictatorial la libertad y democracia deben ser factores polarizantes.


Los grupos opositores no son los culpables del desmadre político, pero sus líderes sí. Las próximas elecciones es una buena oportunidad para demostrar que, en ocasiones, el pueblo supera a sus líderes. Ya hay un precedente, las exitosas elecciones de las esposas de los alcaldes defenestrados. Dejen al pueblo en sus regiones decidir sobre lo suyo; sólo seamos nacionalistas e intransigentes con la Unidad Nacional.

domingo, 22 de marzo de 2015

El retorno de los brutos activos

Se dice que durante la primera guerra mundial los alemanes  clasificaron  su ejército con base en dos variables: inteligencia y dinamismo. Se formaron 4 grupos: Inteligentes Pasivos (Estado Mayor), Inteligentes Activos (oficiales de primera línea), Brutos Pasivos (soldados rasos) y Brutos Activos, a quienes el informe técnico indicaba que  fuesen fusilados por los propios alemanes porque… ¡son los que nos hacen perder la guerra!

El bruto activo es altamente ineficiente, entendiéndose por tal la incapacidad para hacer lo correcto, correctamente (la Revolución Bolivariana era correcta, pero no así su irreversible prostitución). Su espacio natural es el caos y su accionar favorito es la anarquía, por eso los efectos de sus acciones son, casi siempre, contrarios al logro de su propósito, con lo cual da armas al adversario y pierde las posiciones que hubiese conquistado.

En la política venezolana se ubican en ambos bandos, se hacen llamar radicales, dominan la dirección de los sectores en pugna: oficialismo y oposición,  y deberán ser controlados so pena de hacerles perder la “guerra” a los dos contendores: democracia y dictadura. Durante los gobiernos de Chávez éste monopolizó el nacimiento, desarrollo y auge de los brutos activos en el sector oficialista; de hecho, es el único de estos especímenes que en la política venezolana pudo considerarse como el más exitoso. Su muerte dejó en la orfandad al sector oficialista que, desconcertado, no atina a bregar con lo peor de Chávez: su legado.

En el campo de los opositores el sector de los brutos activos vivió su época dorada durante el primer lustro del siglo XXI: un fallido golpe de Estado, una huelga petrolera que fue un fracaso prolongado, y una abstención bendecida por el oficialismo porque  permitió el comienzo de la legitimación de la dictadura. Después de 2007 (primera y única derrota de Chávez),  los brutos activos se aplacan, aunque persisten las críticas (en mi opinión válidas) por la mala conducción de la dirección opositora. La muerte de Chávez, sin embargo, desata los demonios (brutos activos) opositores que cumplen la “hazaña” de La Salida y acogen las ridículas sanciones de Washington.

Actualmente los brutos activos tienen el control de ambas facciones, lo que augura para cada una de ellas un desenlace de “perder-perder”. ¿Cómo se puede revertir la situación para que la relación devenga en un “ganar-ganar”? Sincerando las verdaderas fuentes de poder. El chavismo deberá deslastrarse del legado de Chávez para poder continuar (renovada) la revolución chavista. Atarse al legado del caudillo es compartir la responsabilidad por el mayor descalabro político, social y económico que haya padecido Venezuela durante toda su historia. Para que el chavismo pueda seguir, Chávez deberá quedarse donde está.

En el campo opositor la ciudadanía debe estar por encima de la filiación partidista. Es imprescindible que durante la transición hacia el rescate pleno de la democracia se conforme y consolide una unidad nacional. Una unidad que represente a la ciudadanía y que, además, pueda acordarse con el chavismo sin Chávez para llevar adelante acciones conjuntas de coexistencia política mientras dure la transición. Un nuevo gobierno no es lo fundamental para iniciar el rescate de la democracia, sino la transformación paulatina de las instituciones claves para el ejercicio democrático: AN, TSJ y CNE.

