lunes, 30 de junio de 2014

Hay que pedirle la renuncia

El Gobierno y la oposición tienen dos cosas en común: el fracaso de sus respectivas gestiones y la renuencia a reconocerlo y admitirlo. En el Gobierno, a pesar del desastre que revelan los indicadores económicos y políticos, no dudan en calificar de exitosa la gestión gubernamental de los últimos tres lustros. La oposición, por su parte, ha conformado una diáspora oposicionista que comenzó por aglutinar (no unir) a diferentes partidos políticos para terminar, actualmente, con la pugna de dos facciones del partido que ejerce la hegemonía en el organismo opositor y, por supuesto, cada facción culpa a la otra, con lo cual ambas se consideran exitosas. 

Asumamos que en ambos casos se reconoce el fracaso pero no se admite; la pregunta obligada es, ¿por qué? En el caso del Gobierno tal reconocimiento supondría admitir la culpabilidad del principal responsable: Hugo Chávez, con lo cual el legado dejado por éste se convierte en un anti valor; en otras palabras, de admitirse tal responsabilidad la Revolución Bolivariana expiraría formalmente, ya que de hecho ya se dio. ¿Se puede responsabilizar a Chávez sin qué la leyenda se resienta? Sí, con una autocrítica post morten que haga aflorar los testículos que se escondieron mientras el “gigante” vivía.

La oposición fracasó rotundamente, pero no la MUD. Ésta logró su propósito: organizar y desarrollar una hegemonía partidista opositora. Han sido tan eficientes en esa tarea que actualmente las fuerzas políticas que se disputan el control de la oposición provienen de una misma agrupación política partidista: Primero Justicia. En este sentido debe recordarse que cuando se hicieron las primarias para elegir al candidato opositor a la presidencia de la República, Capriles y López unieron sus capitales electorales para asegurar el liderato opositor dentro de la MUD. ¿Cómo frenar este monopolio opositor de PJ? Creando una unidad nacional  que supere la hegemonía partidista. Urge, para quienes no nos chupamos el dedo, crear un Frente Nacional Unitario en donde los partidos sean unos más entre sus pares.

Hay que pedir la renuncia a la directiva de la MUD, no sólo por lo que ya se adujo en los párrafos anteriores, sino porque este organismo carece de legitimidad porque usurpa la representación política de la oposición. En efecto, la MUD se crea para organizar las candidaturas electorales opositoras, dada la infraestructura organizacional partidista ya existente; pero en ningún momento se le atribuye la potestad de orientar la política de la oposición; tanto más si se toma en cuenta que la estrategia propuesta por la MUD a tales efectos consistía en adormecer a la oposición y despertarla un mes antes de la elección correspondiente. ¿Quién otorgó a este organismo tal facultad? Nadie, de ahí que la consideremos usurpadora.


La MUD ha fallado en su pertinencia y eficiencia. En lo primero porque se atribuye responsabilidades que no le competen, como es orientar y administrar el actual acontecer político de la oposición; y lo segundo, porque la actual lucha de este organismo es consigo mismo, es decir, su principal preocupación es un pleito de familia que el Gobierno observa con total beneplácito. La renuncia de la directiva de la MUD no es sólo un trámite administrativo sino un imperativo moral.  Bien, ¿pero quién se encargaría de las responsabilidades electorales de la oposición? Ella misma, mediante una unidad nacional. Las recientes elecciones de las alcaldesas de San Cristóbal y San Diego nos dieron una lección: no se votó por partidos, sino por convicción ciudadana; antes, sin embargo, hay que pedirle la renuncia a la directiva de la MUD. Que devuelvan lo que nunca tuvieron: el liderazgo opositor.

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