jueves, 18 de abril de 2013

Derrota agridulce


En la elección presidencial ocurrida el 14-4-2013 los resultados (según el  CNE) dieron como ganador al candidato oficialista pero, en una consecuencia sobrevenida, beneficiaron al candidato opositor; éste remontó en muy poco tiempo la cuesta de las encuestas, al punto de que alcanzó un empate técnico (la diferencia no luce estadísticamente significativa) y ha logrado cuestionar el triunfo de Maduro. La inversión de los estados de ánimo ha sido tal, que algunos chavistas (Gómez Muñoz, Aporrea 15-4-2013) han calificado el hecho: “como la primera victoria con un desagradable y auténtico sabor a derrota”; y un opositor (Rubén de Mayo, El Universal, 18-4-2013) como “linda derrota”.

Pero lo que más afecta a los chavistas es que el incremento del candidato opositor (más de 700.000 votos) proviene, casi en su totalidad, de una deserción chavista. Para Capriles, en una interpretación un tanto ingenua, este es un contingente que él logró atraer hacia el redil opositor;  ¿qué les puede haber  ofrecido Capriles a gente del Psuv, PCV, PPT y MEP para sonsacar exitosamente a algunos de sus militantes?,  nada, porque esos grupos políticos (Polo Patriótico), al menos en sus orígenes, presentan un alto grado de ideologización, por tanto son resistentes a las  promesas del  neoliberalismo  y sus parientes. Entonces, ¿por qué votaron por Capriles?, porque éste fue el medio para atacar a Maduro, a quien una parte del Polo Patriótico (se exceptúan el Psuv y PODEMOS) pretendieron, y lograron, echarle una vaina.

En efecto, Capriles incrementa su votación con relación a la elección del 7-10-2012, en más de 700.000 votos. ¿Votantes nuevos?, no, porque se utilizó el padrón del 2012; sin embargo, es fácil encontrar esos desertores chavistas en las pérdidas del Polo Patriótico; así, entre el Psuv, sólo 3%, PCV 42%, PPT 47% y MEP 50% perdieron 605.321 votos con relación a octubre de 2012. Si se suman las pérdidas de una miscelánea de partidos menores del Polo Patriótico (CR, IPC, UPV e IVCR) se registra una pérdida total de 710.923, cantidad similar a la que refleja el crecimiento del voto opositor.  La disidencia chavista se la cobró a Maduro, funcionó un voto castigo en su contra, aunque él no sea el único culpable: los Castro lo recomendaron y Chávez lo impuso.

Con base en lo anterior es dable distinguir nuevas realidades políticas. El fin de la hegemonía chavista,  que se hará más débil en la medida en que aumente la represión “madurista”. Una oposición que logró hacer realidad la unidad nacional incluyente al haber incorporado a una parte del chavismo, y que exhibe una fuerte musculatura política que le proporciona el ser mayoría en los estados más densamente poblados. Por su parte, el sector oficialista se muestra fraccionado, con muchos grupos (cubanos, familiares, plutócratas, militares, burócratas, bufones mercenarios que, nos imaginamos, tendrán que regresar los anticipos) esperando el reparto de prebendas y dádivas. Afortunadamente, en este sector también hay quien se pregunta qué pasó con la revolución; un tema sobre el cual tirios y troyanos deberían conversar.

César Villarroel Castillo

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