El futuro no luce promisor; los brutos, tanto oficialistas como opositores, parecen tener ganada la partida, y siguen esperando, respectivamente, la resurrección de Chávez y la renuncia de Maduro.  

jueves, 12 de marzo de 2015

Democracias sin separación de poderes, o el último chiste de Samper

El señor Samper, Secretario General de Unasur, no se ha distinguido por emitir declaraciones pertinentes y afortunadas (recuerden el caso del diputado Serra), por eso no sorprenderá que comentemos a continuación lo que hemos calificado como el último chiste del dignatario, aunque, en honor a la verdad, a los venezolanos nos parece un chiste de los calificados como crueles o de mal gusto. Declaró, en una combinación chistosa y cínica que había invitado a los poderes judicial y fiscal a las conversaciones con Unasur, “habida cuenta de que en Venezuela existe separación de poderes” El chiste es aseverar lo anterior, lo cínico es pretender que él no lo sabía. Chiste y cinismo nos obligan a puntualizar.

En Venezuela no existe separación de poderes porque todos ellos fueron conculcados por Chávez. Eufemísticamente suele decirse que fueron conculcados por el Ejecutivo, pero eso no es más que una “hoja de parra” que, por lo demás, el dictador nunca pretendió ni usó, aunque sí lo hizo la claque de adulantes. La no separación de poderes fue uno de los obsequios que los aduladores del poder judicial le hicieron al dictador. En efecto, el Tribunal Supremo de Justicia no sólo aceptó la dictadura de Chávez  sino que teorizó con relación a su justificación; así, la anterior Presidenta y la actual del TSJ  han aceptado y defendido la tesis de que en Venezuela no debe haber separación de poderes porque ésta es contraria a un Estado socialista como el que existe en el país; en otras palabras, no solo no se practica la separación de poderes, sino que se rechaza. 

Pero Samper no se limitó a caracterizar indebidamente a un miembro de Unasur  al considerarlo como democrático, aunque carece de separación de poderes; sino que amenazó con el rechazo unánime a  “cualquier intento de desestabilización que se produzca en una democracia o contra un gobierno”. No hay que ser muy sagaz para intuir  que se estaba refiriendo a Venezuela, pero parece que al dignatario lo “traicionó el subconsciente” al hacer una fina distinción entre democracia y gobierno, porque toda democracia puede ser gobierno, pero no todo gobierno puede ser democrático. En Latinoamérica los gobiernos no democráticos de Cuba y Venezuela, por ahora, confirman la excepción; por eso Venezuela  recibirá también el “cheque en blanco” que está ofreciendo Samper, a pesar de no contar con separación de poderes.

Desde el 2006 hasta 2013 Venezuela padeció la dictadura de Chávez, y desde 2013 hasta hoy padece una dictadura chavista. ¿Qué tienen en común ambos períodos para ser calificados como dictatoriales? La ausencia en ambos de una separación de los poderes públicos, especialmente los correspondientes al poder judicial y al electoral; con el control del primero se asegura la impunidad de los delitos políticos; con el control del segundo se garantiza la perpetuidad del gobernante. Democracia y dictadura son polos opuestos y, en consecuencia, se repelen; en ambos sectores hay razones, pero en sólo uno de ellos (en la Democracia) hay libertad.


Con base en lo anterior es dable preguntar: ¿se puede desestabilizar una dictadura? Se puede y se debe;  y en algunas legislaciones, como la venezolana, se establece el por qué y el cuándo aunque no se precisa el cómo. Aún así, la oposición venezolana está obligada a sacudirse la actual dictadura recorriendo la ruta constitucional por su legitimidad y eficiencia. Como lo establece la Constitución en su artículo 350:  “El pueblo de Venezuela fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos”. Esta debe ser la ruta para restaurar el Estado de Derecho; la meta, generar y apuntalar una mayoría en las urnas electorales, en la calle y en la opinión internacional. Pero antes hay que superar dos alcabalas: la Unidad Nacional de la oposición y la derrota de Maduro en todas las instancias anteriormente señaladas. Ya sabemos que padecemos una dictadura, ahora hay que demostrarlo. En las próximas elecciones vota por quien sea, siempre que sea contra Maduro.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Del 350 y la mayoría opositora

