viernes, 19 de diciembre de 2014

La verdadera polarización

Ya es costumbre que en los diagnósticos del acontecer político en el nivel nacional se concluya, en la mayoría de los casos, que la culpable por la ausencia de unidad y práctica democrática es la polarización entre el Psuv y la MUD; de ahí que la solución a ese problema radique en atacar la polarización mencionada con miras a que en las elecciones del 2015 los resultados electores reflejen una mayor equidad y ecuanimidad como lo establece la Constitución en su artículo 63.

El planteamiento anterior, que no compartimos totalmente, obliga a algunas precisiones. Primero, en una connotación del DRAE polarizar es “orientar en dos direcciones contrapuestas”; nosotros creemos que la actual polarización política no debe ser entre el Psuv y la MUD (porque no son contrapuestos) sino entre DEMOCRACIA y DICTADURA. Si usted se considera demócrata, ¿dudaría en polarizar contra una dictadura?; si su respuesta es un no tajante únase al club; si su respuesta es un no con matices, entonces indague sobre la fracción y/o porcentaje que aceptaría; pero desde ya le diremos que no los conseguirá porque la oposición a una dictadura no admite medias tintas.   

Por eso, hay que reconocer que la “polarización” entre el Psuv y la MUD no sólo es falsa sino altamente perjudicial para el rescate de la democracia, es decir, en la lucha contra la dictadura chavista porque convierte a la oposición en un aliado de la dictadura al “lavarle la cara” con la supuesta polarización. Al entronizarse una dictadura de un partido (hegemonía), éste y los otros ya no podrán jugar el papel que la democracia les ha asignado, tanto es así que la misma Constitución prevé este cambio de roles (rebeldía) y llama a polarizar la dictadura cuando en el artículo 350 establece: “El pueblo de Venezuela…desconocerá cualquier régimen…que contraríe los valores, principios y garantías democráticos”

Con base en lo anterior, ¿cuál es el papel que juega actualmente la llamada oposición venezolana?, la de una hegemonía de segunda o segundona, según se mire. Veamos, la dictadura chavista ejerce la hegemonía nacional en todas las áreas políticas y algunas sociales como la informacional; mientras que la oposición intenta ejercer la hegemonía partidista entre los propios opositores; esta es la tarea que la dictadura chavista encomendó al partido Primero Justicia y que éste ha venido cumpliendo fiel y eficientemente. En toda contienda electoral PJ compite por, y se contenta con, el segundo lugar en espera de lo fortuito o sobrevenido, de ahí  que sus principales adversarios no estén en el Psuv sino en la MUD.  

Cuando decimos Primero Justicia englobamos a los fundadores y disidentes, es decir, a Julio Borges y a Leopoldo López; de hecho, la gran batalla por la hegemonía “opositora” es entre los viejos de PJ y los bisoños de VP; ambos pretenden lo mismo: liderar el segundo lugar en las próximas elecciones para la Asamblea Nacional.


¿Qué hacer? Votar contra todo lo que huela a PJ y VP y a cualquier partido; hace mucho tiempo que expropiaron nuestra  decisión y nos obligaron, chantaje mediante,  a votar por personas que no respetan las minorías y nulifican el principio constitucional del voto directo y secreto. Si ellos son los que tienen la razón, entonces que lo demuestren, pero sin nuestro voto. Lo otro que debería hacerse es presentar una sola tarjeta que sirva de opción a la oposición no partidista. Así, los ejemplos apartidistas de las Scarano y Ceballos contrastan, elocuente y positivamente,  con la negatividad del “show” partidista de los Arellano. Mirémonos en ese espejo.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Magnicidio a lo chavista, o el déjà vu permanente

El déjà vu, esa percepción o reconocimiento de lo ya vivido aunque no haya acaecido es un fenómeno bastante frecuente, pero que en el caso del gobierno bolivariano ha adquirido carta de nacionalidad dada su recurrencia, negatividad y capacidad predictiva. Por ejemplo, cada cierto tiempo el Presidente de turno recurre a unas leyes habilitantes que sabemos no serán pertinentes, tardíamente “aprobadas” e innecesariamente violadas durante el parto, pero que mantienen el formato; o cuando se espera sincerar los precios y se instrumentan operativos con largos trasnochos y colas que logran vaciar los anaqueles de DAKA y otras tiendas hasta el próximo año (2015) en vísperas de elecciones o navidades; o cuando amenazan con pulverizar al dólar paralelo, señal inequívoca de que el bolívar será oficial y severamente devaluado.

Pero de estos déjà vu gobierneros muchos se transforman, y hasta se renuevan; sólo uno ha sobrevivido a su progenitor debido a que éste murió pero siguió mandando, inaugurándose el magnicidio a lo chavista. En efecto, su padre fue Chávez quien, en honor a la verdad, se lo “fusiló” a Fidel. Durante los gobiernos de Chávez no hubo año en que éste no denunciara un supuesto plan de magnicidio que,  invariablemente, se gestaba en los Estados Unidos y se instrumentaría en Venezuela por los oligarcas nativos; más recientemente los complotados hacían una escala en Colombia para “uribizar” el plan y  retirar los viáticos. Ni una prueba, mucho menos un preso; salvo la amenaza apocalíptica si algo se concretara; el de Sabaneta siempre se creyó un segundo Gaitán. Magnicidio “light” que cada año se presentaba como para dar fe de vida.

En el madurismo se mantiene la amenaza del magnicidio, pero no con sus propósitos clásicos: cohesionar e inspirar a los sectores oficialistas; ahora el magnicidio es utilizado para meter en la cárcel  a políticos opositores mediante el chisme cibernético. Antes nos sonreíamos burlonamente ante la flota de aviones que había descubierto José Vicente, y con la cual paisas y cachacos pensaban invadir al país; pero tuvimos que fruncir el ceño cuando se nos dijo que con base en cuatro “twitter” y un video de internet se podrían fabricar las “pruebas” para mandar a la cárcel a los opositores incómodos; y esto no tiene gracia. Al  Gobierno le ocurre como en la sesión de chistes numerados, en la que basta  mencionar un número  para provocar hilaridad; excepto cuando se menciona un número y nadie ríe porque quien lo mencionó “no tiene gracia pa’ contar chistes”. Hace rato que el pueblo no le ríe los chistes al  Gobierno porque no los sabe contar; no provocan hilaridad sino terror.


Si el gobierno de Maduro pretende hacer de la represión su carta de presentación, debería dejar a un lado eufemismos y máscaras y transitarla “por la calle del medio”, como lo hiciera el caudillo cuando condenó a la jueza Afiuni a “cadena perpetua” sin temblarle el pulso ni rendir cuentas a nadie; así al menos sabríamos a que atenernos. Sin embargo no ha sido así, la irresponsable acusación de magnicidio (no especificaron el grado: intención, deseo o frustración) contra María Corina Machado no les ha permitido montar un caso de Magnicidio, salvo por la muerte del  tedio, única víctima, por ahora, de este sainete mal montado.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Democratización chavista, o la calidad imposible

El presidente Maduro ha declarado sus intenciones de “democratizar” el ingreso a las universidades oficiales, porque en estas instituciones existe “una cúpula que se agarró las universidades autónomas” (1). ¿Qué es para el señor Maduro una universidad democrática? Una en donde estudien los “hijos del obrero y de la obrera y del campesino” (la exclusión de la campesina es un lapsus comprensible); en otras palabras, que garantice el acceso de los más humildes, de este modo el ingreso a la educación superior se considera como parte del pago de la deuda social que el Estado contrajo con los sectores más socialmente desfavorecidos.

Que esa deuda existió y existe es algo que no puede negarse; pero es más que discutible que en una revolución socialista se pretenda pagarla con dádivas y prebendas que escamotean el esfuerzo meritocrático y la persecución de la calidad. Por eso,  en el socialismo la democratización universitaria supone la universalización de una formación de calidad mediante una exigencia meritocrática. En el caso venezolano la pretensión de que se tiene que estar en la universidad por ser “hijo de la panadera” es un insulto no sólo a la señora sino también al hijo. Otra cosa  es la obligación y compromiso que tiene el Estado para garantizar un cupo universitario a todo aquel (venda panes o empanadas) que demuestre vocación y aptitud para cursar una carrera. Debe superarse la discriminación y exclusión, pero igualando por arriba.

La “democratización” de las universidades oficialistas es, por su carácter populista,  contraria  al espíritu y letra del artículo 103 de la Constitución que reza: “Toda persona  tiene derecho a una educación integral, de calidad, permanente, en igualdad de condiciones y oportunidades, sin más limitaciones que las derivadas de sus aptitudes, vocación y aspiraciones”. De lo anterior se desprende que el actor más importante en una educación y formación de calidad, es el estudiante de calidad; de ahí que sean los estadios de la educación primaria y media los más determinantes en una formación de calidad, especialmente el nivel medio que es donde se debe asegurar la calidad del estudiante universitario.

 Durante el desarrollo del Plan de la Nación 2001-2007 se intentó diseñar por parte de la OPSU  y bajo la   dirección de Luis Fuenmayor, un Nuevo Sistema Nacional de Ingreso y Prosecución en la Educación Superior Venezolana en el marco de la universalización de la formación universitaria de calidad y su exigencia meritocrática. Aunque se pudo concluir el diseño del nuevo Sistema Nacional de Ingreso y Prosecución no se pudo instrumentar porque las autoridades del Ministerio de Educación Superior entendieron que no se trataba de ubicar en la educación superior a todos con base en sus aptitudes y vocación, sino conseguirles un cupo (casi lo mismo que en la Cuarta República).

