lunes, 8 de diciembre de 2014

Magnicidio a lo chavista, o el déjà vu permanente

El déjà vu, esa percepción o reconocimiento de lo ya vivido aunque no haya acaecido es un fenómeno bastante frecuente, pero que en el caso del gobierno bolivariano ha adquirido carta de nacionalidad dada su recurrencia, negatividad y capacidad predictiva. Por ejemplo, cada cierto tiempo el Presidente de turno recurre a unas leyes habilitantes que sabemos no serán pertinentes, tardíamente “aprobadas” e innecesariamente violadas durante el parto, pero que mantienen el formato; o cuando se espera sincerar los precios y se instrumentan operativos con largos trasnochos y colas que logran vaciar los anaqueles de DAKA y otras tiendas hasta el próximo año (2015) en vísperas de elecciones o navidades; o cuando amenazan con pulverizar al dólar paralelo, señal inequívoca de que el bolívar será oficial y severamente devaluado.

Pero de estos déjà vu gobierneros muchos se transforman, y hasta se renuevan; sólo uno ha sobrevivido a su progenitor debido a que éste murió pero siguió mandando, inaugurándose el magnicidio a lo chavista. En efecto, su padre fue Chávez quien, en honor a la verdad, se lo “fusiló” a Fidel. Durante los gobiernos de Chávez no hubo año en que éste no denunciara un supuesto plan de magnicidio que,  invariablemente, se gestaba en los Estados Unidos y se instrumentaría en Venezuela por los oligarcas nativos; más recientemente los complotados hacían una escala en Colombia para “uribizar” el plan y  retirar los viáticos. Ni una prueba, mucho menos un preso; salvo la amenaza apocalíptica si algo se concretara; el de Sabaneta siempre se creyó un segundo Gaitán. Magnicidio “light” que cada año se presentaba como para dar fe de vida.

En el madurismo se mantiene la amenaza del magnicidio, pero no con sus propósitos clásicos: cohesionar e inspirar a los sectores oficialistas; ahora el magnicidio es utilizado para meter en la cárcel  a políticos opositores mediante el chisme cibernético. Antes nos sonreíamos burlonamente ante la flota de aviones que había descubierto José Vicente, y con la cual paisas y cachacos pensaban invadir al país; pero tuvimos que fruncir el ceño cuando se nos dijo que con base en cuatro “twitter” y un video de internet se podrían fabricar las “pruebas” para mandar a la cárcel a los opositores incómodos; y esto no tiene gracia. Al  Gobierno le ocurre como en la sesión de chistes numerados, en la que basta  mencionar un número  para provocar hilaridad; excepto cuando se menciona un número y nadie ríe porque quien lo mencionó “no tiene gracia pa’ contar chistes”. Hace rato que el pueblo no le ríe los chistes al  Gobierno porque no los sabe contar; no provocan hilaridad sino terror.


Si el gobierno de Maduro pretende hacer de la represión su carta de presentación, debería dejar a un lado eufemismos y máscaras y transitarla “por la calle del medio”, como lo hiciera el caudillo cuando condenó a la jueza Afiuni a “cadena perpetua” sin temblarle el pulso ni rendir cuentas a nadie; así al menos sabríamos a que atenernos. Sin embargo no ha sido así, la irresponsable acusación de magnicidio (no especificaron el grado: intención, deseo o frustración) contra María Corina Machado no les ha permitido montar un caso de Magnicidio, salvo por la muerte del  tedio, única víctima, por ahora, de este sainete mal montado.

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