El comportamiento último del gobierno madurista: encarcelamiento de opositores a troche y moche sin pruebas y sin decencia, no deja lugar a dudas acerca de su carácter dictatorial; pareciera que en cuanto a la calificación de la dictadura el régimen ya agotó su ración de eufemismos. Afortunadamente, pensábamos algunos, nuestra Constitución había previsto lo conducente cuando en su artículo 350 establece: “El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos” Sin embargo, aunque  el gobierno de Maduro es un retrato fiel de la dictadura que el legislador previó y quiso evitar, a nadie se le ha ocurrido pedir la activación del  350 ¿Por qué?

Porque en todas las elecciones celebradas durante el período 2000-2012 (exceptuando el referéndum de2007) el aprendiz de dictador recibió un cheque en blanco (poderes públicos conculcados) que soslayó la oportunidad, pertinencia y validez del 350. Durante ese lapso Venezuela padeció la estafa perfecta: aquella que, chequera mediante, es aplaudida y bienvenida por los propios estafados. ¿Ignorancia?, ¿soborno al por mayor?, ¿miseria ideológica?, ¿incompetencia administrativa?; todas ellas, especialmente la ultima mencionada que puso a los expertos en economía (dentro y fuera del país) a preguntarse no el porqué de la súbita ruina económica y política, sino ¿por qué la habíamos permitido? Aquí aplica el viejo refrán: “Sarna con gusto no pica, y si pica no mortifica”

La muerte del caudillo no ha significado una rectificación ni en lo económico ni en lo político; por el contrario, la represión se ha acentuado y la violación de los derechos humanos campea por sus fueros, en consecuencia, pareciera necesario mirar hacia el 350 para luchar constitucionalmente contra el embrión dictatorial. La activación del decreto no es puntual en cuanto tiempo y acción, sino resultado de un proceso que, como mínimo, generen dos condiciones que aseguren su viabilidad y efectividad: la unidad nacional de los sectores de oposición y la demostración incontrastable de que esta última es mayoría. La primera condición trascendería el nivel de partidos, aunque no los excluiría; la segunda se manifestaría no sólo en el plano electoral, sino también en la calle y en la opinión de la comunidad internacional.

 Con base en lo anterior podría decirse que la lucha eficiente y eficaz contra la dictadura comienza al constatarse que la oposición es mayoría en todos los ámbitos mencionados: urnas electorales, calle y opinión de la comunidad internacional. Falta mucho para eso, aunque el déficit en el respaldo a Maduro de la comunidad internacional se ha agrandado y sólo parece contar con el escuálido apoyo de los países que están en la nómina de Miraflores.

 La unidad nacional de los opositores y una eventual mayoría de la misma es “harina de otro costal” que casi hace frontera con los predios de la utopía. Lo que hasta ahora se ha considerado como unidad opositora es un acuerdo entre partidos que privilegia sus intereses en contra del interés nacional. Primero Justicia y Julio Borges son los abanderados de esta política. Ahora se habla de refundar una Unidad que nunca llegó a fundarse. Si no hay unidad nacional es ocioso pensar en ser mayoría.

No debería permitirse que PJ y Borges sigan usufructuando una unidad en la que no creen y sabotean. La Unidad nacional debe deslastrarse de siglas y conveniencias; su único propósito debe ser combatir y derrotar la dictadura; y su única estrategia, por ahora, es oponerse a los desmanes y autoritarismo del desgobierno madurista. Por eso, quien considere válidas las consideraciones  anteriores no debe dudar en hacer el esfuerzo y sacrificios necesarios para que en las venideras elecciones legislativas se comience a forjar una Unidad Nacional que trascienda no sólo a los partidos sino también a las agrupaciones autodenominadas progresistas. Para identificarla basta con el gentilicio.