Por eso el señor Maduro descubre que hay muchos hijos e hijas de panaderos y panaderas que quieren estudiar en las universidades autónomas, aunque éstas sean un nido de oligarcas que se han agarrado las universidades autónomas. Lo cierto es que aumentando el cupo de las autónomas se logrará que más humildes pasen por la universidad, pero no que las universidades pasen por ellos. Las misiones Ribas y Sucre son un lastre muy pesado. El sistema de ingreso a la educación superior no puede semejar una tienda de línea blanca (DAKA) en la cual el título y la nevera se obtienen a costos demagógicos.


(1)    Alocución del Presidente de la República. 21/11/2014.

lunes, 24 de noviembre de 2014

El escaso optimismo opositor

Se atribuye a Winston Churchill la siguiente frase: “Soy optimista. No parece muy útil ser otra cosa”. Totalmente de acuerdo; aunque después de leerla me pregunté si el gran estadista la hubiese pronunciado en la Venezuela de hoy y, además, en la hipotética condición de ciudadano opositor al régimen chavista; porque en este país ser opositor implica transitar un viacrucis político que supone el cultivo de un férreo pesimismo a prueba de flema británica.

Primero hay que toparse con una coordinación (MUD) que es inconmovible frente a violaciones constitucionales, de derechos humanos y saqueo de la hacienda pública sin que se arrugue ni un solo músculo de su faz opositora. Y no es que se pretenda tomas de calle y de bastiones oficialistas, bastaría con que tomaran la palabra y nos hicieran conocer una fe de vida, es decir, necesitamos saber que existe. A estas alturas el pesimismo se hace presente aunque no ineludible.

Si esta coordinación no atiende las violaciones, ¿de qué se ocupa? Es el espacio en el cual los partidos políticos compiten por el liderazgo opositor. Y decir partidos políticos es especificar los que lideran esa lucha: Primero Justicia, AD, Copei, UNT en un primer momento, y actualmente la situación se ha polarizado entre PJ y VP. Especificar partidos es señalar responsables: por PJ Capriles, Borges y Carlos Raúl Hernández; por VP López, María Corina Machado y Ledezma. El pesimismo es fuerte pero con esperanza. 

Recientemente los liderazgos de PJ y VP se enfrentaron en unas elecciones universitarias; entre los contendores un mismo apellido y un solo propósito: aniquilar al contrario, incluso con las mismas argucias y maniobras que tanto se le ha criticado al sector oficialista. No hubo consideraciones con relación a las consecuencias políticas de tal pugnacidad; y no podía haberlas porque para los líderes de ambas agrupaciones enfrentadas sólo cabía el interés por su respectivo partido, y éstos, como ya se ha dicho, no tienen entre sus prioridades la salud de la oposición, ni mucho menos la del país. En este punto del recorrido hacia el rescate de la democracia el pesimismo se ha hecho irreversible. 


A pesar de lo anterior a los venezolanos opositores todavía nos queda meter la mano en la caja de Pandora y tratar de alcanzar la jugada milagrosa, es decir, la “panqueada de ahogado” que no es otra que votar contra Maduro, pero también contra los representantes de los partidos políticos identificados  en los párrafos anteriores.  Con referencia a las elecciones pautadas par el 2015 he señalado que la hora electoral no es la de algún partido político sino la de Fuenteovejuna, es decir, la de individuos y grupos que no están identificados por siglas sino por un propósito.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Defendamos el artículo 63 de la Constitución

El artículo 63 reza así: “El sufragio es un derecho…La ley garantizará el principio de la personalización del sufragio y la representación proporcional”. En las elecciones colegiadas de los últimos años se ha violado descaradamente este derecho de las minorías al haber aprobado y aceptado una ley electoral que sobrerrepresenta a los grupos mayoritarios en perjuicio de las minorías; fenómeno electoral conocido como “Efecto Mateo”: A quien mucha tiene (fe) se le dará más, y a quien poca tiene se le quitará la poca que tenga. Por eso en las elecciones parlamentarias del 2012 el oficialismo se alzó con 98 escaños  a pesar de haber obtenido  un 48,2% de los votos; mientras que la oposición, con una votación de un 47%, sólo obtuvo 65.

Varios políticos (Luis Fuenmayor, Luis Lander y Eugenio Martínez, entre otros) han denunciado la inconstitucionalidad y perversión del sistema electoral, pero las agrupaciones partidistas se han hecho las desentendidas, especialmente la llamada oposición democrática. ¿Por qué? Para algunos porque ya no se puede hacer nada y para otros porque les conviene (el oficialismo dominaría el “monte” y la oposición la urbanización). Ambos supuestos son falaces; no puede haber una ley por encima de la Constitución; y si un sistema judicial corrupto (como el nuestro) lo permitiese debemos denunciar a aquél y combatir a éste…en la calle y en los foros internacionales. 

Y si después de la denuncia y la protesta el Gobierno no permite que se adecente el proceso electoral, la oposición debería unificarse para darle al oficialismo un buche de su propia medicina. Nunca como ahora en la era chavista estuvo la AN a punto de ser dominada por la oposición, pero no por cualquier oposición sino por una que sea capaz de sacrificar (temporalmente) sus apetencias partidistas en aras de generar condiciones políticas que nos permitan comenzar el rescate de la democracia. Se trata de ganar en las elecciones del 2015 la mayor cantidad de entidades densamente pobladas; eso nos daría la victoria y la reducción de la presencia  oficialista en la AN, como ocurrió el 2010 en las elecciones del Zulia.

Pero primero hay que ganar; y para ganar es imprescindible un esfuerzo unitario y con una tarjeta que no represente a ningún partido pero que, al mismo tiempo, los represente a todos. A primera vista la oposición no parece estar dispuesta a sacrificar, aunque sea temporalmente, sus pretensiones partidistas. Ya han dejado claro que la identidad partidista irá por delante, y esto supone que al lado del capital político que apoye a una agrupación existirá otro capital que lo rechace. La única forma de eliminar el rechazo en los candidatos es eliminando en ellos su identificación partidista.


Una tarjeta unitaria de la oposición estará por encima de PJ, VP, AD, UNT, Progresismo, MUD y, eventualmente, por encima del PSUV; una tarjeta opositora que represente a una agrupación partidista sólo representará a una fracción de la unidad; la dirigencia chavista está contando con eso. Por eso estimulan y aúpan a Henry Falcón y a cualquiera que reste votos a una tarjeta unitaria. Ni López, ni Capriles, ni Falcón; es la hora de Fuenteovejuna.

domingo, 2 de noviembre de 2014

“El salario del miedo”

Película franco-italiana de los años 50 del siglo pasado que junto a “Las diabólicas” y “Rififí” constituyen muestras memorables del cine francés de esa época. Narra las peripecias de cuatro aventureros europeos anclados en un agreste país de Suramérica, que para salir de esa situación aceptan transportar (a quinientos kilómetros) dos cargamentos de nitroglicerina para apagar un incendio en un pozo petrolero; por eso la paga debe ser exageradamente generosa para vencer el miedo que les sobrecoge, pues en ello les va la vida. No les contaré la película porque es de suspenso; sólo analizaremos qué clase de miedos está confrontando el Gobierno para que  decida, “sin ton ni son”, aumentar el salario de los militares  de manera abrupta e inexplicable.

Nos sorprende en esta decisión lo del “sin ton ni son” así como la ausencia de una justificación, ni siquiera una explicación. Y no es que en situaciones anteriores las hayan necesitado, sino porque la situación no parece ser normal; por eso recurriremos a las conjeturas. Nos luce que este no es el mejor momento para aumentar el sueldo a los militares, pues se hace cuando el sector castrense ha sido severamente golpeado por la remoción del gabinete de  un connotado General,  y los malpensados tienden a confundir entre aumento y soborno (el salario del miedo); de ahí que se haya actualizado la vieja conseja que establece que a los militares siempre hay que tenerlos contentos, aumentos mediante, ¡por si acaso!   

Sólo en una verdadera democracia los militares no infunden temor ni disfrutan de privilegios que no les hayan sido concedidos por el pueblo. En las cuasi, seudo y semi democracias, es decir, en los remedos de democracia los militares hacen de las suyas; y en las dictaduras, paraísos militaristas (incluyendo la “inocente” dictadura del proletariado), los militares hacen de la suya y de la de todos los demás. En Venezuela los militares se han apropiado del Estado y para justificar su hegemonía estatal se ha concebido un poder híbrido: el cívico-militar, supuestamente conformado por el Psuv y los militares, pero que después de la remoción de Rodríguez Torres se ha convertido en el binomio: militares y colectivos irregulares.

Los colectivos son grupos irregulares que fueron creados para hacer el trabajo sucio de la revolución; al comienzo se limitaban a  amedrentar opositores pero, últimamente, algunos de sus integrantes se han visto involucrados en actividades de hampa común; son ilegales, no le rinden cuentas a nadie y  están apoyados y armados por el altísimo Gobierno. Tienen poder, tanto, que en fecha reciente “lograron meterles al Gobierno las cabras en Miraflores” al solicitar, y obtener, del Gobierno la defenestración de Rodríguez Torres. Lo que el Gobierno pudo resolver en el marco legal, se ha convertido en una lucha de poderes cuya primera víctima es la supuesta unión cívico-militar. Los colectivos tomaron partido, y los militares también. 

