domingo, 25 de octubre de 2015

El 6-D puedes salir de Maduro

Algunos opositores al gobierno, dentro de la gama existente, tratan de justificar su desgano ante una posible participación en las elecciones del próximo 6-D, arguyendo que sus resultados no tocarán a Maduro; en otras palabras, todo seguirá igual porque el Gobierno no cambiará, dado el carácter regional de la contienda. Esto será cierto si Maduro gana las parlamentarias, es decir, gana mayoría de curules y  mayoría de votos en el nivel nacional. Si ese fuese el caso, la oposición en la próxima década desaparecería y la contienda política sería entre los vástagos de la vieja generación chavista: Nicolasitos, Gabrielitas y Cabellitas.

Pero en un escenario en que el Gobierno gane en los curules pero pierda la votación en el nivel nacional, entonces las cosas, después del 6-D, serían iguales a las primeras de cambio pero no serían lo mismo, pues el Gobierno tendría pintado en la frente un referéndum plebiscitario que sería constitucional, con un apoyo internacional  a prueba de trampas, y una votación contraria a Maduro superior a la alcanzada por el chavismo en la elección del 6-D. Como puede verse, con base en este análisis, los resultados de la próxima elección no solo tiene que ver con Maduro y su gobierno, sino que es a éste a quien más afecta, pues si perdiera la AN tendría, el mismo 6-D en la noche, que ponerse a hacer maletas. Si gana la AN pero pierde la elección nacional, durará en el cargo un poquito más pero no lo suficiente para continuar la dictadura.

Por eso no entendemos la postura de algunos opositores como los aludidos en el primer párrafo, porque nunca como ahora hemos estado tan cerca, como otrora lo estuvo Chile, de derrotar una dictadura mediante el ejercicio del voto. Pretextos y excusas ya no son válidas porque existe la real posibilidad de que la oposición triunfe; luego, la pregunta que un verdadero opositor a la dictadura debe hacerse es: ¿cómo hacer para que mi voto contribuya lo más posible a la derrota de Maduro?   En esta ruta  hay, todavía, muchos baches que sortear. El más importante es la falta de unidad en el nivel nacional; sin embargo, la unidad regional en algunos casos es posible. Sería criminal que no se lograra acuerdo en aquellas entidades en que la suma de la votación opositora supere al chavismo. Esto afectaría notablemente la posibilidad de ganar la AN.


Ante este panorama, el chavismo se empleará a fondo en la activación de todo su repertorio de trampas y artimañas. Ya lo están haciendo con el arsenal de provocaciones como la que han montado con la acusación a Lorenzo Mendoza. El objetivo está de bulto, generar en la oposición una respuesta emocional, afectiva de acuerdo a lo deleznable de la acusación y provocación. En situaciones como ésta es necesaria responder con cabeza fría a la provocación, pero sin ignorarla; ni mucho menos hacer como el avestruz, esconder la cabeza, estilo de respuesta seguido hasta ahora por el liderazgo opositor. Cada desaguisado del chavismo debe hacerse del conocimiento del pueblo, de la comunidad internacional y de sus organismos competentes. 

lunes, 12 de octubre de 2015

Revolución de lucro sin fines

Este título, “fusilado” a un colega de la Escuela de Educación de la UCV,  refleja un juego de palabras que pretende ser ingenioso y hasta jocoso pues casi roza los predios del chiste; pero la verdad es que es un asunto muy serio el que una institución se quede sin fines y, en el plano teleológico, solo persigan objetivos que lucren su actividad; porque  cuando evaporamos los fines en un contexto institucional, lo que en definitiva se logra es que la institución que ha sido objeto de tal despojo renuncie a su calidad institucional.

La pérdida de sus fines por parte de la revolución bolivariana despojó a ésta de lo institucionalmente sustantivo. Así, seguimos teniendo tribunales y jueces pero ya no tenemos justicia; tenemos leyes,  normativas y hasta una institución para generarlas (AN), pero es otro poder (Ejecutivo) el que las confecciona y dicta; tenemos fiscalías y fiscales pero nadie nos salva de la impunidad frente al poderoso y la complicidad con el delincuente; tenemos contralorías que no controlan el miedo, soborno o chantaje; y un CNE, teóricamente un monumento a la imparcialidad, pero  que está al servicio de quien verdaderamente  decide  cuándo, cómo y dónde se realizan y ganan elecciones en este país. 

La refundación de la universidad venezolana en 1999 con motivo de la formulación de una nueva Constitución generó la oportunidad de valorar nuevos fines universitarios. La propuesta de estos nuevos fines estuvo contenida en el Proyecto Alma Máter, concebido y dirigido por la OPSU e inspirado en la concepción de calidad educacional plasmada en la nueva Constitución; mas no hubo tiempo de ser discutida ni evaluada en su corta experiencia. De hecho, todos sus fines fueron conculcados en aras de un objetivo muy específico: la contribución de todas las instituciones venezolanas en la perpetuación en el  poder del gobernante de turno. De ahí en adelante desaparecen los fines en la educación superior y son sustituidos por objetivos altamente lucrativos, el mayor de ellos la preservación del poder político.


En el caso de la universidad venezolana, a la que ahora vanamente queremos y pretendemos asegurar su calidad, la supresión de sus fines se enmarcó en una política de anticalidad. La meritocracia, verdadero bastión de la calidad universitaria y finalidad indispensable de la educación superior venezolana, fue sustituida, paradójicamente,  por el facilismo alcahuete. Por eso no entendemos como se pretende identificar algún atisbo de calidad en una institución que quedó huérfana de la misma, porque al suprimir los fines se suprime también la posibilidad de que la educación superior venezolana ostente algún nivel de calidad institucional. Antes de Chávez la calidad universitaria era un intento fallido; después de él fue y sigue siendo su negación.