Hazlo, y estarás dando el primer paso hacia la conformación de la Unidad Nacional y, eventualmente, la constatación de la mayoría opositora para la exitosa activación del 350.

lunes, 9 de febrero de 2015

Decreto 008610: ¿licencia para matar opositores?

Mortales, letales y mortíferas son, según la historia y el diccionario, los tipos de armas que cualquier dictadura que se precie ha usado siempre para enfrentar las protestas que se atrevan a manifestar en su contra. Parece ser también la intención  del  Gobierno al aprobar un decreto (Resolución 008610) con fecha 27/01/2015 en el que establece “el uso de la fuerza potencialmente mortal, bien por el arma de fuego o con otra arma potencialmente mortal” para evitar los desórdenes. Que en Venezuela se hayan usado armas de fuego para reprimir manifestaciones, aunque la Constitución lo rechace, no es una novedad;  lo nuevo reside en la pretensión de que se legalice la figura y que se estrene su práctica durante el año en curso.

El propósito de esta medida es el de intimidar a los eventuales (casi seguros) manifestantes durante la campaña electoral del 2015, habida cuenta que el desastre gubernamental, saqueo y ruina del país, es de tal magnitud que resultará muy difícil que los grupos más afectados negativamente no se vuelquen a las calles para hacer oír su voz de protesta. La protesta no es una opción, su naturaleza sí. Dependerá de la forma como sea concebida y tratada por la oposición y el Gobierno. Una protesta concebida y organizada en el contexto de la norma democrática respetará el derecho de la oposición que le niega el alcalde Jorge Rodríguez, pero también el del Gobierno a no ser provocado por guarimberos.

El fracaso del Gobierno lo obliga a la represión desmedida, por eso se ha venido preparando para una guerra contra los posibles manifestantes. Necesita que en la llamada “unión cívico militar” los militares, milicianos y colectivos asuman el control legal de la represión, es decir, pasen del ilegal ensuciarse las manos, a la “legal”, mortal, letal, y mortífera represión alcahueteada. Así, cuando en el futuro se quiera condenar internacionalmente los muertos que pudiera generar la aplicación de este decreto, el Gobierno siempre podrá recurrir a su justificación porque estaría “respaldado” por un decreto ley y el concurso de sus propias fuerzas armadas,  colectivos y milicianos.

Regular el uso de la fuerza y violencia en las manifestaciones  es imprescindible; regulación que debería considerar los derechos de los actores principales: gobierno y oposición. Un gobierno democrático respetuoso de la Constitución debe, en esta materia, ser lo más ecuánime posible. Por ejemplo, extender una guaya para decapitar a un motorizado oficialista debe generar el mismo repudio y sanción que desfigurar el rostro y la existencia de una joven opositora con un disparo de escopeta de perdigones disparada a centímetros de distancia; mas, ambos crímenes no recibieron el mismo trato, y casos similares en la Venezuela de hoy no lo recibirán porque en nuestro país se vive una democracia desvirtuada y una justicia sesgada que cada día hace más mérito para ser calificada de dictadura.   

Las llamadas neo dictaduras que han comenzado a proliferar a partir de la revolución chavista suelen esconderse detrás del cliché electoralista y el principio de la no intervención; de este modo tratan de reivindicar una supuesta democracia verdadera en contraposición a la formal, representativa e imperfecta que, hasta ahora, nos ha cobijado políticamente. Es lo mismo que hace Cuba cuando pretende, con toda desfachatez, que se le considere una democracia porque así lo establece su Constitución, aunque el gobierno dispense a sus nacionales un trato despótico y dictatorial.