Consecuencia de lo anterior es la generalización del miedo en los predios oficialistas. Colectivos y militares se temen, y el Gobierno le teme a los dos; con el agravante de que el Gobierno se puso de lado de los facinerosos al legitimarlos y complacerlos; al ser creados para hacer el trabajo sucio, mal pueden estos grupos pretender un “tú a tú” con el Ejecutivo, ni mucho menos que les acepten, públicamente, un ultimátum, como al parecer ocurrió. Como decía Antonio Machado: “Un hombre público que queda mal en público es mucho peor que una mujer pública que no queda bien en privado” (1) Esta agua derramada no podrá recogerse con zalameros aumentos de sueldo.



(1)    Machado, Antonio. Juan de Mairena. P.23

lunes, 27 de octubre de 2014

De paramilitares y colectivos

El 24-10-2014 el jefe del Gobierno anunció un cambio de ministros que, al final, resultó en la salida del gabinete del ex ministro de Relaciones Interiores, General Miguel Rodríguez Torres. ¿Por qué, cómo y por quién?, es lo que comentaremos a continuación porque, en nuestra opinión la salida, ¿remoción?,  del  alto funcionario parece tener implicaciones que van más allá de las generadas por un simple cambio de ministro. En efecto, sería la primera vez que en un Estado soberano, y supuestamente democrático, un grupo de delincuentes obligue al gobernante de turno a prescindir de alguno de sus colaboradores.

Al parecer, el ministro es removido por el enfrentamiento de uno de los cuerpos de  seguridad bajo su mando: Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC), y otros cuerpos de “seguridad”, colectivos irregulares y fuera de la ley pero armados y apoyados, evidencias fotográficas mediante, por el altísimo Gobierno. Pues bien, la defenestración del General parece ser la respuesta del Alto Gobierno a las solicitudes públicas de las bandas colectivas, quienes a través de marchas y pancartas demandaron la renuncia de Rodríguez Torres al hacerlo responsable de las bajas de los combatientes recientemente caídos en las filas de los irregulares.

Las declaraciones del Gobierno parecen corroborar la hipótesis de que fue una remoción, lo que implica una afrenta pues los lugares comunes no logran ocultar que este cambio es un castigo, aunque después aparezcan consulados y embajadas. Era lo que querían los colectivos malandros y fueron complacidos.  El General agradeció la confianza que le tenía Maduro, pero, como en el béisbol, cuando un mánager saca al pitcher es porque ya no le tiene confianza para dominar al próximo bateador, con el agravante que los colectivos desde las tribunas demandan su salida; ya no se trata de lo que quiere el mánager sino de lo que vociferan las tribunas, y miedo mata confianza.

En la forma y el cómo parece haber sendos “mensajes a García”. El Presidente agradeció a los otros ministros involucrados en los cambios pero no removidos, el buen trabajo realizado; pero al defenestrado sólo le agradeció el “esfuerzo” realizado durante 19 meses. ¿Será que el esfuerzo no fue todo lo exitoso de lo que se pretendía? No sólo fue despedido sino que tuvo que irse con “el rabo entre las piernas” Por otra parte, pareciera que la sucesión implica, también, otro “mensaje a García”: el removido se cayó de maduro que estaba, pero para la sucesión el fruto seguirá estando verde… oliva. Vaya usted a saber, en todo caso parece ser un capítulo de la novela: Cómo complacer a los colectivos malandros, y no morir en el intento.


Lo que queda  claro es el poder político y militar de los colectivos malandros; con lo primero desconoce y viola la Constitución, a despecho del artículo 350; con lo segundo,  arrecian en la represión, y pretenden la práctica de una dictadura “consensuada” al imponer al verdadero colectivo (zanahoria) el único trabajo que saben y pueden hacer: el sucio. A los colectivos de corte y actuar mafiosos hay que desenmascararlos y ponerlos en evidencia; la llamada oposición democrática, desde ya, debe denunciarlos, desconocerlos, y exigir del Gobierno y de los organismos internacionales los respectivos pronunciamientos. No al malandraje oficialista. No al Estado forajido.

lunes, 13 de octubre de 2014

Sí a la Constituyente, siempre que…

a)      La oposición logre, primero, una unidad nacional. Una unidad nacional no es anti partido, pero nunca debería ser de partido como ocurre actualmente con la MUD. Una unidad nacional no convoca con base en la militancia sino en el gentilicio; todo militante es venezolano, pero no todo venezolano es militante y, por eso, estos últimos nunca podrán ser ni hacer la mayoría opositora. Esto no significa que todo venezolano opositor esté de acuerdo con la unidad nacional y quiera participar de ella y en ella. Hay muchos así, escépticos por experiencia  y abstencionistas por costumbre, ellos son los militantes del desencanto a quienes la unidad nacional debe atender prioritariamente.

b)      La Unidad Nacional sea el candidato de la oposición durante las elecciones del 2015.  No debe haber una Unidad Nacional y una diáspora de candidaturas. Es lo que ha venido ocurriendo con la MUD y las elecciones corporativas, en las cuales los partidos políticos han asumido el protagonismo y, en consecuencia, actúan en función de sus intereses; de ahí que acepten, sin chistar, la discriminación de las minorías al violar el artículo 63 de la Constitución sobre la proporcionalidad electoral. Por eso, y mientras persista la contingencia de la dictadura, la Unidad Nacional deberá ser con candidatos de tarjeta única, seleccionados en procesos de elección primaria y que respeten la proporcionalidad.

c)   En las elecciones del 2015 la Unidad Nacional debe intentar ganar la elección aunque no gane la AN. Debe intensificarse una campaña que haga ver a los electores de las comunidades en las que la oposición ha exhibido mayor debilidad, que con su voto se puede ganar en toda Venezuela aunque pierda en su entidad electoral.  De ahí que el voto que está emitiendo es un voto político y nacional que va mucho más allá de las reivindicaciones económicas. Si se logra una votación general  holgada y mayor que la oficialista, entonces, y sólo entonces, se estarían contabilizando los primeros votos para la nueva Constituyente.

Lo que planteamos es que todo proceso para restaurar la democracia mediante un cambio de gobierno, sea Constituyente o cualquier otro,  implica, inevitablemente, que la oposición demuestre ser mayoría de hecho o de derecho; si no lo demuestran todas las iniciativas estarán condenadas al fracaso. Demostrar ser mayoría es el preámbulo de cualquier lucha contra una dictadura; si en la oposición venezolana se acepta esa premisa, es hora de que vaya pensando cómo instrumentarla.

El cambio que acaba de ocurrir en la MUD podría ser el punto de partida; hasta ahora ha sido cosmético, pero podría adquirir relevancia y trascendencia si se le encarga al nuevo secretario general la responsabilidad de transformar la MUD, es decir, de construir la Unidad Nacional. Si la oposición pierde las elecciones del 2015, la bandera de una nueva Constituyente pasará a las manos del oficialismo.


Tal como están las cosas esta propuesta resulta poco factible,  casi utópica, pero no inviable; sobre todo si se toma en cuenta que una unidad nacional de la oposición es la única forma de fortalecerla para los períodos de contingencia y transición que se avecinan. En todo caso, los bemoles de esta y otras propuestas deberían ventilarse amplia y profundamente y no conformarnos con “vocerías, ¿o bolserías?, coyunturales”. 

lunes, 6 de octubre de 2014

“Simitrio” chavista

Simitrio es un personaje de una película mexicana de los años sesenta del siglo pasado que narra la situación de un maestro rural quien, a punto de quedarse ciego, es objeto de un engaño por parte de sus alumnos al atribuir a un ex alumno que había abandonado la escuela (lo inscribieron pero la familia tuvo que migrar) la responsabilidad por todas las travesuras cometidas en el salón de clases. Así, cuando el maestro indagaba por el responsable de cualquier travesura acaecida, siempre obtenía, invariablemente y casi en coro, la siguiente respuesta: ¡Fue Simitrio, maestro!

Viene a cuento la vieja referencia porque el chavismo parece tener su propio “Simitrio”, aunque con una diversidad de nombres. En efecto, sustituya “Simitrio” por: Imperio, fascismo, “uribismo”, “la derecha”, oligarquía, burguesía, apátridas, paramilitarismo colombiano (para no confundir con los “colectivos” criollos), entre otros anatemas revolucionarios. Esto no implica que todos los movimientos citados están, o han estado, exentos de haber cometido abusos contra los movimientos democráticos; lo que se observa es que parece que la gente del Gobierno está practicando la política de “dispara primero (siempre con la misma arma y en la misma dirección) y averigua (casi nunca) después”.

Y no es que me hagan sufrir las barrabasadas del Gobierno; por el contrario, disfruto de sus frecuentes “metidas de pata” aunque después me dé coraje el poco provecho que les saca la oposición; pero preocupa y temo, en extremo, que tal política conlleve, cada vez más, una creciente falta de respeto al pueblo venezolano que, al igual que el maestro cegato de la película antes mencionada, terminará por reconocer el engaño y reaccionar frente a los falta de respeto.  Porque es una falta de respeto que altos personeros del Gobierno y del Psuv, con la excepción de Rodríguez Torres, hayan opinado y sentenciado sobre el crimen de Serra, a las pocas horas de haber ocurrido y de un modo irresponsable y falaz.

En la película los alumnos se dan cuenta que el engaño ha ido demasiado lejos y está afectando seriamente la salud mental del maestro; de ahí que acuerden acabar con el engaño eliminando a Simitrio y, en consecuencia…lo “matan” y comunican al maestro el fatal “accidente”. De regreso a la política venezolana nos preguntamos: ¿el “Simitrio” chavista debe ser eliminado?, y si la respuesta es afirmativa, ¿quiénes deben hacerlo?, ¿quiénes lo crearon o  los que lo padecieron y padecen? Sería un tanto ingenuo creer que sus enterradores serían, como en la película, sus propios creadores; porque la suerte del Simitrio chavista está fuertemente ligada al de la llamada revolución bolivariana.


