lunes, 13 de octubre de 2014

Sí a la Constituyente, siempre que…

a)      La oposición logre, primero, una unidad nacional. Una unidad nacional no es anti partido, pero nunca debería ser de partido como ocurre actualmente con la MUD. Una unidad nacional no convoca con base en la militancia sino en el gentilicio; todo militante es venezolano, pero no todo venezolano es militante y, por eso, estos últimos nunca podrán ser ni hacer la mayoría opositora. Esto no significa que todo venezolano opositor esté de acuerdo con la unidad nacional y quiera participar de ella y en ella. Hay muchos así, escépticos por experiencia  y abstencionistas por costumbre, ellos son los militantes del desencanto a quienes la unidad nacional debe atender prioritariamente.

b)      La Unidad Nacional sea el candidato de la oposición durante las elecciones del 2015.  No debe haber una Unidad Nacional y una diáspora de candidaturas. Es lo que ha venido ocurriendo con la MUD y las elecciones corporativas, en las cuales los partidos políticos han asumido el protagonismo y, en consecuencia, actúan en función de sus intereses; de ahí que acepten, sin chistar, la discriminación de las minorías al violar el artículo 63 de la Constitución sobre la proporcionalidad electoral. Por eso, y mientras persista la contingencia de la dictadura, la Unidad Nacional deberá ser con candidatos de tarjeta única, seleccionados en procesos de elección primaria y que respeten la proporcionalidad.

c)   En las elecciones del 2015 la Unidad Nacional debe intentar ganar la elección aunque no gane la AN. Debe intensificarse una campaña que haga ver a los electores de las comunidades en las que la oposición ha exhibido mayor debilidad, que con su voto se puede ganar en toda Venezuela aunque pierda en su entidad electoral.  De ahí que el voto que está emitiendo es un voto político y nacional que va mucho más allá de las reivindicaciones económicas. Si se logra una votación general  holgada y mayor que la oficialista, entonces, y sólo entonces, se estarían contabilizando los primeros votos para la nueva Constituyente.

Lo que planteamos es que todo proceso para restaurar la democracia mediante un cambio de gobierno, sea Constituyente o cualquier otro,  implica, inevitablemente, que la oposición demuestre ser mayoría de hecho o de derecho; si no lo demuestran todas las iniciativas estarán condenadas al fracaso. Demostrar ser mayoría es el preámbulo de cualquier lucha contra una dictadura; si en la oposición venezolana se acepta esa premisa, es hora de que vaya pensando cómo instrumentarla.

El cambio que acaba de ocurrir en la MUD podría ser el punto de partida; hasta ahora ha sido cosmético, pero podría adquirir relevancia y trascendencia si se le encarga al nuevo secretario general la responsabilidad de transformar la MUD, es decir, de construir la Unidad Nacional. Si la oposición pierde las elecciones del 2015, la bandera de una nueva Constituyente pasará a las manos del oficialismo.


Tal como están las cosas esta propuesta resulta poco factible,  casi utópica, pero no inviable; sobre todo si se toma en cuenta que una unidad nacional de la oposición es la única forma de fortalecerla para los períodos de contingencia y transición que se avecinan. En todo caso, los bemoles de esta y otras propuestas deberían ventilarse amplia y profundamente y no conformarnos con “vocerías, ¿o bolserías?, coyunturales”. 

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