¿Cómo enfrentar este decreto? A lo interno no es mucho lo que puede hacerse porque la oposición ha fallado en alcanzar una unidad opositora en el nivel nacional; por el contrario, los intereses partidistas, económicos e ideológicos alejan más la posibilidad de una unidad nacional. A lo externo, sin embargo, las denuncias de la oposición y las garrafales “metidas de pata” del chavismo han tenido eco y repudio por parte de la comunidad internacional. 

Esto hace que el famélico mensaje de la oposición no tiene que ser probado porque de eso se ocupa, y muy eficientemente, el propio Gobierno. Antes la dictadura chavista compraba su aprobación internacional, ahora no tiene los recursos para  hacerlo  y, además, la comunidad internacional acepta menos la irracionalidad de su política exterior. Démosle a esa comunidad  las banderas de la oposición hasta que tengamos la capacidad de enarbolarlas nosotros mismos.  

viernes, 30 de enero de 2015

Oposición que no quiere ser

Terminó el 2014 y con él la oportunidad que se había previsto para organizar la oposición. El propósito resultó fallido. Hubo atenuantes como La Salida pero ninguna razón para habernos anclado en ese traspié. Subir el ancla supone, simplemente, reconocer el error. Ni lo que estaba haciendo y proponiendo Capriles servía, ni lo que terminaron de hacer López y María Corina sirvió. Ahora en el campo de la oposición celebran albricias porque los responsables de haber encallado (PJ y VP) han hecho las paces y aseguran más de lo mismo por un largo período.

¿Qué se supone debe ser el propósito último de la oposición a una dictadura? La denuncia y protesta de todas las violaciones al sistema democrático, dicen algunos; la consecución de la unidad nacional, arguyen otros; y, por último, alcanzar una mayoría indiscutible en las urnas electorales y en la calle, anhelan todos. Todas las anteriores son válidas, pero no independientes sino concatenadas. Las denuncias y protestas son las primeras en desvelar la dictadura; la unidad nacional calibra las posibilidades de derrotarla, y cuando tengamos una mayoría indiscutible (no sólo en lo electoral), ni con trampas la dictadura podrá evitar su derrota. Esto, por supuesto, es más fácil de bosquejar que de instrumentar.

En el caso venezolano la oposición soslayó tempranamente su responsabilidad de denuncia permanente y la sustituyó por el trabajo electoral que siempre estuvo circunscrito a un evento comicial, desdeñándose el trabajo previo al evento mismo (denuncias y protestas). De este modo, la dictadura nunca ha sido cuestionada ni mucho menos confrontada; en otras palabras, el nacimiento y consolidación de la dictadura siempre contó con una ausencia opositora; de ahí que ésta siga pensando que la confrontación a la dictadura debe esperar y cumplir los plazos electorales.

Y con respecto a la unidad la oposición la concibió y trato de organizarla, pero no para enfrentar a la dictadura, de hecho, todavía hay opositores que consideran la dictadura como un nivel de deterioro político al que todavía no hemos llegado, por eso la unidad concebida por la MUD fue una de partidos políticos que se enfrentaría a la dictadura en “buena” lid electoral. En consecuencia, la unidad alcanzada resultó, como debía serlo: chucuta, excluyente e ineficaz. A veces, ¿sólo a veces?, esta unidad de partidos parece hecha a la medida de la dictadura, pues se querella más con el sector democrático que con el dictatorial.


Comienza el 2015 sin cambios políticos y, en el campo opositor, parece que así terminará, con una mayoría cada vez más lejana y una desesperanza abrumadora. Ya no hay tiempo para cambiar me confiaba un colega durante la conmemoración de un evento político, refiriéndose a las posibilidades de mejorar el chance opositor en las próximas elecciones para elegir la Asamblea Nacional; es posible, pero siempre se estará a tiempo para que la oposición se decida y llegue a serlo. Hay tiempo para cambiar el caudal de votos de la MUD por el de los votantes que rechazan el gobierno de Maduro. El principal objetivo de la oposición en las elecciones venideras no es ganar, sino comenzar a forjar la mayoría.