Sólo un Simitrio chavista pudo  ser responsabilizado por: el despilfarro de más de dos billones de dólares (de acuerdo a la aritmética criolla, no la gringa); haber destruido el aparato productivo del país; devaluar nuestra moneda al punto que el dólar paralelo se cotiza, según fuentes extra oficiales, en 100 bolívares; una inflación desbocada que se estima en más de un 60%; altos índices de escasez; Poderes Públicos conculcados por el Ejecutivo y una generalizada corrupción. Por eso, ante la imposibilidad de negar lo anterior deben recurrir, como política, a un Simitrio chavista a quien se pueda achacar toda la culpa de este soberano desastre, mientras, el verdadero culpable se fue para siempre sin haber rendido cuentas. 

sábado, 27 de septiembre de 2014

Revolución estafada, pero aceptada

Uno de los rasgos más singulares de la revolución chavista es que a pesar de haber sido reconocida como estafa, se le sigue aceptando coordenadas y parámetros democráticos según el texto constitucional. Se pide respeto para un Ejecutivo que ha conculcado los Poderes Públicos; se sigue acudiendo a pedir justicia a un TSJ que reconoce, acepta y aplaude su falta de autonomía e independencia; se pide que se investigue y sancione la corrupción a una Fiscalía General que ya ha clasificado a los corruptos en buenos (los rojitos) y malos (de cualquier otro color);  y se pelean la representación ante una Asamblea Nacional subyugada y sometida al capricho de un capataz verde oliva. 

Y es precisamente la inminente elección para renovar la AN (2015) la que motiva estas reflexiones, pues ya los partidos políticos de oposición se aprestan a intervenir en la contienda en el marco de la estafa democrática que comentáramos en el párrafo anterior, y tratarán estas elecciones como una de rutina. En efecto, todo indica que participarán cada quien por su lado para ver que partido inyecta más miembros a la AN; en otras palabras, tratarán de ver quien lo hace mejor. Así, la AN se convertirá en una botella vacía que se disputarán a dentelladas cuatro borrachitos de la oposición.

Pero en el marco de la dictadura que padecemos no interesa, ni importa, lo que haga cada partido sino lo que hace la oposición como un todo. Lo importante es comenzar a derrotar al Gobierno y, para eso, es necesario que cada partido vote por el otro, así como el otro votará por él, es decir, por la unidad. Cada partido por sí solo no podrá derrotar al Gobierno, pero al unirse le será muy fácil alcanzar ese objetivo. El propósito fundamental de la elección del 2015 no es el nombramiento de un nuevo parlamente sino la creación de condiciones que mermen la credibilidad y apoyo popular del Gobierno, y que,  en el mejor de los casos, superen la votación de aquél.

En estas elecciones que vienen  se deberían alcanzar dos objetivos: la unidad y una votación mayoritaria con relación a la oficial. La conquista del primero es crucial e indispensable, si no hay unidad no habrá nuevas elecciones con posibilidades reales de derrotar al Gobierno; y tampoco habrá calle ni Constituyente. Por eso asombra la pelea que escenifican actualmente los partidarios de López y Capriles, quienes parecen no estar dispuestos a conciliar sus pretensiones; si estos señores hubiesen estado por ahí cuando el famoso juicio del rey Salomón, no habrían dudado en aceptar que cortaran al niño en dos para satisfacer el ego de cada uno.

Pero Capriles y López no son los únicos que no están dispuestos a sacrificar pretensiones para alcanzar una unidad opositora; hay mucha gente que no tolera el gobierno de Maduro, pero menos a los representantes de la actual oposición. Esto es entendible, aunque no lógico, porque el regreso a la democracia supone el que todos sacrifiquen siglas, pruritos y ambiciones; de otro modo, las ridículas ambiciones de unos pocos terminarán por amargar a la mayoría. Estamos frente a una dictadura; hay que enfrentarla, pero no con estandartes ni fanfarrias sino con unidad; a menos que no queramos eso, es decir, enfrentarla.

martes, 16 de septiembre de 2014

Venenos necesarios

Se atribuye a Paracelso la siguiente frase: “Nada es veneno, todo es veneno; la diferencia está en la dosis”. No pretendemos analizar ni la alquimia ni la ciencia del ilustre sabio, esa es para mí una camisa que supera, con creces, las once varas; sino más bien destacar el paralelismo que parece existir entre el postulado médico y el político. En efecto, así  como en la medicina hay productos venenosos que con una dosis adecuada pueden curar, hay en lo social sistemas y concepciones que al pretender curarnos terminan por envenenarnos; nos referimos a los sistemas capitalista y socialista.

Ambos sistemas pregonan y defienden su  bondad, pero a costa de negar la del otro; y para alcanzar ese objetivo distorsionan las dosis de socialismo y capitalismo haciendo más poderoso e inmunes sus respectivos venenos: el capitalismo es necesario y, junto con él la existencia y necesidad de la propiedad privada; el socialismo también es necesario y, junto con él la libertad ciudadana y el respeto a las minorías. La hipertrofia de las dosis produjo ejemplos aberrantes en ambos sistemas: el capitalismo colonizó, esclavizó y sembró de miseria a los pueblos que a él se opusieron, y se oponen; la práctica “socialista” sólo ha servido para entronizar dictadores de la talla y talante de Stalín, Mao, Kim Jong, Castro y Gadafi.

El capitalismo y el socialismo son venenos que no sólo pueden coexistir sino que se necesitan para poder hacerlo; pero hay un elemento que distorsiona la naturaleza de ambos: la corrupción. Ésta rompe el equilibrio que debería mantenerse en la posología de las dosis; para los capitalistas más mercados, incluidos los socialistas; y para los socialistas una mayor individualización de los beneficiarios de la riqueza estatal y menos libertad para las mayorías. China es el mejor ejemplo de la coexistencia con ventajas para el sistema capitalista.

En 1998 la mayoría del pueblo venezolano diagnosticó, protestó y rechazó la hipertrofia de la dosis capitalista (Neoliberalismo) y pretendió corregirla mediante una nueva Constitución (1999); y allí comenzaron los problemas: se blindó la dosis socialista (seis años de período presidencial, más la posibilidad de doce mediante la reelección inmediata) y sólo se previó ante posibles distorsiones de la receta socialista un impracticable artículo constitucional (350). En lo personal creo que los constituyentes jamás pensaron que hubiese gobernante que contrariara los principios democráticos y tirara por la borda tanto apoyo y riqueza que requiriera activar el 350; pero lo hubo, y se llamó  Hugo Chávez.

La desaparición física de Chávez ha producido una situación similar a la de 1998, pero en sentido contrario. Ahora la dosis que se ha hipertrofiado malamente es la socialista. Han arruinado al país, la corrupción e incompetencia campean por sus fueros y la justicia sigue a la orden (o más bien a los pies) del Ejecutivo. ¿Se puede equilibrar la dosis y la posología socialista para salir del atolladero? Sí, pero la voz cantante la tiene el chavismo, pues si persisten en justificar el desastre que dejó Chávez, estarán eliminando toda posibilidad de coexistencia. La consigna dice:”Chávez vive, la revolución sigue”, pues bien, para que la revolución siga es necesario terminar de enterrar a Chávez. No hay otra.


miércoles, 13 de agosto de 2014

De la no proporcionalidad y el ventajismo electoral

La lucha de la llamada oposición se ha reducido a confrontar a dos seudo líderes (Capriles y López) huérfanos de capacidad autocrítica y sentido de oportunidad. El primero sugiere la inacción hasta el 2019, y el segundo medidas tremebundas que no cuentan, afortunadamente, con el apoyo necesario. Sin embargo, hay quienes creemos que la oposición cuenta con medidas cuya aplicación contaría con la inmediatez del proceso electoral del 2015 y con el apoyo de tirios y troyanos opositores, y hasta de algunos electores trajeados de rojo. Nos referimos a la exigencia de la proporcionalidad de los resultados electorales en aquellas elecciones colegiadas como debería ocurrir en las elecciones del 2015.

En su artículo 63 la Constitución establece: “…La ley garantizará el principio de la personalización del sufragio y la representación proporcional” Durante las elecciones del 2010 para elegir a los miembros de la Asamblea Nacional se evidenciaron los efectos negativos del irrespeto a la proporcionalidad exigida por la Constitución, respeto que ahora cobra mayor relevancia y urgencia dada la proximidad de las elecciones del 2015. Varios autores han alertado acerca de la inconveniencia (ausencia de procesos democráticos) de estas elecciones sin haber restaurado la vigencia de la proporcionalidad electoral. Entre otros destacan: Luis Fuenmayor Toro, quien en varios trabajos y en opinión muy documentada ha insistido sobre el tema; y Luis Lander quien ha abordado el tema desde la óptica de la reforma de toda la legislación electoral.

Restaurar la proporcionalidad de los resultados electorales debería ser el propósito de todo quien pretenda la democratización de los mismos, es decir, tanto de opositores como de oficialistas; mas no es así, porque a la proporcionalidad le ocurre algo parecido a lo que le ocurrió a la Policía Militar gringa durante la II Guerra Mundial, cuyo comandante, al ser interpelado sobre el porqué este cuerpo tuvo, relativamente, la mayor cantidad de bajas; respondió que era porque ¡tenían enemigos en ambos bandos! La oposición tipo MUD y el chavismo tipo Chávez nunca han querido saber nada de democracia ni de proporcionalidad porque ambos se han beneficiado de su ausencia, en aras de una antidemocrática polarización; por eso este principio constitucional también tiene enemigos en ambos bandos.

