domingo, 13 de septiembre de 2015

¿Cinismo y guachafita?

Las interrogantes anteriores parecen las más pertinentes para juzgar las siguientes declaraciones del Vicepresidente de la república: “Tenemos años pidiéndole a Colombia que revise su política monetaria” Y aunque el contexto de tales declaraciones  refiere al manejo y consideración de la moneda venezolana en territorio colombiano, no deja de ser una arrogancia de un alto funcionario que, en términos de política monetaria, exhibe como logro más relevante de su gobierno el haber dilapidado la riqueza del país durante la mayor bonanza de precios petroleros que conozca nuestra historia. Con base en lo anterior, ¿cómo se atreve el populismo chavista  a dar consejos y lecciones en política monetaria?   

En la explicación de este  absurdo caben dos posibilidades: primero, un cinismo superlativo, ese señor se burla de los venezolanos y confía en que no nos daremos cuenta. El Bolívar que nació pretendidamente fuerte (4,30 por dólar) ahora se cotiza  a cuatro precios: 6,30; 13,50; 200; y el  llamado negro o paralelo que ya ha alcanzado la barrera de los 700. Esos instrumentos en un marco de política monetaria, generaron un proceso de corrupción que solicita al Estado dólares a 6,30 y los revende a 200 y hasta 700 en el mercado negro, y con total impunidad (Giordani, dixit) ¿Será ésta la política que Arreaza está reclamando a Colombia? Pero lo más grave es que este deterioro del signo monetario venezolano se dio, hasta 2014, con un barril de petróleo que superó los 100 dólares y, sin embargo, generó una inflación cercana a un 200%. Despelote con toda la significación del término.

 Segundo, estas declaraciones se enmarcan en la curiosa diplomacia venezolana que en la mañana le “mienta la madre” al  funcionario extranjero (escatología matutina) y en la tarde extiende su brazo y una invitación al mismo funcionario para bailar juntos la “Pollera colorá”. Cinismo en el desayuno y guachafita en el almuerzo.

La oposición venezolana, cualquiera que ella sea, no debería distraerse con estos potes de humo; tiene que asegurarse que en lo que resta para el 6-D todo voto del descontento opositor sea uno que golpee al gobierno de Maduro.   Para ello la oposición debe ganar en cualquiera de los siguientes escenarios: en el volumen de curules conquistados y en una votación nacional mayoritaria. La mayoría de curules no es fácil de alcanzar porque ya existen leyes que garantizan el ventajismo oficialista y, además, porque la misma oposición (más bien la MUD) no logró cuajar la Unidad Nacional. Sin embargo, un simple aumento de los curules en el sector opositor ya puede considerarse una derrota del ventajismo dictatorial. No creemos en milagros pero sí en utopías razonadas y demostrables. Hay que intentarlo porque el voto utópico por el curul será la realidad en el voto nacional.  


La votación mayoritaria  en el nivel nacional favorecería, según las encuestas,  a los opositores. Este voto nacional no puede ser escamoteado ni invisibilizado como ocurre actualmente. De hecho, la votación nacional puede considerarse un plebiscito contra Maduro. Por eso vemos con preocupación que se estén inventando, ante el “no me gusta ninguno”, votos anárquicos como el voto nulo o en blanco. Si verdaderamente estás en contra del Gobierno, entonces los votos nulos o en blanco no son opciones porque no podrían contabilizarse contra el actual gobierno. No se trata de votar por alguien que me guste, sino por quien te asegure que tu voz de protesta será oída y contabilizada, es decir, por quien te disguste menos y ayude a derrotar a Maduro. Una avalancha de votos en el nivel nacional sería la estocada final para la dictadura madurista.

No hay comentarios:

Publicar un comentario