viernes, 19 de julio de 2013

Del conflicto universitario y su naturaleza

Hay consenso acerca del carácter político del conflicto universitario, porque Gobierno y oposición consideran que la realidad gremial y reivindicativa ha sido superada por las implicaciones ideológicas del modelo universitario que se propone (el socialista) y el ámbito nacional en el que se enmarca. No sólo se pretende cambiar la Universidad sino al país; y todo ello al margen o en abierta oposición a la letra y espíritu de la Constitución de 1999. Que el partido de Gobierno  pretenda y bregue por la consecución de ese cambio es su derecho y deber; lo que sí es incongruente es que la oposición acepte la gravedad política de la situación y su dimensión nacional, pero la trate como un problema gremial y académico. 

 ¿Por qué no se consulta ni se toma en cuenta a los 7 millones y “pico” que no están de acuerdo ni con la universidad ni el país de Maduro? ¿Se aceptará sin chistar una propuesta universitaria que ignora y lesiona a la Venezuela no chavista?; ¿por qué se obstaculiza la unidad nacional de la oposición?; ¿por qué se rechaza la colaboración de los no universitarios, como ocurrió durante la marcha estudiantil?; ¿por qué la oposición sigue sin oponerse a los desmanes del Gobierno?

La oposición debe hacer suyo el problema universitario, pero no bajo la dirección de la MUD; la respuesta a las pretensiones chavistas  de Maduro y Calzadilla debe darla un frente nacional en defensa de la Universidad y el país. Es necesario y urgente constituirlo como la única trinchera que puede frenar los abusos del chavismo que, pese a la Providencia, sigue en plan hegemónico. Las elecciones del 8-D son una oportunidad extraordinaria para constituirlo: admite una tarjeta única e inclusiva que minimiza los efectos negativos de la intervención partidista, y no admite (o no debería admitir) liderazgos nacionales ni partidistas.

Los votos que se emitan en respaldo de la tarjeta única seguirán, después de contarse, siendo propiedad de la gente que respaldó la tarjeta única; sin embargo, no ocurre así durante las elecciones presidenciales o de gobernadores porque los candidatos a tales (ganen o pierdan) tienden a apropiarse de los votos obtenidos por su candidatura y los convierten en su capital político y electoral.


Chávez y Capriles han sido los ejemplos más recientes, pero con una gran diferencia: mientras el primero si era propietario de esos votos porque los votantes chavistas sólo eran “testaferros electorales” del caudillo; el segundo, en cambio, no es dueño de nada porque su liderazgo fue, y es, negociado. Capriles pretende ser vocero, ideólogo, estratega y, por supuesto, candidato eterno de la oposición; pero estamos cansados, no sólo de los candidatos eternos, sino de la eterna política de la oposición. ¡MUD, te sale cambiar!

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