La ausencia de proporcionalidad beneficia a los contendores poderosos; se aplica el “efecto Mateo” (1), quien tiene mucho se le dará más y quien tiene poco se le quitará lo poco que tiene; de este modo Chávez controlaba la provincia que le garantizaba casi la totalidad de los cargos, mientras que la MUD controlaba las grandes ciudades, con menos cargos aunque con más votos. De ese modo se explica la paradoja electoral del 2010: fueron más los que votaron contra Chávez, pero éste ganó. La lucha por el rescate de la proporcionalidad es una buena oportunidad para desagraviar a la Constitución y sincerar el mapa electoral.

También es una buena oportunidad para quebrar las hegemonías chavista y “mudista” y darle cabida en el juego electoral a esas minorías antaño calificadas como “chiripero” pero cuyo respeto y reconocimiento es la base de la democracia. Sería interesante que alguien con poder de audiencia pudiera emplazar públicamente al Psuv y a los jirones de la MUD a opinar sobre lo que piensan al respecto.


(    1)    Por la prédica del apóstol Mateo en el Nuevo Testamento.

lunes, 28 de julio de 2014

El purgante inevitable

El paquete económico que se rechaza en público pero se acepta en privado, nos hace recordar el cuento del individuo que inventó una píldora muy eficaz para evitar la sed; sólo se debía tomar ocho diariamente, ¡cada una con un vaso de agua! En efecto, Maduro jura que nunca aplicará un paquete económico por considerarlo, cuando no, imperialista, neoliberal y antirrevolucionario; mientras, se instruye a Ramírez para que junto a los “pragmáticos” se estudie la instrumentación de la próxima mega devaluación, el aumento de la gasolina y se explique y acepte la hiperinflación que, a título de ejemplo, reporta un aumento de más de un 100% en los pasajes del ferry para Margarita. ¿Entonces?

El paquete económico es inevitable; lo que está en discusión no es su necesidad, de hecho ya se está programando, sino su implantación con el menor costo político para el Gobierno, o para Maduro porque en el Ejecutivo los errores los comete el Gobierno, mientras que las “metidas de patas” es hechura exclusiva de Nicolás. En realidad, el paquete no se apoya públicamente porque contradice el legado de Chávez, lo cual es cierto; sin embargo, al analizar el legado se evidencia que éste no es más quela crónica de un descomunal fracaso, y el fracaso nunca debe venderse como legado sino como advertencia.

El paquete es como un purgante de los que padecí durante mi infancia carupanera: lograba posponer el trago amargo pero no evitarlo, sobre todo cuando convencía a mi tía que lo tomara ella primero, tras lo cual  ganaba calle y me refugiaba en el rancho de mi abuela durante todo el día; pero en la tarde cuando regresaba a casa confiado, más bien esperanzado, en un olvido sobrevenido el gesto adusto de mi tía y lo que sostenía en cada mano (purgante y correa) me regresaban a la realidad, aunque me quedaba el consuelo que ella, la administradora del purgante, también tenía que padecerlo

La economía venezolana hace rato que ha estado pidiendo un purgante contra la disparatada y atrasada concepción que la guía; contra la ineficiencia con la cual se administra; y contra la monstruosa y obscena corrupción que la agobia. Hasta ahora se ha diferido la aplicación del mismo con el riesgo, ya cierto, de que mientras más tarde la purga, más amargo será el trago. Durante los gobiernos de Chávez no se aceptó la enfermedad de la economía porque él era la enfermedad dada su práctica populista de repartir dólares e impunidad para asegurarse la eternidad del poder; tuvo la oportunidad de conquistarlo, pero prefirió comprarlo.

Sea como fuere, el paquete-purgante ya está aquí; sólo resta democratizar sus efectos negativos como lo hacía con mi pobre tía, es decir, que afecte no sólo al pueblo sino a Maduro, su gabinete,  su familia consanguínea, la castrense y la de los “combatienticos” expertos en empresas de maletín; que antes de abrir el paquete se publique la lista de los corruptos y que las fortunas mal habidas sean denunciadas; que el aumento del precio de la gasolina implique previamente la eliminación del subsidio a Cuba y una rigurosa planificación de esos ingresos; y crear un nuevo TSJ que genere confianza adentro y afuera.  


El chavismo los corrompió y protegió; el madurismo le hace un flaco servicio a la economía alcahueteándolos; la efectividad de los purgantes, como cualquier medicina, depende de la data de fabricación, el enfermo debe ser el más interesado en que no se supere la fecha de vencimiento. 

jueves, 17 de julio de 2014

La oposición: infalible en la torpeza

Parece haber consenso con relación al fracaso de la oposición al oponerse al régimen chavista; y no por la cantidad de errores cometidos, que fueron pocos, sino por las reiteradas torpezas que han sido muchas. El error es susceptible de enmendarse; la torpeza nubla el entendimiento y por eso el torpe, como lo establece el DRAE, “es tardo en comprender” y perseverante en la terquedad.

La oposición se ha negado, de forma  sistemática, a reconocer y enmendar sus grandes errores; por el contrario, siempre ha recurrido a la torpeza de justificarlos. Veamos, el golpe de Estado del año 2000 aún tiene en la oposición quien lo defienda; la mega abstención del 2005 todavía tiene quien la racionalice y recomiende su aplicación entre una y otra elección; y el haber convertido a la unidad opositora en un cónclave de partidos (MUD), no sólo no es reconocido como error sino que se le ha impuesto a los ciudadanos como línea oficial opositora. Pero la situación se ha agravado.

La torpeza seudo unitaria se ha fragmentado y ahora vemos a las partes justificar, sin pudor, su particular “metida de pata”. Capriles jura y perjura que con la ayuda del Gobierno alcanzará la salida hacia una nueva candidatura presidencial; mientras que los de la otra “Salida” (Leopoldo y María Corina) son incapaces de criticarse y pedir perdón al país opositor. Los estudiantes, infalibles en el propósito son, sin embargo, altamente vulnerable en su romántico accionar y han sido presa fácil del cliché.  De los guarimberos sólo basta decir que persisten en su público y estéril onanismo. Parafraseando a Machado (Antonio, no Corina) ninguno tiene la razón, pero tienen razones de sus fracasos que podrían contribuir a consensuarla.

¿Qué hacer? Volver a unir los pedazos con lo único que le es común: el fracaso. Para ello es necesario que sus representantes, al igual que se hace en “Alcohólicos Anónimos”, comiencen por reconocer el fracaso ante sus pares. El fracaso será el mecanismo igualador, por eso, en una unidad así concebida no caben la participación partidista y hegemónica. La oposición se hará fuerte por el conocimiento de sus debilidades, no siempre identificadas como tales; las fortalezas no necesitan que alguien las descubra pues la necesidad siempre exigirá su presencia.


Diagnosticar la solución es la parte fácil, instrumentarla es lo complicado pues hay que atravesar un nido de alacranes que están dispuestos a hundirse con la ranita opositora porque “así  lo exige su naturaleza partidista”. Son los alacranes que siempre tienen, y han tenido, “la razón”. Frente a esto, para vadear el río, habrá que afrontar la arremetida partidista; la unidad opositora no será posible mientras los partidos de la MUD (y los putativos) no se sometan a la unidad nacional. 

lunes, 30 de junio de 2014

Magnicidio post mórtem

Al observar la querella epistolar de los jerarcas del chavismo con relación en la responsabilidad que cada grupo tiene en el desastre económico-político en que han sumido al país, viene a mi memoria un viejo chiste que considero pertinente con la ocasión. Se cuenta que durante una fiesta que realizaban los animales para celebrar el cumpleaños del tigre, al final de la misma decidieron que se quedara a limpiar el más feo de todos ellos; todas las miradas apuntaron hacia el sapo, a lo cual éste, mirando fijamente al cocodrilo, ripostó: ¿qué me ves tú?, coge una escoba y vamos a barrer los dos. Pareciera que en el apañamiento de la fiesta de la corrupción chavista, Jorge y Nicolás deberían agarrar sus escobas y ponerse a barrer los dos.

Que este país es un desastre no es difícil de ver y aceptar, aunque para los chavistas era un desastre sin responsable ni culpable (excepto por el Imperio); lo nuevo en la carta de Giordani y la réplica oral de Maduro es el reconocimiento de la crisis a lo interno del partido de Gobierno con responsabilidad y culpabilidad muy definida en la izquierda endógena, ahora trasnochada según Maduro; en otras palabras, ya es poco creíble responsabilizar al Imperio y la guerra económica; ahora hay que determinar en este desastre la responsabilidad y culpabilidad del Gobierno, o sea, de Hugo Rafael Chávez Frías; él fue lo bueno y lo malo (más de lo segundo) de este proceso revolucionario.

De ahí que ambas tendencias converjan, sin proponérselo, en el cuestionamiento de la gestión chavista. La leyenda de Chávez es la primera víctima del Magnicidio post mórtem de aquél. Si el político ha sido tan cuestionado hasta en su propia tolda, ¿cómo mantener la figura del Gigante, del Eterno, del Estadista, si a la postre no pasa de ser  un pésimo gerente que arruinó a una de las naciones más ricas de Latinoamérica? La leyenda ha sido herida de muerte. En efecto, tanto la carta de Giordani como la defensa de Maduro insisten en que ellos actuaron y actúan como lo hubiese querido Chávez pero, al mismo tiempo, admiten que este es un desastre heredado. El legado de Chávez es la certificación de su fracaso.

El Magnicidio post mórtem de la leyenda chavista ha comenzado; así, en progresivo como suelen ser los magnicidios denunciados por este Gobierno, por etapas y cuentagotas, pero ya se develan los primeros misterios de esta leyenda de la mano de sus propios protagonistas. Ahora sabemos que Chávez no era infalible, que se equivocó de la A a la Z,  aunque la culpa era de Giordani; que conocía lo que pasaba en Cadivi, pero   la culpa era de Giordani; ahora se sabe (Giordani dixit) que durante la campaña de 2012 Chávez, leyó bien, despilfarró los dineros públicos para poder ganar.


En síntesis, y aunque Ud. no lo crea,  “desperdiciar 14 años de billonaria renta petrolera que no fue invertida en industrializar el país ese (fue) el error inexcusable de Giordani” (Jesús Silva, La Razón, 29-6-2014). Puras excusas, aquí lo único inexcusable es atribuir a Giordani la corrupción e  irresponsabilidad histórica que sólo corresponde a Hugo Chávez.

Hay que pedirle la renuncia

El Gobierno y la oposición tienen dos cosas en común: el fracaso de sus respectivas gestiones y la renuencia a reconocerlo y admitirlo. En el Gobierno, a pesar del desastre que revelan los indicadores económicos y políticos, no dudan en calificar de exitosa la gestión gubernamental de los últimos tres lustros. La oposición, por su parte, ha conformado una diáspora oposicionista que comenzó por aglutinar (no unir) a diferentes partidos políticos para terminar, actualmente, con la pugna de dos facciones del partido que ejerce la hegemonía en el organismo opositor y, por supuesto, cada facción culpa a la otra, con lo cual ambas se consideran exitosas. 

Asumamos que en ambos casos se reconoce el fracaso pero no se admite; la pregunta obligada es, ¿por qué? En el caso del Gobierno tal reconocimiento supondría admitir la culpabilidad del principal responsable: Hugo Chávez, con lo cual el legado dejado por éste se convierte en un anti valor; en otras palabras, de admitirse tal responsabilidad la Revolución Bolivariana expiraría formalmente, ya que de hecho ya se dio. ¿Se puede responsabilizar a Chávez sin qué la leyenda se resienta? Sí, con una autocrítica post morten que haga aflorar los testículos que se escondieron mientras el “gigante” vivía.

La oposición fracasó rotundamente, pero no la MUD. Ésta logró su propósito: organizar y desarrollar una hegemonía partidista opositora. Han sido tan eficientes en esa tarea que actualmente las fuerzas políticas que se disputan el control de la oposición provienen de una misma agrupación política partidista: Primero Justicia. En este sentido debe recordarse que cuando se hicieron las primarias para elegir al candidato opositor a la presidencia de la República, Capriles y López unieron sus capitales electorales para asegurar el liderato opositor dentro de la MUD. ¿Cómo frenar este monopolio opositor de PJ? Creando una unidad nacional  que supere la hegemonía partidista. Urge, para quienes no nos chupamos el dedo, crear un Frente Nacional Unitario en donde los partidos sean unos más entre sus pares.

Hay que pedir la renuncia a la directiva de la MUD, no sólo por lo que ya se adujo en los párrafos anteriores, sino porque este organismo carece de legitimidad porque usurpa la representación política de la oposición. En efecto, la MUD se crea para organizar las candidaturas electorales opositoras, dada la infraestructura organizacional partidista ya existente; pero en ningún momento se le atribuye la potestad de orientar la política de la oposición; tanto más si se toma en cuenta que la estrategia propuesta por la MUD a tales efectos consistía en adormecer a la oposición y despertarla un mes antes de la elección correspondiente. ¿Quién otorgó a este organismo tal facultad? Nadie, de ahí que la consideremos usurpadora.


La MUD ha fallado en su pertinencia y eficiencia. En lo primero porque se atribuye responsabilidades que no le competen, como es orientar y administrar el actual acontecer político de la oposición; y lo segundo, porque la actual lucha de este organismo es consigo mismo, es decir, su principal preocupación es un pleito de familia que el Gobierno observa con total beneplácito. La renuncia de la directiva de la MUD no es sólo un trámite administrativo sino un imperativo moral.  Bien, ¿pero quién se encargaría de las responsabilidades electorales de la oposición? Ella misma, mediante una unidad nacional. Las recientes elecciones de las alcaldesas de San Cristóbal y San Diego nos dieron una lección: no se votó por partidos, sino por convicción ciudadana; antes, sin embargo, hay que pedirle la renuncia a la directiva de la MUD. Que devuelvan lo que nunca tuvieron: el liderazgo opositor.

martes, 10 de junio de 2014

Venezolanizar a Fuenteovejuna

Las resonantes victorias de las alcaldesas de San Diego y San Cristóbal nos llenó de una gran alegría y esperanza porque, además de haberle dado una soberana paliza a Maduro y sus pretensiones hegemónicas, constituía la gran oportunidad para transformar el movimiento opositor en una instancia viable de poder con una amplia base unitaria, sin hegemonía partidista y sin traumas que lamentar; pero muy pronto se fue el gozo al pozo al ver que la victoria de estas damas la pretenden convertir en una continuidad del viejo  movimiento opositor (MUD) en lugar de una oportunidad de transformación como la anteriormente aludida.

En efecto, en los análisis post electorales los diferentes grupos políticos, y algunos que no quieren que se les tilde de tales, se atribuyen su mayor o menor contribución al triunfo en cuestión. Así, la MUD, y dentro de ésta especialmente PJ, UNT y AD; Voluntad Popular y los grupos que revoletearon en torno a la “salida”; los estudiantes, curiosamente sin desprenderse de su militancia partidista; sectores representantes de la llamada sociedad civil; y los radicales, anarquistas de “medio pelo” con su buena dosis de infiltrados, se supone que constituyeron la base unitaria con la que se derrotó a Maduro y que, por eso, hay que mantenerla.

La unidad requerida por la Venezuela de hoy debe ser como aquella que nos pintara Lope de Vega  en su gran obra teatral: Fuenteovejuna, una unidad sin contribuyentes identificados e interesados; por eso, cuando en la obra teatral las autoridades preguntan quién mató al comendador abusador, la respuesta es tajante e inequívoca: Fuenteovejuna, es decir, la comunidad toda.

Las “Fuenteovejuna” de San Diego y San Cristóbal fueron las que pusieron en su sitio a este otro gobernante abusador; y debería ser esta nueva unidad la necesaria para enfrentar electoralmente, y en otros escenarios políticos, en lo futuro a cualquier desmán chavista. La unidad de una comunidad, de un pueblo o de una nación no puede ser la suma de acuerdos con base en intereses partidistas, sino el llamado a defender la ciudadanía, para lo cual lo importante no es el número de remeros, sino lo parejo del esfuerzo.

Ahora se pretende que la oposición se enfrasque en el pugilato de dos opciones (a más de un anarquismo misceláneo) igualmente negativas: el electoralismo “caprilero” y el popular pero ineficiente voluntarismo “lopecista”. Ambos le han hecho un gran daño a la ya maltrecha “unidad” partidista (MUD); uno pretende maniatar y amordazar la protesta, mientras que el otro la quiere lanzar en desenfrenada carrera sin  norte ni propósito. Hagamos como Fuenteovejuna, convirtamos al pueblo en líder y desechemos de una vez estos remedos partidistas.

La victoria en estas alcaldías no se debe a nadie porque se les debe a todos, aún a los que no votaron pero alentaron, por eso la votación de las damas fue superior al de los respectivos conyugues. La afrenta y el abuso fueron nacionales, como nacional debe ser la respuesta; porque si bien los votos tienen la misión muy concreta de reivindicar a Enzo Scarano y Daniel Ceballos, la lección impartida tuvo como principal destinatario a todas las instancias gubernamentales no chavistas a quienes se les recordó que, con una unidad a lo Fuenteovejuna,  ¡si se puede!

Cuando terminaba de escribir estas líneas me entero que dos ciudadanos tachirenses (léase sigüíes maduristas) han introducido un recurso ante el TSJ en contra de la alcaldesa de San Cristóbal con el propósito de amedrentarla y, eventualmente, desconocer su triunfo. Si este despecho trasnochado llegara a consumarse, la Fuenteovejuna criolla tendrá la oportunidad de demostrar en la calle la unidad que ya evidenció en las urnas electorales. Y a todas éstas, ¿qué piensa la MUD al respecto? 

jueves, 29 de mayo de 2014

Nos robaron la oportunidad de ser mejores

La política económica de los gobiernos de los últimos 15 años ha permitido la mayor estafa y despilfarro de toda la historia. Esto ha sido posible porque convergieron en este período la mayor riqueza petrolera  con la mayor impunidad judicial: conculcación de los poderes públicos por parte del Ejecutivo, en otras palabras, robaron tanto como los gobernantes anteriores lo habían hecho, sólo que hubo demasiado para robar y con total impunidad. Se legitimó el robo como mecanismo distribuidor de la riqueza, y la impunidad como patente de corso. Lo que sí puede asegurarse es que son los ladrones venezolanos con la mejor de las suertes.

Quizás el mejor ejemplo de lo anterior sea  Cadivi, porque engloba de manera superlativa las magnitudes de la riqueza mal habida y el nivel de inmoralidad exhibido por parte del Gobierno de turno, de sus  partidarios y hasta de la llamada oposición democrática. A Cadivi le fue estafada en solo dos años (2011-12), según funcionarios del BCV, la cantidad de 20 mil millones de dólares, cifra cercana al 95% de las reservas internacionales. Desde entonces el Gobierno anterior y el actual han prometido una lista de los responsables que, sabemos, no se conocerá porque ambos gobiernos están involucrados. El episodio, más bien, ha ingresado a la lista de “Robos perfectos” de manufactura Socialismo Siglo XXI.

Pero más allá de lo escandaloso del robo (Cadivi  ha pasado a ser emblemático por su  obscenidad e impunidad) lo que más daño causa a la nación es la pretensión de que la práctica corrupta sea legitimada mediante la acción de inscribirla dentro del legado de Chávez porque, de otro modo, los partidarios de la revolución tendrían que admitir que la política “cadivista” no sólo se practicó con conocimiento del líder, sino también con su anuencia. ¿Será por eso que Ramírez, Cabello y Rodríguez, entre otros, pregonan con entusiasmo digno de mejor causa el “éxito” de la actual política económica?

Del desastre económico hay dos cosas que no se pueden negar ni ocultar: su magnitud y su paternidad; es el robo más grande y descarado que haya sufrido el país durante toda su historia y  el padre de la  criatura se llamó Hugo Chávez, dado el carácter personalísimo de sus Gobiernos; y es imposible revertirlo a corto plazo porque los responsables de tal tarea (la revolución ideologizada) no se atreven a cuestionar la raíz del desastre económico. Prefieren una revolución inmolada a una rectificada. Para ellos la revolución, al igual que a la suegra en la canción, “hay que enterrarla boca abajo, por si se quiere salir, que se vaya más pa’ abajo”.


En los últimos 15 años al país le robaron o malversaron cerca de un billón de dólares, pero a la nación le robaron algo mucho más preciado: una revolución que significó la más factible esperanza de un cambio progresista, la revolución chavista ha sido el descrédito de sí misma; por eso, cuando cambie este régimen, porque inexorablemente tendrá que cambiar, ya no se volverá a hablar de revolución, socialismo, ni de nada que recuerde positivamente ni a Chávez ni al chavismo, porque ya nos habrán quitado la posibilidad de ser mejores, es decir, de soñar con otra revolución; a menos que las fuerzas progresistas dentro de ella decidan hacer algo al respecto. ¿La última utopía?

miércoles, 14 de mayo de 2014

Políticamente, son feos los dos

Cuando Luis Piñerúa y Herrera Campins  (1978) compitieron por la Presidencia de la República, Billo Frómeta compuso una melodía en la cual se pretendía, brujería mediante, pronosticar las señas del ganador; pero al final sólo pudo asegurar que el ganador sería feo, porque ambos contendores lo eran; de ahí el título de la melodía: “Son feos los dos”. La guaracha viene a cuento porque después del descalabro de la “salida”, a la oposición sólo le quedaría: “la emergencia de dos oposiciones o la refundición de las que existen en una” (Manuel Malaver, La Razón, 4-5-2014), es decir, elegir entre Capriles y López, juntos o por separado; nosotros sugerimos una tercera opción: ninguno de los dos, porque, políticamente, son feos los dos.

Uno no ha sabido, ni podido, defender unos resultados electorales (incremento de votos) y, como todo le ha sido dado, recomienda y practica la estrategia de esperar que el maná político le caiga  de las tramoyas partidistas, como ocurriera cuando logró la candidatura de las primarias. El otro recorrió con relativo éxito el acontecer político hasta ganar la batalla de la calle, pero luego se atasca en la “salida” y arriesga  y pierde lo ganado al enfrascarse en escaramuzas callejeras, sin que, a la fecha, haya podido ofrecer una explicación plausible. Vanidad torpemente manejada.

Pero más allá del inventario de cualidades políticas de estos líderes opositores, lo que se evidencia es la ausencia de un organismo que pueda coordinar todas aquellas acciones políticas destinadas a defender la Constitución y adecentar (el término rescatar me resulta retórica pomposa) el proceso democrático que todavía resiste, aunque ya en niveles de “patadas de ahogados”. Porque en  este pugilato de seudolídres no se disputan cambios de Gobierno o régimen sino la hegemonía de agrupaciones partidistas en el campo opositor; ya sea por la estrategia de los dos dedos (uno para mojarlo en tinta y el otro para que lo chupemos), o por la cándida acción de solicitarle al dictador que renuncie.

Hace rato que diversos articulistas vienen planteando la necesidad de transformar o eliminar la MUD (eliminar es lo más apropiado para quienes creemos que transformarla no es ampliarla) para dar paso a un frente opositor, lo más incluyente y representativo posible, que se ocupe no sólo de los procesos electorales sino también de lo que es necesario hacer para llegar a éstos en las mejores condiciones democráticas. La gracia de Capriles y López nos retrotrajo a los momentos pre unitarios; la MUD hizo mitosis,  y ahora contamos con dos MUD (MUD caprilista y MUD lopecista) y ninguna unidad.


Ha llegado el momento de aglutinar y organizar a los que quieren hacerle oposición al Gobierno pero sin aceptar una hegemonía partidista; a PJ, y a todo quien pretenda cobijarse con hegemonías partidistas, hay que echarles un para’o. A los estudiantes, obreros, académicos, profesionales, artistas, deportistas, militantes partidistas, y otros; hay que recordarles que han sido convocados a una mesa de unidad, no por su militancia sino por su gentilicio. Una composición tan variopinta ameritará una dirección colectiva que oiga a todos, pero que controle a los sordos anarquistas. Democracia en las decisiones, y disciplina en su seguimiento y cumplimiento.

martes, 6 de mayo de 2014

Acerca de la calidad educativa

El Gobierno realiza una consulta (mediante encuesta, consulta a expertos y estudios complementarios) a la comunidad educativa para que lo ayude a mejorar los aspectos curriculares y administrativos del sistema educativo que, por ellos así concebidos, sería lo mismo que dotar de calidad a la educación  venezolana. Algunos profesores invitados por el Gobierno se han incorporado muy entusiasmados a la consulta, pero otros la han rechazado por considerarla engañosa (más que mejorar busca legitimar) y que, en cuanto tal, sufriría la misma suerte de las consultas anteriores.
En lo personal considero que toda invitación del Gobierno debe ser atendida, e incluso, debe ser aprovechada para trabajar junto a aquel en el mejoramiento del quehacer escolar, aún en el marco de una dictadura como sucedió con Rubén González y Guevara Rojas, ministros de Instrucción del gomecismo, que mejoraron la instrucción pública de la época, en dictadura y sin pretensiones de calidad; algo similar puede hacerse en nuestra dictadura.
Sin embargo, es bueno tener presente que “lo mejor y lo de calidad” no son sinónimos; en este sentido un sistema educativo puede haber mejorado mucho pero no haber alcanzado los estándares mínimos de calidad; y, por otra parte, ciertos colegios tradicionales como Eton (Inglaterra), por ejemplo, no cambian su tradición, ni siquiera para mejorarla, porque ese es su inamovible sello de calidad.

Desde antes del 2007 Venezuela comenzó a negarse la posibilidad de una educación de calidad al descartar, y en algunos casos contrariar, los lineamientos que en materia de educación están contemplados en el Plan de la Nación 2001-2007. En ese plan, y en total concordancia con la Constitución de 1999, se establecen los principales parámetros que enmarcaban lo que pudo ser un sistema de educación de calidad que, básicamente, se cimentaba en dos pilares: democracia y meritocracia.

 Por lo contrario, el camino elegido, Plan de la Nación 2007-2013, descartó la meritocracia  y no prohijó la calidad del proceso revolucionario sino la permanencia en el poder a toda costa y a cualquier costo. Obviamente, la calidad en un proceso como este no sólo pierde relevancia sino que puede convertirse en un estorbo, como de hecho ocurrió con la educación venezolana durante el desarrollo de los planes 2007-2013 y lo que va del  Plan correspondiente al 2013-2019.

Paralelo a la consulta ya aludida se pretende evaluar la calidad de la educación mediante el análisis de los libros de textos (que ya se distribuyeron profusamente) y la Colección Bicentenaria.  Más allá de la ausencia de directrices para manejar los resultados de la evaluación de los libros de textos y la Colección Bicentenaria, confunde que el análisis sea hecho mediante un prorrateo de bondades y defectos en los materiales examinados. Así, hemos oído decir, por ejemplo, que el “culto a la personalidad” está presente, pero que no es tan exagerado como se alega. Una sola manifestación del culto a la personalidad sería exagerada para La Constitución y la Ley Orgánica de Educación, claro, si se estuviese pensando más en la calidad que en la propaganda del Psuv.

Si se quiere mejorar la educación se pueden acordar, o considerar, ciertas acciones entre Gobierno y oposición que logren la mejora institucional y burocrática de aquélla; ejemplo, debería considerarse la eliminación de las misiones educacionales, pues al hacerlas permanentes se reconoce la imposibilidad de institucionalizar el cumplimiento de la Misión; o la solución del problema de “ Las Tres Marías” (escasez de profesores de educación media para las asignaturas de Matemáticas, Biología y Química, y otras).


En este sentido, y a propósito de la Consulta que se ha emprendido, se han publicado algunos trabajos que proponen medidas inmediatas y concretas como las sugeridas por la profesora Nacarid Rodríguez (2-5-2014) en su trabajo: “Consideraciones acerca de la Consulta Nacional sobre la Calidad Educativa” que, en mi opinión, debería ser considerado para su conocimiento y discusión. Tales aportes no comprometerían a ninguna de las partes porque se harían en el marco de las responsabilidades del Estado Docente.

lunes, 28 de abril de 2014

Oposición sin capacidad de diálogo

El pretendido diálogo entre el Gobierno y una parte de la oposición, ni es tal ni puede contribuir al rescate de la democracia. Habrá verdadero diálogo cuando la ganancia de cada interlocutor dependa de la pérdida del otro, es decir, que de no hacerse el costo sería mayor al beneficio. El Gobierno está en su peor momento pues sólo los une el miedo a perder las prebendas políticas y materiales (legado) que el difunto les deparó; unidad chucuta, pero unidad; pero el pedazo de oposición está mucho peor, porque concurre sin el reconocimiento de la facción más activa en la calle, ni el respeto por el organismo (MUD) que los representa, en otras palabras, no exhibe ni una pizca de unidad. Su falta de unidad la condena a sólo perder.

¿Tiramos la toalla? Claro que no, pero hay que comenzar la construcción de una nueva unidad opositora que no esté partidizada (la MUD es un reducto de PJ); que sea incluyente (todo el que se oponga a la política del Gobierno será bien recibido),  y con una dirección colectiva (recordar que el conflicto que se inició el 12-2-2014 fue, y sigue siendo, una contienda entre líderes de PJ). Añádase a esto la aparición de un nuevo elemento opositor que para algunos efectos puede ser de los “buenos” y para otros ser de los “malos”. Me refiero a los estudiantes que, como dice Aveledo, son oposición pero se representan a sí mismos. Pasamos de una sequía opositora a un exceso anárquico de opositores “freelancer”.

Se aprobará lo que el Gobierno quiera y los organizadores de las protestas admitan; lo que apruebe la oposición oficialista no cuenta porque está sujeta a la consideración y aprobación de la disidencia opositora. Los “mudistas” quedarán entrampados: si acuerdan con el Gobierno quedarán mal frente al país; si rechazan lo que el Gobierno ofrece, quedarán mal frente al mundo.

¿Qué puede ofrecer el Gobierno que parezca ceder sin avanzar un milímetro? Una amnistía selectiva que libere algunos políticos, pero deje castigados a los líderes de la revuelta. El adecentamiento de los poderes públicos, así como el Plan de la Patria es materia constitucional que no se ventilará en estos “diálogos” sino en la calle, porque el Gobierno, en esto,  no cederá un ápice.


Las acciones de protesta languidecen sin que se vislumbre una salida honrosa y pragmática, de hecho, la otra “salida” que debía darnos esa satisfacción, murió al nacer. Pero estas escaramuzas nos dejan dos tareas que pueden alentar la esperanza de Pandora: la conquista de la calle (a pesar del despecho de Jorge Rodríguez) y la defenestración de la MUD, acción clave para quitar a este organismo el monopolio opositor. En ambos casos los estudiantes deben llevar la voz cantante porque son los menos partidizados, que no apolíticos, pero sin perseguir hegemonía alguna sobre la dirección colectiva que habrá de establecerse.

miércoles, 9 de abril de 2014

“Ciertas condiciones aplican”

Los cambios políticos acaecidos en los últimos años en los países árabes han logrado patentar un modus operandi para enfrentar dictaduras y gobiernos autoritarios de la región; y la fórmula ha sido tan exitosa que ya se ha exportado a Europa (Ucrania). Básicamente consiste en aprovechar un detonante que justifique una protesta de calle que sea lo suficientemente intensa para generar una represión desproporcionada por parte del gobierno, y tan extensa que en lo inmediato pueda ser sembrada como parte de la solución política que se adopte, aunque ésta no siempre sea inmediata (Siria).

En Venezuela se acaba de ensayar la fórmula porque se consideró que la acción del Gobierno estaba madura para proveer varios detonantes: un país arruinado (alta inflación y frecuentes devaluaciones) a pesar de los ingresos petroleros; que entrega su soberanía política a Cuba, la económica a China y la militar a la camarilla política en el poder; en la que el Ejecutivo ha conculcado los otros poderes públicos y viola reiteradamente la Constitución; y una hipercorrupción dolarizada. Entonces, ¿por qué si los detonantes valen para todo el país, sólo la mitad de él reacciona positivamente ante la protesta que ahora languidece sin encontrar la “salida” que ella misma propuso e impuso?

Nos luce que los líderes opositores (no sólo los que fracasaron ahora, sino los que tienen quince años haciéndolo) sólo han leído la parte superior de la primera página del folleto de promoción, y no se han percatado que para Venezuela, en nota al pie y letra chiquita, se puntualizan “Ciertas Condiciones que Aplican” para que la aventura tenga la posibilidad de ser exitosa:

  1.       Asegurarse que la oposición está realmente unida. La unidad con base en los partidos políticos no es verdadera porque los intereses partidistas privan sobre los nacionales; como sucede actualmente con PJ, cuyos intereses privan sobre todo lo demás y por eso persigue la hegemonía partidista dentro de la mesa. La unidad partidizada es excluyente.
  2.            Que la oposición esté comprometida con un mismo propósito. Por ejemplo, en las últimas protestas no estaba claro si se quería que el Gobierno cambiara o un cambio de Gobierno. A la postre, ambas posiciones fracasaron. Quienes pretenden que la dictadura cambie sin presionarla; y los que quieren derrocarla sin saber ni tener cómo.
  3.       La oposición debe asegurarse de ser mayoría, y esto no sólo se alcanza por vía electoral, especialmente cuando se lidia con una dictadura.  Actualmente la oposición es mayoría en la calle, pero no puede usufructuar ese capital porque carece de una conducción que sea reconocida y aceptada. En la mayoría deben estar representados todos los estratos sociales.
  4.             La oposición debe contar con una dirección colectiva. Este es el mejor mecanismo para evitar el caudillismo y un liderazgo partidista como sucede actualmente con PJ que se preocupa más por su proyecto particular, que por los efectos de la dictadura que sufrimos. Ningún opositor puede estar por encima de la unidad; aunque puede estar fuera de ella.
  5.             La oposición debe dedicar todo el esfuerzo posible para granjearse el apoyo de la opinión internacional, a pesar de que en América Latina la mayoría de los gobernantes que han recibido ayuda económica de Venezuela son reacios a entender que la gratitud debe ser con el pueblo, no con los gobernantes; en todo caso, los países tienen ex gobernantes y personalidades muy relevantes que no le adeudan petróleo a la dictadura chavista.


Las condiciones del 2 al 5 pueden presentar matices en y para su consecución; ¡pero la primera no! O nos unimos por encima de los partidos políticos, o vegetamos con PJ.


César Villarroel Castillo

domingo, 30 de marzo de 2014

Primero Justicia vs Primero Justicia

En El Universal del 30-3-2014 Luis V. León publicó un interesante artículo titulado: “¿Cambio del Gobierno o de Gobierno?” en el que establece una confrontación entre dos facciones (clúster) de la oposición: “una que tiene por objeto presionar al Gobierno para negociar cambios estructurales”, y otra que es “naive, colaboracionista o ambos”. Tenemos observaciones a estas caracterizaciones tan sesgadas del señor León.

Nos luce que su bosquejo favorece al liderazgo y estrategia de la MUD y de  Capriles; pues bien, cuando vean a la MUD y su candidato presionar al Gobierno para negociar cambios estructurales nos avisan porque será un acontecimiento. De hecho, los acontecimientos del 12-2-2014 se precipitan porque la mayoría de la oposición decidió competir por la calle en contra de Capriles y su estrategia soporífera. La pretensión de volver a la misma no solo es errónea sino vergonzosa. Por eso resulta absurdo acusar de colaboracionista a López y Machado; es Capriles quien es, y debe ser, historia.

¿Por qué la facción naive no aprovechó el torpe manejo de la situación por parte del Gobierno? Porque no era tan naive; de hecho, tenía una agenda oculta que entre lo más sencillo de sus peticiones incluía la cabeza de Maduro. Esto generó una confusión que hizo posible que el Gobierno jugara su mejor carta: la guarimba violenta y anárquica. En este sentido, no hay que olvidar que los primeros muertos (12-2-2014) los puso y los mató el oficialismo para culpar a una oposición que, secretamente, también buscaba eso. Nos sonsacaron con una “salida”, pero solo cambiaron la combinación de la cerradura.

Curiosamente,  en esta escaramuza política la contienda se da entre liderazgos de una misma cepa: Primero Justicia. Esta agrupación política ha sido el partido madre de la MUD, tanto, que durante la realización de las primarias de la oposición, en la misma noche en que fueron evaluados los méritos de los candidatos, Leopoldo López declinó su candidatura en favor de Capriles por temor a que resucitaran la inhabilitación que pendía sobre su cabeza. Desde ese momento la MUD fue controlada por PJ que trabajó, y trabaja, para que uno de los suyos sea el próximo Presidente de Venezuela.


Lo anterior no es criticable si  no fuera por la circunstancia de que estamos padeciendo una dictadura que nos exige centrarnos en la derrota del régimen y no en el desarrollo político de algunos de los líderes. Después que esto pase, López se convertirá en el líder indiscutible de los guarimberos violentos porque acepta sin criticar sus desmanes; pero ser líder de la oposición es otra cosa, y creo que López con su actitud de ahora se ha alejado mucho de esa posibilidad. Como refiere La Razón en su edición del 30-3-2014: “Capriles, Machado y López (y la MUD) son los sepultureros de la Mesa de la Unidad Democrática”